viernes, 23 de enero de 2026

¿QUIÉN FABRICA LOS RECUERDOS? (II): HIERBAS MEDICINALES Y HIERRO DE TRIANO

 

Continuamos con la crónica de Martintxu en esta segunda parte de su relato. Si en la anterior recorríamos las calles de la villa, hoy subimos hacia las campas de Triano. Entre el recuerdo de las partidas de brisca de las “cuatro señoras” y la dureza del trabajo minero, el autor nos regala un valioso catálogo de botánica popular y nos describe el paisaje de una industria que dio forma a nuestra tierra: 

Guardo mi presencia en las partidas de brisca que jugaban en casa de Carmen -en el Alto de la Pastora- cuatro señoras, ya mayores: Martina, de El Ojillo; Filo (que tenía sus cochineras allí, justo al lado); la Rubia, de Ruperto Medina -con su litrona de El Ciervo- y la misma Carmen, madre de Ángel y Luis, que me tomaron como mascota por algún tiempo.
    "Ando, ando, uno kgndo", era una salmodia que, a mis cuatro/cinco años, ellos entonaban si me atrapaban aliviando en la campa.
    Los cochinos de Filo me asustaban y, de hecho, eran motivo de sueños inquietos en los que me mordían. Ese recuerdo, fue redivivo, años más tarde, viendo Hannibal, la película de Ridley Scott, en la que tienen un papel secundario, y fiero.
    La llegada a aquella casa, en lo alto, se hacía desde la Estrada de Zomillo, por un sendero en pendiente que bordeaba la Campa del Gordo por la derecha y transcurría sobre la cantera por el lado zurdo.
    Enfrente de ese camino, un poco más arriba, en la Estrada, estaba la puerta de madera del huerto de Atenógenes, cuñado del abuelo Pablo, bordeado por un alto muro en mampostería, que ya fue arrasado por la modernidad inmobiliaria.

Esa partida de naipes era celebrada en primavera y otoño. El verano lo dedicaban a la recogida de hojas y hierbas medicinales en las campas de Triano, aún recuerdo algunas:     La menta, hierbabuena, manzanilla, “hierba de la pulmonía, hinojo, así como otras hierbas y verduras: Berros, laurel, eucalipto, y varias más que no encuentro en el baúl.
      Para todo eso, mientras, los niños nos quedábamos en las campas ya fuera llenando una bolsa de manzanilla cada uno ó jugando a lo que permitía el lugar, nunca junto a las vias, en los bordes de los canales o del pantano de Triano.
    En el momento que traen esos recuerdos, la minería en Triano todavía está activa, aunque en sus últimos estertores, tanto en Triano como en Galdames. Los trenes que podíamos ver desde la entonces Escuela de La Florida, que ahora es el CEP Ruperto Medina, recorrían la montaña de la Reineta para llegar a los cargaderos en Portu/Sestao o Luchana.
    En toda la zona proliferaron lavaderos, balsas de decantación, vías de arrastre, cargaderos y planos inclinados usados como tolvas. Preparado el mineral, se trasladaba hasta hasta Galdames. De aquí, era transportado, hacia los cargaderos situados en la ría, en Luchana ó hacia la «dársena de Galdames».
    La última zona de explotación industrial, de ese área fue el coto Saúco y ya eran los años finales de los 1970. Quedarían muy pequeñas y muy agotadas vetas dando los ultimos estertores a la zona.
    Sin llegar a La Arboleda, cogiendo un camino a la derecha en direccion a los barrios de Triano y Las Calizas estaba la Fuente de la Cazuela, donde tomábamos agua fresquita y ferruginosa, con churretones de lodo férrico que evidenciaban su entorno mineral cercano.
    Desde ahí, se pasaba junto al poblado de Matamoros, otro de los que proliferó en el mazizo para dar vivienda a los mineros que trabajaron en la zona, y, un  kilómetro adelante, caminando en paralelo a la via, aparecía el pantano de Triano, que todavía existe, aunque con almacenaje de agua reducido, por ausencia de uso minero.

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