lunes, 17 de marzo de 2014

HISTORIA DE LA CALLE ZUBELDIA: EL FUERTE Y LAS CAMPAS


 Tras unas semanas sin hablar de la calle Zubeldia de José Luis Garaizabal, retomamos el tema, que es muy amplio, por lo que tendrá que ir en pequeñas dosis, al igual que otras colaboraciones que tenemos pendientes de buenos amigos.

La gran zona lúdica de la calle eran todas las campas que componían la colina del alto de San Roque, donde antiguamente el santo tuvo su ermita y que desde 1879 albergaba a un fuerte militar que se componía de un gran barracón pintado de rojo, que con una estructura longitudinal, asomaba su amenazadora imagen sobre la Villa y El Abra y por la parte posterior, un gran foso remataba los otros dos lados de un triángulo.
No disponemos de fotos (constituirían secreto militar) y las pocas que se conservan son desde lejos, como es el caso del frontón o desde lo alto del puente colgante.
El fuerte se convirtió también en lugar de ejecuciones de penas de muerte. En 1908 fue fusilado el carabinero Agapito Zorrilla por haber matado a tiros a un sargento y en 1940, se ajustició a garrote vil a tres hombres por haber asesinado a un cuarto al que pretendieron robar el jornal. De este último todavía se recuerda que era una verdadera riada de gente la que subía por la calle a presenciar el espectáculo.
Sus instalaciones cayeron en desuso y ante el problema de la vivienda, la alcaldía autorizó que las ocupara gente necesitada, entre ellos Florencio Villar, que ejerció las funciones de “alcalde de barrio”. Los portugalujos lo bautizaron como Abisinia y el tal Floren adquirió el apodo de El Negus y algunos le recordarán en su puesto de la plaza, frente a la mirada fija de Chávarri y los dos trabajadores de la estatua.
En cuanto a las campas, diremos que el primer bocado se lo dio el ayuntamiento al proyectar un moderno edificio de escuelas, que fue bien acogido por todo el pueblo, pues cubría una gran necesidad. Su inauguración fue en 1927.
En torno a él todavía quedaba una buena campa bajo el frontón y otra junto al lavadero.
Tras la guerra los vecinos tuvieron un día un sueño al ver el proyecto que de la mano de Fidel Leza reflejaba una idea municipal. Pero sólo fue un sueño.
Colocamos bajo estas líneas su proyecto y seguiremos pisando tierra con las campas.




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