Este grabado, un fragmento del proyecto original de puente movible diseñado por Alberto de Palacio, nos sirve de marco para ilustrar la intensa actividad de la ría y los conflictos marítimos surgidos a finales del siglo XIX. Este contexto histórico cobra vida gracias a una entrada publicada en el blog LA VIDA PASA de nuestro buen amigo Aurelio Gutiérrez, titulada La libertad de practicaje en 1884.
Las investigaciones de Aurelio en torno a la historia compartida de Santurtzi y Portugalete merecen todo nuestro reconocimiento. Afortunadamente, desestimó su idea inicial de cerrar la bitácora y sigue al pie del cañón, una labor divulgativa que esperamos que continúe durante muchos años. Desde aquí recomendamos la consulta de su blog, del cual nos haremos eco periódicamente de forma resumida, invitando siempre a los lectores a acudir a sus textos originales, donde reside el verdadero rigor documental.
La próxima semana recogeremos nuevas aportaciones suyas. En cuanto a la historia que nos ocupa hoy, la sintetizamos de la siguiente manera:
En abril de 1884, las aguas de la Ría
bajaban revueltas. Una nueva y absurda normativa del Ministerio de Marina, que
imponía un estricto sistema de turnos para los prácticos, desató graves
enfrentamientos entre los marineros de Portugalete y Santurtzi, lo que culminó
con 25 santurtziarras detenidos que posteriormente fueron liberados.
El problema era evidente: la burocracia chocaba con la dura
realidad del mar. La obligación de esperar el turno retrasaba enormemente la
salida de los prácticos, dejando desatendidos y en peligro a los buques que se
acercaban a la barra que ya tenía un frenético movimiento. Para colmo, se
obligaba a los marineros a realizar este servicio en peligrosas lanchas
abiertas, un capricho institucional que costaba vidas.
Ante este
despropósito, comerciantes, navieros y marinos mercantes se reunieron en Bilbao
con las Cofradías de Portugalete y Santurtzi. Dejando a un lado cualquier
rencilla, todos cerraron filas con un objetivo común: plantarse ante el
Ministerio y exigir la "libertad de practicaje". Pedían poder salir a
ofrecer sus servicios a la distancia que considerasen necesaria, tal y como ya
se hacía en Inglaterra, priorizando la seguridad real de los barcos frente al
ciego afán reglamentador de las autoridades.

Muy buenas aportaciones de Aurelio de nuestros pueblos, sus costumbres y sucedidos. Eskerrik asko Aurelio, esperamos y agradecemos tus estudios.
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