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domingo, 12 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (2)  








Estas dos escaleras que hemos visto en la entrada anterior estaban destinadas a cada sexo y un guardia municipal, que no conocí, al que apodaban “Tin-tán” controlaba desde el muelle con su traje blanco y casco del mismo color que nadie pasase de una zona a la otra. Su silbo sonaba con cada infracción.

Conocemos la existencia de tres bandos de diferentes alcaldes (1935, 1936 y 1941) en los que se muestra la moral de la época:“no se consentirá en modo alguno que se utilice para bañarse el Muelle de Hierro, en ninguno de sus dos paseos (arriba y abajo), ni permanecer ni transitar por ellos vestido con traje de baño”, “ni el uso de prendas de baño que no cubran el cuerpo de forma decorosa, ni llevarlos recogidos a la cintura, a pretexto de baños de sol, por medida no solo de moral sino de buen gusto”, incurriendo en delito de “gamberrismo”. (E. Retuerto-1935). “No se consentirá a nadie que se bañe desde el Muelle o sus escalas. Se habilitará para el baño la playa, el dique y el último espigón del Muelle de Hierro”, “los mayores de 12 años, en la playa, deberán usar, para vestirse o desnudarse, las casetas de baño, a no ser que vayan vestidos desde sus domicilios y cubiertos de un albornoz”. (C. Busteros - 1936). Valeriano Martín recordaba en 1941 las citadas prohibiciones y recomendaciones. Lo más gordo era que incurrirían en “gamberrismo”, quienes “circulen por los paseos públicos sin chaqueta o vestidos de forma inadecuada para la población”.

Los portugalujos fueron poco a poco sorteando estas prohibiciones o las autoridades fueron relajando su puritanismo.

En las fotografías superiores, en los años 40, de Mertxe Adán la vemos sobre las rocas junto a sus amigas de cuadrilla: Josefina Olano, Cipri Solaetxe (mostrando la pantorrilla), Amali R. Madariaga, Ortiz, Emili ... Como dato curioso, me apunta Mertxe, que en fiestas se solían bañar por la noche, previa inspección de que no hubiese parejas “amorosas” en el paseo inferior, en las cercanías de la escalera. Luego era ella el volver con el “trajebaño” mojado.

El bote de la imagen era portugalujo, pero no recuerda la propietaria.

Cómo las “escaleras de las chicas” no tenían “solárium”, salvo las rocas y la pasarela, éstas se desplazaban también hasta el faro para poner las toallas en los adoquines del paseo, bajando a bañarse a la planchada que rodeaba el morro, fundamentalmente en la parte que daba a Santurtzi.  

La creciente contaminación de la Ría nos fue expulsando de estos lugares de baño, en los que habíamos aprendido a nadar, fundamentalmente del “dique”, ya que entre la sangre y tripas del matadero, el petróleo de los desguaces de la Benedicta, el lavado de mineral y la contaminación industrial y humana, el baño allí se había convertido en una tortura, pero principalmente nos desplazamos al ir en cuadrilla muchos de los miembros del Elai Alai.

Pero bueno, el paso a la Punta era como un rito de mayoría de edad. Si te bañabas allí… ya eras un hombre.

Seguiremos mañana recordando estas “batallitas”…



José Luis Garaizabal

sábado, 11 de julio de 2026

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (3)






Seguimos hoy recordando los baños de la Punta en las escaleras de los chicos y de las chicas, que recogemos en estas fotos. La de los hombres de 950, y de unos años antes las de mujeres, con
Mertxe Adán a la derecha sobre las rocas con un traje de baño blanco hecho de un vestido que se le inflaba en el agua según nos confiesa. 

Aquellos baños veraniegos, separados por sexos, dejaban bien a las claras lo brutos que éramos siempre que acudíamos en busca de las chicas para “dejarnos ver”.

Recordando con Juanjo del Horno “Trole”, Josetxu Fdez. Larrondo, Paco Martín, Javitxa Martínez, Josemi Palacios, Javi López Isla y otros bañistas de distintas épocas, todos coincidimos en la relación amistosa y la protección, que a pesar de la distancia (110 m), les proporcionábamos. ¡Hay amores que matan!

