El periódico enportugalete.com
nos ofrece este mes su ficha nº 193 dedicada a personajes portugalujos, en este
caso al recordado PERIKO SOLABARRIA.
Nacido en la calle
Santa María, hijo de un trabajador de Altos Hornos procedente de Gallarta, le
tocó vivir la guerra civil siendo su casa una de las destruidas por los
bombardeos.
Estudió en las escuelas
de los Padres Agustinos y de la mano de Monseñor
Chopitea ingresó con 11 años en el seminario, del que salió ordenado
sacerdote con 24 años.
Destinado a los barrios
de Triano y Las Calizas, tomó contacto directo con la miseria y la explotación
que envolvían el trabajo en la mina. Dedicado por entero a aquella gente a los
que daba todo lo que tenía, ya fuera ropa o comida, les impartía más clases que
misas, y trabajaba como ellos logrando que obtuvieran mejoras tan básicas como
la luz eléctrica. Las pésimas condiciones de vida le hicieron enfermar por lo
que en 1963 fue trasladado a una parroquia de Baracaldo.
Aquí compaginó su labor
eclesiástica con el desempeño de un puesto de trabajo de peón, convirtiéndose
en uno de los primeros curas obreros del Estado Español.
El contacto con jóvenes
de ETA a los que refugió en su propio hogar le llevó a comisaría en siete
ocasiones y a la cárcel de Zamora en otras dos. En 1981, fue detenido también
por su participación en los actos de protesta contra la visita del rey a la Casa
de Juntas de Gernika.
Con la llegada de la
democracia, pasó por diferentes cargos políticos de la izquierda abertzale como
diputado en las Cortes de Madrid, concejal en el Ayuntamiento de Barakaldo,
diputado en las Juntas Generales de Bizkaia y miembro de la Mesa Nacional de Herri
Batasuna. Pero sin duda, su paso más decisivo fue el distanciamiento de la
Iglesia. Lo hizo lenta y discretamente hasta que un buen día me encontré viviendo con mi compañera Begona. Fruto de
esa relación, Periko tuvo tres hijos.

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