jueves, 8 de diciembre de 2022

EL TRANVÍA: SEMÁFOROS Y CAMBIOS

 


Como creo que es un tema inédito, las siguientes líneas son el resultado de múltiples consultas.
 Los semáforos, según nos ha relatado Juanjo del Horno, marcaban verde o rojo y se accionaban mecánicamente mediante unos interruptores colocados en la catenaria, que tenían la forma de aquellos antiguos secantes de escritorio, siendo accionados por el trole al pasar. Cuando un tranvía entraba en el apartadero de General Castaños, debía esperar la llegada del que venía en sentido contrario (pongamos de Santurtzi) que habría mandado la orden de poner el semáforo de General Castaños en rojo al abandonar su apartadero o “cambio” frente a la casa de Goyarzu que a partir de su instalación era apodada como “la casa del cambio”.
Un apartadero similar lo hubo en 1896 junto a las cocheras situadas en la parte superior de la finca de Martínez Rivas en Abaro y es muy posible que luego se trasladara al punto citado.
Una vez llegado a Portugalete, el trole tocaría el interruptor y el semáforo se pondría en verde permitiendo la salida de la unidad con destino a Santurtzi. Del mismo modo operaba con el que venía de Azeta, que tenía su apartadero frente al Colegio del Carmen (plano 1891) o frente a las canteras cercanas al colegio (plano 1951).
Juanjo nos relata una de las muchas trastadas de aquellos años, que consistía en acertar de una pedrada al “secante”, provocando el cambio de color en el semáforo con la consiguiente persecución por parte del cobrador del tranvía, dado el peligro que generaba la pedrada. En el detalle de la fotografía de David Juarrero (h. 1943), frente a la casa de Zugasti, se aprecian dos piezas en la catenaria que Juanjo identifica como los interruptores con forma de “secantes”.
Según nos han relatado Juanjo del Horno y Manu Orbe, ellos recuerdan el “cruce” de la casa Goyarzu en Santurtzi, éste de General Castaños y el de la curva sobre la estación de la Canilla, otro, en Urbinaga (Sestao) frente a la Escuela de Aprendices de AHV, ya en Barakaldo había uno frente al edificio Ilgner y otro, debajo del Grupo Mendia, entre Lutxana y Burtzeña, además de otro en la zona de las cocheras y de la primitiva Central Eléctrica de la Compañía Vizcaina de Electricidad, que luego usó TUGBSA para sus autobuses.

JOSE LUIS GARAIZABAL

Fotografías:
 Manu Orbe, David Juarrero (1943)
blog Santurtzi Historian Zehar (1940)
 y Fundación El Abra



 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

LA CALLE DE LAS VIAS, GENERAL CASTAÑOS, HACIA 1950 DE A. ZORRAQUIN

 


El archivo de Andrés Zorraquin sigue poniendo autor a muchas fotografías que distintos coleccionistas nos han transmitido y que nosotros hemos usado en diversas publicaciones. Es el caso de ésta, que nos muestra con más calidad la primera parte de General Castaños, en la segunda mitad de la década de los cuarenta o comienzos de los cincuenta del siglo pasado, realizada desde la “casa de Chapa”.
La fotografía nos muestra un día de labor, seguramente en época invernal, pues todos van con abrigos y gabardinas.
A mí, a primera vista, lo que más me llamó la atención en la foto, fue el tranvía parado en medio de la calle mientras los pasajeros suben y bajan de él, y el doble trazado del tranvía, debido a que este punto era uno de los once del trayecto en el que se realizaba el cruce de unidades, al ser el trayecto de vía única. Un semáforo, colocado a la altura de las escaleras del bar El Metro, sobre un poste pintado a franjas blancas y negras, controlaba el paso de los tranvías. Otro se ve en la acera izquierda antes del cruce con la “carretera nueva” que oficialmente desde 1938 se llama Avenida de Carlos VII.
Aquellos ruidosos tranvías amarillos circularon durante 63 años y pico, realizando su último viaje el 6 de Octubre de 1959, siendo sustituidos por autobuses.
También llama la atención la ausencia de tráfico con solo dos camiones, un solitario coche y la camioneta de José Velar, el lechero de la calle del Medio, cargada hasta la puerta con sus cacharras de leche. Junto a ella, el muro de contención que se levantó a lo largo de la casa del Banco Vizcaya (1944) en sustitución del antiguo pretil entre los árboles, apareciendo en primer plano, a la derecha, su escudo esquinero con la B y la V entrelazadas y el largo mástil sin bandera. Destacan, igualmente, las mujeres que esperan con sus cestas colocadas sobre el pretil y otras, con sus canarieras, alrededor del tranvía, de las que hablaremos en próximas entradas.
En dichas entradas nos vamos a centrar en tres detalles: el apartadero del tranvía, conocido como “el cambio”, las cestas con la comida popularmente llamadas “canarieras” y el comercio de la calle.