De vez en cuando, los chicos hacíamos un “safari acuático” en fila india desde nuestras escaleras hasta las de las chicas, la mayoría de las veces con el “trajebaño” tipo Meyba en la cabeza. Ya no estaba “Tin-tán” con su silbo. Al son de ¡Obenuno!, íbamos nadando y una vez allí, o bien las invitábamos a bañarse con un “de aquí para abajo, todas al agua” o las salpicábamos con técnica depurada. ¡Vaya forma de ligar!

Según otro informante, había otra excursión en forma de “entierro”. Primero iban los monaguillos, luego el cadáver, flotando haciendo el muerto entre cuatro porteadores y luego toda la gente llorando pero al “motrollón”. Si venía el “chiva” a la escalera y preguntaba de quién era determinada ropa, para coger al culpable, entonces cualquiera de los que no había ido al “entierro” decía que era suya. Mientras tanto la procesión, ya disuelta, nadaba hasta la rampa de Santurtzi, donde se esperaba pacientemente a que pasara la tormenta para regresar en pequeños grupos.

Otro de los numeritos era hacer en pelotas “la pluma y el tintero”. Os podéis imaginar  que era la pluma y que el tintero. Cuando las chavalas se iban al morro, los “safaris” tenían el recorrido más largo, pero merecía la pena.

Pero, en las escaleras de los chicos la cosa ya era otro cantar. “Trole” ejercía de capo y junto a otros veteranos (“Tinín”, los Madariaga, Cobos…) que habían sufrido en su día con los de la generación anterior, nos hacían mil perrerías. La más famosa era “el paseíllo”, que consistía en coger entre cuatro por las muñecas y tobillos a la víctima elegida y desde las escaleras lanzarle al agua con el consiguiente espaldarazo o tripada. A veces, un empujón a los abusones les hacía caer junto a su víctima. A los de Sestao se les distinguía enseguida por su extraña forma de nadar de costado “a lo chica” y solían ser los “elegidos”. Qué decir de los “txunbos” que los finolis llamaban aguadillas o las guerras con fango desde el agua. Aquel fango debía tener propiedades dermatológicas, porque de vez en cuando nos embadurnábamos el cuerpo con él y colgándonos del suelo de los pasos “hacíamos el higo”, descolgándonos por el cansancio al grito de ¡estooooymaduuuuuuro!. Desde ese mismo lugar, nos lanzábamos al agua realizando numeritos, como “la carpa”. ¡Y no nos ha pasado nada!. Las chicas desde sus escaleras presenciaban de reojo los saltos y gansadas.

Otra costumbre que tuvo arraigo en diferentes épocas, fue el ir con unas monedas en el bolsillo oculto que tenían los Meybas, hasta Santurtzi (400 m) o hasta la playa de Las Arenas (700 m), para una vez allí, tomarnos un blanquito reparador. Alguno tenía allí la novia y animaba a realizar la travesía. Previamente habíamos calculado la corriente y el punto desde el que salir para poder doblar sin problemas la Mojijonera.

Me han contado, como una vez en Las Arenas, una cuadrilla se vio sorprendida por una galerna y debieron volver andando hasta el Puente y pasar la Ría. Cómo el espectáculo llamaba la atención, a uno de ellos se le ocurrió decir en voz alta: ¡Ya os decía yo que dejar la ropa al cuidado de aquella vieja no me parecía seguro y mira como hemos acabado! .La cosa acabó con una caminata desde el Puente hasta la Punta y además con galerna.

Las escaleras y las rocas estaban plagadas de zapateros, escaramujos, mojijones y ostrones, y con uno de ellos me corté el pie días antes de tener que bailar en Vitoria (1966). Tuve que ir a la pata coja y sangrando, hasta el consultorio de Felipe Llorca, encima del Metro, para que me hiciera un zurcido en frío. ¡Qué daño!.

De vez en cuando, los invadidos éramos los chicos, pero por las chavalas de Santurtzi que solían venir en bote desde su puerto. La mayoría de las veces (seguro que les gustaba) balanceábamos el bote entre sus gritos de pánico. ¡Nunca les pasó nada!.

