martes, 4 de septiembre de 2018

LOS RESTOS DE LOPE GARCÍA SALAZAR ENTERRADOS EN LA CAPILLA DE SAN MARTIN DE MUÑATONES



Lope García de Salazar y Muñatones, nace en la casa torre de Muñatones en 1399, pero desde su matrimonio con Juana de Butrón y Múgica en 1425 pasa a residir en su casa torre de La Sierra de Portugalete.

En la Villa de Portugalete vivió y aquí nacieron todos sus hijos, hasta que en 1439 y al morir su padre, hereda la casa torre de Muñatones, donde se trasladará a vivir con su familia. Allí mandará edificar la Capilla de San Martín que él mismo dice y escribe “si plase a Nuestro Señor será mi sepultura”.

Por desavenencias con su hijo Juan (apodado El Moro), ordena testamento del mayorazgo a favor de su nieto Ochoa (conocido como El Preboste). Siendo ya viudo, en 1471 su hijo Juan le mantiene encerrado en la casa torre de Muñatones, donde escribirá de su puño y letra las “Bienandanzas e Fortunas”.



Como Lope era grandioso y guerrero (medía unos dos metros y diez cms. según escriben los historiadores), logra escapar en 1476, huyendo y llegando a su casa de La Sierra en Portugalete. Es localizado por su hijo Juan y de nuevo apresado allí mismo. Consigue escaparse y subirse al campanario de Santa María (la iglesia anterior a la actual y que se había construido al fundarse la Villa) y tocando las campanas convocó al vecindario contándoles su situación, lo que no le sirvió para ser nuevamente apresado y pocos días después muere envenenado con una hija de apenas 10 años.

Sus restos y los de la hija, tal como el mismo Lope había manifestado, son conducidos y enterrados en la Capilla de San Martín, y allí han permanecido casi cinco siglos, puesto que en el año 1948 la Diputación de Vizcaya, viendo el estado de abandono y ruina de esta Capilla (fotos inferiores) por parte de la familia Salazar, ordena la exhumación de sus restos antes de que se pierdan, para su custodia en la Iglesia de San Juan Bautista de Muskiz, hasta tanto se les “acondicione decorosa sepultura”.

Era Presidente de la Diputación Javier de Ibarra y Bergé y el Secretario de la Junta de Cultura Esteban Calle Iturrino, quienes firmaron y extendieron un Acta de Exhumación señalando que los restos “se conservarsen depositados en una caja de zinc, en la Iglesia de San Juan de Somorrostro, hasta poderles dar decorosa sepultura en la Capilla de San Martín cuando ésta se reconstruya, o pueda acondicionarse su enterramiento”.Y allí se depositaron el 2 de agosto de 1948.

Por el contrario, la Capilla de San Martín, fue creciendo en abandono y ruina llegando a su total destrucción y desaparición, hasta tal punto que hoy día con la ocupación de las instalaciones de Petronor, no existe señal alguna de su ubicación.

Por motivos únicamente culturales, y con carácter provisional, los restos de Lope son trasladados en 1999 a la Casa de Juntas de Avellaneda, donde hasta hoy día permanecen en depósito en su caja de zinc, pendiente de dar cristiana sepultura.

Los restos no constituyen ninguna propiedad privada del Museo de Avellaneda, ni tan siquiera de la Diputación de Vizcaya. Legalmente pertenecen a los herederos de Lope a quienes accidentalmente se les ha sustraído desde la exhumación de 1948, y que de no haberse consumado permanecerían en cristiana sepultura.

Y en base al espíritu señalado por la Diputación en 1948, solicitamos que sus retos sean trasladados al Panteón de la Familia Salazar, sito en la Basílica de Santa María de Portugalete, donde proponemos descansen en régimen de depósito autorizado por la DFB, y con el permiso ya autorizado del Obispado de Bilbao.



Javier García-Borreguero Ondiz


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