JOSE LUIS GARAIZABAL








lunes, 5 de diciembre de 2022

CEDULAS PERSONALES DE PORTUGALUJOS DE HACE UN SIGLO

  


Víctor Ramón nos envía dos cédulas personales de su aita y de su aitite naturales ambos de Portugalete, que nos muestran los antecedentes de los actuales carnets de identidad.

En la parte superior la cédula de Baltasar de Ramón, que se dedicaba a la navegación, fechada en marzo de 1915. Tenía 19 años, de estatura, complexión y tez regular, pelo negro, ojos castaños y sin ninguna seña particular.

En cuanto a su padre, Víctor Ramón Gutiérrez, bajo estas líneas, nacido en 1921, le expiden la cédula en 1940, fijando sus señas personales: Cuerpo regular, ojos, cejas y pelo castaños, frente ancha, nariz y boca regular, color sano y barba saliente.

En el año 1944, Franco decidió crear un documento que identificara a todos los españoles, inspirado en la orden del gobierno de Vichy hizo obligatoria la carta de identidad para todos los franceses a partir de 1943, aunque en España no fue hasta 1951 cuando se pudo comenzar a expedir el DNI. El se reservó el primer número del DNI, el número 00.000.001. A su esposa, Carmen Polo, se le asignó el 2, y su hija, Carmen Franco recibió el número 3.

En el año 1961, se asignó al futuro rey  Juan Carlos y a su esposa Sofía, los números 10 y 11 respectivamente. La familia real se reservaría los números que van del 10 al 99 y por simple superstición, el número 13 fue descartado de la progresión, ya que le debería haber tocado a la infanta Cristina.




viernes, 2 de diciembre de 2022

RECUERDOS DE REPÉLEGA Y VILLA NUEVA (1).

Los siguientes recuerdos me fueron relatados por Ángela, de 62 años, vecina de toda la vida del Grupo Villa Nueva.

A Portugalete llegaron los abuelos de Ángela y su pequeña hija en 1924 procedentes de Gallarta. Cuatro años después, en 1928, se trasladaron a Villa Nueva, barriada de “Casas Baratas” inaugurada dos años antes, donde compraron una de las casas. Esta hija que hemos citado se casó a finales de los años 40 con un portugalujo nacido en la Plaza de La Ranchería, y de su matrimonio nacerán en la misma casa de Villa Nueva dos hijas, una de ellas Ángela, en 1960.

En la década de los 60, cuando Ángela era aún una niña, existían en el barrio algunas tiendas: así por ejemplo, en el n.º 2 de Villa Nueva estaba la carnicería de Asensio, en el n.º 3 la mercería de Blanqui… y entre Villa Nueva y Repélega Viejo, muy cerca de la antigua iglesia de San Cristóbal, estaba la tienda de ultramarinos Varona (este caserío, llamado así por el apellido de sus propietarios, lo ha llegado a conocer quien esto escribe, con su planta baja habilitada como bar; el caserío fue demolido en noviembre de 2007).

Además, por aquel entonces muchas de las casas del barrio tenían en sus patios traseros gallinas, patos y conejos, que completaban el abastecimiento alimenticio de sus habitantes.

Uno de los entretenimientos de los niños del barrio era ir a la adyacente Campa de Villanueva (que entonces en buena parte eran huertas) y recoger postas, que eran unas piezas algo más grandes que una moneda, hechas de acero o hierro, que las fábricas cercanas tiraban allí como desperdicios.

Ángela recuerda que en la Avenida de Repélega, hacia 1970, existía un caserío muy cerca de la actual Plaza Maestro Mateo Hernández, donde la hija del propietario daba clases de música, a las que asistió Ángela por un tiempo.

