martes, 12 de abril de 2016

BERNARDINO DE ICAZA Y MURRIETA (1828-1878)



Este portugalujo que acaba de publicar el periódico enportugalete.com apareció ya en el primer libro de la Colección El mareómetro, dedicado a la guerra carlista.
Últimamente uno de sus descendientes Jorge Icaza, nos ha enviado información familiar en la que se incluye el retrato al óleo que recogemos junto a estas líneas.
Igualmente en la Biblioteca Digital Portugaluja, (Pinchar para ver) disponemos del trabajo de Jaime Villaluenga, Confrontación de poderes: Estado, provincia y municipios en el Bajo Nervión (1840-1875). En él, que comprende los años entre las dos guerras carlistas, trata de explicar cuál fue la evolución del poder municipal vizcaíno, dentro del estrecho margen de maniobra que le permitían los otros dos poderes en liza: la Diputación y el Gobierno. Este último intentaba imponer su modelo de Estado liberal, pero los dirigentes vizcaínos respondían con el foral. Y para su análisis nuestro amigo ha escogido Portugalete, que ya ha estudiado en otros trabajos suyos, y Barakaldo.
De la página 100 de este libro, reproducimos lo que indica de este personaje que hoy presentamos:
Tabernero de profesión. En el año 1847 se le clasificaba como mayor pudiente, con una contribución de 47 reales en las listas para el culto y clero, lo que le permitía ser consultado en las decisiones municipales. Esta clasificación se mantuvo hasta 1860 y a partir de 1862 ascendió hasta la cantidad de 53 reales.
Su primer cargo en favor de la comunidad consistió en formar parte de la nueva Junta de Sanidad Local, en junio de 1855, para cubrir las vacantes producidas por el abandono de la villa de los miembros de la anterior junta debido al cólera asiático. Hasta 1860 no volvemos a tener noticias de Bernardino, fecha en la que el ayuntamiento le permitió vender vinos en su establecimiento a cambio de abonar al rematante municipal de este producto la cantidad de 3 reales por cántara. A Bernardino no debió parecerle mal la medida porque durante los años 1862, 1863 y 1864 prefirió que el abastecimiento en villa de carnes frescas y el vino de pasto común se realizase de forma exclusiva.
En agosto de 1873 salió elegido concejal, pero la situación de la villa no le animó a aceptar el puesto. A los pocos días cambió de opinión y fue elegido teniente alcalde. Su mandato trascurrió durante el asedio carlista y, posteriormente, tras la recuperación de la villa.
Durante la primera etapa accedió a la alcaldía después de la destitución de Manuel Otaduy por parte del comandante Quijada. En esta fase destacó por su labor de asistencia al ejército sitiado y por el intento de que a la población no le faltasen los suministros.
Su cese se produjo cuando la Diputación a Guerra indicó desde Durango que se procediera a la creación de un ayuntamiento foral.
En mayo de 1874 se volvió a reponer el ayuntamiento anterior. Entonces juraron el cargo concejales que no lo habían hecho durante el asedio por haber pretextado enfermedad.
Durante esta segunda fase la consecución de recursos económicos centró la mayor parte de su atención. Los suministros a la guarnición seguían siendo prioritarios y esto llevaba tanto recargar los artículos de consumo como soportar a la guarnición alojada en casas particulares. En cuanto se fue normalizando la situación se redujeron los impuestos, porque, además de impopulares, resultaban de dudosa rentabilidad debido al contrabando.

Para conseguir la normalidad era vital que disminuyeran las exigencias del ejército que estaba ahogando económicamente a la villa. Los notables portugalujos se entrevistaron con las autoridades militares para solicitar que suspendieran sus demandas. Aunque esta pretensión no tuvo buena acogida en un principio, sí fue atendida a partir de febrero de 1875 cuando el Gobernador Militar suprimió la obligación de que la población civil racionara a las tropas.

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