Aitor González Gato, nuestro mayor especialista en arquitectura
amurallada de la Villa, nos ofrece una recreación de la histórica batería del
Solar, basada en la acuarela realizada por Mikel Torka. Para comprender mejor
su evolución urbanística y defensiva, incorporamos también un detalle del
grabado del siglo XV de F. Hierro, donde se aprecia que, fuera de las
murallas y junto a la ría, solo existía un extenso arenal ocupado por las
tradicionales atarazanas.
Recordemos los momentos que marcaron la historia de este enclave
defensivo:
Orígenes y construcción (Siglo XVI): Ante la imperiosa necesidad
defensiva frente a las incursiones de corsarios y piratas por la ría, la Villa
solicitó licencias e impuestos para levantar obras de fortificación y una torre
destinada a proteger el muelle. Esta construcción de planta cúbica fue
popularmente conocida por los vecinos como «el Castillo». Hacia 1523 se
iniciaron los trabajos y, medio siglo después, la posición ya se encontraba
plenamente artillada con piezas de bronce.
Declive militar: Si bien durante el siglo XVII tuvo un papel
destacado en la defensa de la entrada fluvial frente a las fragatas francesas,
la construcción a partir de 1703 de las nuevas baterías de El Cuervo y Campo
Grande —situadas mucho más cerca de la bocana de la ría— relegó a la batería
del Solar a un plano secundario. En 1808, en plena Guerra de la Independencia,
las culebrinas de bronce fueron trasladadas a Bilbao y nunca más regresaron a
la Villa, a pesar de las reclamaciones presentadas por el Ayuntamiento en 1817
y 1820.
Desmantelamiento y transformación urbana: El frente de la antigua
batería del Castillo fue derribado en el año 1845. Durante las décadas
sucesivas, en el lugar solo sobrevivieron restos ruinosos de sus murallas, los
cuales acabaron cediendo ante la configuración definitiva del Solar como la plaza
y paseo urbano que conocemos en la actualidad.


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