Recuerda cómo todavía en 1980 venían al matadero de La Atalaya los camiones con corderos, los cuales eran bajados desde los camiones por una rampa de madera. Muchos de esos corderos -nos dice Ángela- no paraban de balar, quizá intuyendo lo que les esperaba. Una carbonería y una serrería, en la actual Avenida Repélega, frente al Progreso, eran de las pocas casas que se levantaban en el lugar.

Ángela nos ha cedido amablemente las fotografías inferiores, que complementan sus recuerdos:

En la primera fechada el 27 de julio de 1955, aparecen los abuelos de Ángela a los lados, flanqueando en el centro a la madre de aquella. Agachado, uno de sus tíos, y sentada la hermana de Ángela. La familia se sitúa en unas amplias campas, que años más tarde acogerán el Grupo Alonso Allende. Al fondo tan sólo se ven tres bloques de casas, en lo que en veinte años se convertirá en la populosa Avenida de Repélega.

La segunda imagen es muy interesante y está fechada en 1975: en primer plano aparece Ángela en sus años mozos junto a una amiga, y detrás de ella la actual Plaza Maestro Mateo Hernández (la que hoy se abre en frente del ambulatorio de Repélega), que entonces, como se ve en la imagen, estaba carente de edificaciones y totalmente en obras. Al fondo se ven varios bloques de edificios de la Avenida Repélega, y a la izquierda parte del recientemente desaparecido Mercado de Repélega. 

Aitor González Gato.



jueves, 1 de diciembre de 2022

PRESENTACION DEL DICCIONARIO BIOGRAFICO PORTUGALUJO

 


Ayer tuvo lugar la presentación de la segunda edición del libro DICCIONARIO BIOGRAFICO PORTUGALUJO. Esbozo de la historia de Portugalete a través de su gente, que tras la primera edición exclusiva para los suscriptores de la Colección El Mareómetro, ha realizado el Ayuntamiento para que pueda llegar al público en general. Igualmente tuvo lugar la inauguración de la exposición de las fotografías de Andoni Maseda que ilustran el libro.

Nuestro agradecimiento a todos los que se acercaron a su presentación en la torre de Salazar y en especial a los fotógrafos que nos han enviado las fotos de dicho acto, José Luis Gutiérrez Landa e Iñigo Arévalo.




miércoles, 30 de noviembre de 2022

MANUEL CALVO Y ANTONIO LOPEZ, EN LA HISTORIA DEL ESCLAVISMO



Como hoy miércoles a la 7 de la tarde tengo que presentar el libro Diccionario Biográfico Portugalujo, con una conferencia sobre personajes portugalujos, aprovecho para recoger esta reseña con las noticias sobre la figura de Antonio López, cuya amistad con Manuel Calvo unida a negocios conjuntos, duró toda la vida y a la muerte de Calvo éste dejó como principal heredero al hijo de su amigo, también Marqués de Comillas.

Antonio López nacido en el seno de una familia humilde de Comillas, en Cantabria, emigró de joven y en Cuba empezó en un almacén casándose con la hija del dueño, Andrés Bru, del que acabaría siendo socio. Allí conoció a Manuel Calvo, un año mayor que él y con su misma trayectoria vital pues había llegado con 17 años a trabajar en una ferretería, y un año después se había casado con la dueña, una adinerada viuda.

Antonio López con dinero de su familia política emprendió su empresa, Antonio López y Hermano que se dedicó entre otras cosas a explotar líneas marítimas regulares dentro de la isla. Manuel Calvo no fue ajeno a esta actividad dado que en 1835, dos años después de su llegada a Cuba, también era propietario de un vapor, que fue apresado trasportando 450 esclavos.

Dicha actividad, pese a estar prohibida desde 1821, supuso hasta 1867 el desembarco ilegal de cientos de miles de personas en Cuba. De los 900.000 que se estima que desembarcaron en la isla, 600.000 lo hicieron en ese período.

Calvo y López, fundaron en 1848 (nuestro indiano tenía 32 años) la Compañía de Navegación Trasatlántica, que junto con otras compañías en las que eran socios dieron cobertura a sus negocios.

