jueves, 17 de septiembre de 2026

PÁGINAS DE LA CRÓNICA NEGRA DE LA VILLA EN LA ÚLTIMA DÉCADA DEL SIGLO XX: EL ASESINATO DE DOS JÓVENES

 


En la última década del siglo XX, dos sucesos trágicos conmocionaron a la Villa. En enero de 1995, la joven de 18 años Leticia Temiño apareció estrangulada y con signos de agresión sexual en una cuneta de la carretera de Cantabria, un crimen que quedó sin resolver y pocos años antes, en noviembre de 1990, otro asesinato de otra joven de la Villa había tenido un enorme impacto mediático conmocionando a toda la ciudadanía. 

Siguiendo el trabajo periodístico de Ainhoa de Las Heras en El Correo, recordamos las claves de aquel trágico caso:

Fue el 4 de noviembre de 1990 cuando Olga Casas, de 19 años, regresaba a casa de madrugada tras asistir al cumpleaños de una amiga. A las siete de la mañana, el jardinero de Las Javerianas halló su cadáver semidesnudo en el patio del centro, a apenas 50 metros del domicilio familiar. La joven había sido estrangulada y le habían seccionado la yugular, descartándose la agresión sexual.

La investigación descartó el móvil del robo, ya que junto al cuerpo se encontraron la cartera con dinero y sus joyas. Asimismo, se determinó que el crimen no ocurrió en el patio del colegio debido a la ausencia de restos de sangre, manteniéndose la incógnita de cómo depositaron el cuerpo tras la puerta cerrada.

La familia de la joven siempre sospechó que el móvil estuvo relacionado con el entorno de un bar que frecuentaba en el que se movían traficantes. Su madre defendía que la joven estuvo en el lugar inoportuno y escuchó algo que no debía.

En 1995, durante las pesquisas del caso de Leticia Temiño, la Guardia Civil reabrió la investigación de Olga tras la declaración de un testigo protegido, que reveló que había escuchado una conversación de la que se desprendía quiénes eran los autores del asesinato. Tres individuos con antecedentes, de una banda conocida como los 'revientacajeros', fueron detenidos en febrero de aquel año pero quedaron absueltos al comprobarse que uno estaba encarcelado en París en la fecha del crimen y no haber coincidencia de ADN con los otros dos. El testigo admitió posteriormente haber declarado por despecho personal, archivándose la causa sin resolver.

Dos crímenes que causaron gran impresión en la Villa y que quedaron impunes.

 

 

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