Este tráfico de esclavos fue base para sus negocios, que consistía en comprarlos en Santiago y venderlos a otros puntos de la isla, desde Matanzas a Cienfuegos o la Habana, donde servían de mano de obra forzada en cafetales y los campos de azúcar.

Del futuro Marqués de Comillas hay constancia de que durante más de una década, entre 1844 y 1856, hizo negocio con la intermediación comercial de decenas de esclavos, cada año más que el anterior, según se documenta a partir de actas notariales y de los archivos de las escribanías de Santiago. En ese año ambos eran accionistas del Banco Español de La Habana, y Calvo propietario de ingenio Flor de Sagua procedente de su mujer, base de su futuro ingenio Portugalete donde trabajarían más de 200 esclavos.

Un anuncio en el periódico El redactor de Santiago de Cuba, de junio de 1852,que encabeza esta entrada, da un vistoso testimonio de ello. “Compran negros de ambos secsos [sic] en partidas o sueltos al contado; los Sers. Antonio López y Hermano, calle de la Marina, 38”.

Todo aquello era legal. Aunque el tráfico de esclavos desde África a América estaba prohibido desde 1821, por un acuerdo bilateral entre España y el Reino Unido, la esclavitud y las transacciones con esclavos estuvo permitida en Cuba hasta 1886, cuando ya solo era legal en Brasil.

Nuestros personajes fusionaron sus navieras, en 1876 siendo Manuel Calvo el consignatario de la nueva Compañía Trasatlántica, la más importante del momento, que logró contratos para prestar el servicio de correos y de envío de soldados hacia las Antillas.

En internet encontramos también que ambos participaron activamente en todas las iniciativas anti abolicionistas que lideraron las grandes fortunas españolas. Uno de los hechos diferenciales de España respecto a otros países europeos es que la cronología de la abolición de la esclavitud es más tardía, y uno de los factores que lo explica es sin duda la fortaleza de los proesclavistas, ya fueran los de Madrid, Barcelona o la Habana.

Antonio López fue también un mecenas y un hombre que quiso y pudo entrar en los círculos más exclusivos de la alta sociedad. Prueba de ello es su relación con Alfonso XII, que veraneó con él en Comillas y le dio primero el título de marqués y luego de grande de España.

Recientemente en Barcelona algunas entidades defendían que un hombre que se había enriquecido con el comercio de esclavos en Cuba, incluso con el tráfico ilegal, no podía tener una estatua en una plaza pública. Algunas voces, por contra, tacharon ese gesto de revisionismo histórico sobre una figura que ellos loaban como la de un exitoso emprendedor indiano fruto de su tiempo, que emigró sin nada y volvió para construir un todopoderoso imperio empresarial desde la capital catalana. En marzo de 2018 el Ayuntamiento retiró su estatua, como muestra la foto inferior.



martes, 29 de noviembre de 2022

LAS FRAILAS DE SANTA MARÍA DE PORTUGALETE

 


A alguno, lo de fraila os sonará a esta nueva moda de lenguaje que los políticos, feministas y medios de comunicación se empeñan en meternos con calzador. Hubo una política que dijo un día, que ella “había sido cocinera antes que fraila”. Pues bien, estas líneas van dedicadas a las frailas de verdad.

En las iglesias y ermitas hemos conocido a los sacristanes o sacristanas, encargadas de cuidar de los objetos guardados en la sacristía y de la limpieza de la iglesia, pudiendo ayudar al sacerdote en el altar. Pero nada hemos encontrado referente a la misión de las mujeres que se ocuparon de realizar, antaño, esas funciones en la iglesia de Santa María de Portugalete, aunque si tenemos sus nombres y fechas en que desempeñaron el cargo de fraila o patrona.

El vocablo fraila no está recogido en el diccionario de la RAE y encontramos algo parecido en el freila o breira que Mikel Larrañaga cita en Auñamendi Eusko Entziklopedia, al hablar de las mujeres que en euskera se llamaban y llaman serorak. Según él, “en documentos castellanos y franceses estas mujeres han recibido diferentes nombres, dependiendo del lugar y la época: serora, sorora, beata, freila o breira, benoîte o benedicta, hospitalera, emparedada, recluse, etc. Sin embargo, en la literatura vasca hasta el siglo XVIII predominaba el término serora, también para las que más tarde de denominarían como, monjas (moja). Añade que, por lo general, las seroras más jóvenes eran aquellas mujeres que no habían podido o querido casarse, aunque también eran comunes las viudas que querían mantener su independencia”.

Josefa María Setien en su blog da unas pinceladas de las seroras de Irún: “La figura de la serora fue importante dentro de la Iglesia hasta el siglo XIX. Soltera, salvo raras excepciones; no inferior a cuarenta años y de conducta irreprochable, era como una monja solitaria, dedicada al culto. Vivía en un pequeño habitáculo, anejo a la iglesia o ermita. Elegida por el alcalde, jurados y vecinos de la localidad, recibía de los patronos de la iglesia el nombramiento y título que como tal la acreditaban. Al ingresar debía de aportar una dote en metálico y ello le daba derecho a percibir una porción o participación en las ofrendas de los entierros, bautizos, matrimonios y otros ingresos, como los clérigos de los cabildos parroquiales. Su labor consistía sobre todo en mantener perfectamente la iglesia, su limpieza, cuidar la luminaria del Santísimo, los ornamentos sagrados, el ajuar litúrgico y las sepulturas del interior de la iglesia. Su salario dependía de la importancia de la iglesia o población donde ejercía su oficio, ya que las seroras de ermitas vivían prácticamente de limosnas que les daban los feligreses, muchas veces en grano”.

Manuel Fernández, “Manolo el sacristán”, nos dio unas pinceladas sobre los sacristanes de Portugalete en el libro de Juan de Pagoeta “Portugalete y su Basílica de Santa María” (1994), pero nadadice sobre sacristanas o frailas. Señalaba, como antiguamente el cargo de sacristán lo ocupaba el último cura beneficiado que había llegado a la parroquia. Su misión estaba legislada en las Reglas y Constituciones, que recogían la obligación de tañer las campanas, tener compuestos los altares y tenga mucha limpieza en los corporales y mindicadores de los cálices, sin olvidar la misión de hacer las hostias. Además, se ocuparía de las cosas de la sacristía, como eran la custodia y cuidado de los vasos sagrados y ornamentos, limpieza del templo, abrirlo y cerrarlo a las horas debidas, atender al servicio de los oficios, pedir limosna en misa, etc. El sacristán era nombrado por el Ayuntamiento, dado su condición de patrono de Santa María y recibía de él un salario por su trabajo.

Pero, como en otras ocasiones y por casualidad, al revisar las fichas del apartado “E.3 Relaciones del Ayuntamiento con diversas instancias” del Archivo Histórico de Portugalete, hemos encontrado varias referentes a los nombramientos de frailas y una patrona, correspondientes a los siglos XVII y XVIII.

El día 1 de junio de 1670 se nombra fraila, a Ana de Bon, para sustituir a Mari Cruz de Ibón, quien nuevamente volvería al cargo el 24 de diciembre de 1676 recibiendo las llaves de Josefa Carranza que lo dejaba, y ejerciendo hasta su muerte diez años después, el 9 de febrero de 1686, que le sustituye Justina (¿) de Urioste, que ejercería hasta su muerte en 29 de junio de 1690.

En la última década del siglo XVII se cita a Francisca de la Sierra (1690-06-29) sustituyendo a Agustina (¿) de la Sierra a quien seguiría el 20 de diciembre de 1692 Juana de Garay, figurando que toma el cargo de patrona.

Ya en el siglo XVIII en las contrataciones de predicadores, organistas, etc. de fecha 7-8-1710, encontramos: “La corporación acuerda que en adelante se nombre para el ya que el actual organista Antonio de Mioño, ni sabe tocar el órgano, ni cantar, con lo que causa risa de los que asisten a los oficios religiosos, oficio de organista a personas hábiles, previos exámenes, se acuerda que no se asista al organista con ninguna cantidad de maravedís”.

Al que contratarían, parece ser que fue Pedro de Garmíndez ya que la ficha de 7-7-1713 indica: “La corporación decreta que en vista de que el sueldo de Pedro de Garmíndez, organista y vecino de Bilbao, es muy pequeño, se nombre a su mujer, Ángela de Urezgol, fraila de la iglesia de Santa María en sustitución de Francisca de Ibarra”.

Finalmente en 1722 encontramos el nombramiento de María de Taborga.  

JOSE LUIS GARAIZABAL