Entre los habituales había muy buenos nadadores que formaban parte o pasaron a engrosar las filas de la Deportiva Náutica de Portugalete. La piscina municipal que se había abierto en 1959, con agua salada de la ría, fue restando efectivos poco a poco a las cuadrillas de la Punta y al final fuimos pasando por el aro. “Trole” seguía haciendo de las suyas desde el trampolín, admirando a propios y extraños con su famoso y temerario “avión”.

Cuando el tiempo no invitaba al baño, el recurso para pasarlo bien era coger los kiskillerosque había en casi todas las casas y una vez pasados por el mercado a por carnada, dedicábamos la mañana o la tarde, según la marea, a karramarros o kiskillas, sin olvidar a los “velludos” (eskarrak) de los que se contaban historias truculentas, como la de aquel al que un velludo le había cortado el dedo de un mordisco. Había que pescarlas en la plataforma del morro en los agujeros que tenían los bloques, con una varilla con un gancho en la punta. ¡Cómo costaba sacarlas!.

Bueno, estas son algunas batallitas que os mencionaba. ¡Espero que os hayan traído buenos recuerdos  y lo hayáis disfrutado!.

JOSE LUIS GARAIZABAL




lunes, 15 de mayo de 2017

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (1)




Al figurar entre los fondos que nos ha facilitado la familia Garitaonandia-Adán, una serie de fotografías inéditas de las escaleras de las chicas, me he animado a refrescar recuerdos de aquellos baños veraniegos en la Punta. Y digo la Punta, porque nosotros siempre la hemos llamado así, ya que el carácter “de hierro” lo había perdido tras el hormigonado, realizado en 1933-34, de la plataforma superior y de las columnas de hierro que permitieron su construcción.

Empezamos hoy repasando nuestro archivo fotográfico, en el que vemos que en un principio no existía ninguna de las dos escaleras en las que se han bañado miles de portugalujos y vecinos de los pueblos limítrofes. La primera que se construyó fue “la de los chicos”, también conocida como “el Sporting”, dado que la barcaza del Club permanecía fondeada junto al espigón que se construyó seguramente para dar servicio al Club. Era un espigón que abrigaba un pequeño embarcadero con una escala, al que se añadió años más tarde otro tramo con unas escaleras de hormigón que fueron nuestro territorio de baños y gansadas. Sobre él, una artística farola que desgraciadamente no fue rehabilitada de fuste en 2012, ya que le faltan las lámparas y los globos protectores.

En la foto superior, sobre la vista aérea con las dos escaleras hemos colocado dos fotos con el muelle sin “las escaleras de las chicas”.

Junto al espigón se abrió inicialmente (h. 1920) un solo paso, que pasaron a ser dos al hormigonar el muelle, facilitando la circulación de las aguas y una comunicación más corta desde o hacia el puerto de Santurtzi.

Tras el hormigonado del muelle, se creó otro embarcadero, las “escaleras de las chicas”, a las que se accedía desde la parte baja del muelle tras bajar las escaleras que construyeron por la banda de la ría. También se construyeron otras dos escaleras a ambos lados del muelle, una junto al mareómetro y otra enfrente del tercer espigón de amarre, por la parte de la antigua playa.

Estos “pasos” fueron después un buen trampolín desde el que los más osados nos lanzábamos al agua, emulando los saltos que en los años veinte realizaban los socios de Sporting desde su sede flotante, como recoge la foto de Cesar Estornés en su blog. En sus rocas se pescaban mojijones buceando, aunque se corría el riesgo de una buena cagalera.

Bajo estas líneas con una foto cedida por Marinita Pérez del año 1957. 

José Luis Garaizabal


miércoles, 6 de agosto de 2025

DE VIEJAS TABLAS DEL BALNEARIO A PRENSA DE TXAKOLI

   



El pasado día 7 de Junio, se celebró en Portugalete la tercera edición del Txakoli Fest y entre los actos programados, figuró el despalillado y prensado de uvas de importación, cuyo rico mosto fue repartido entre los numerosos curiosos y participantes.

La asociación Portugaleteko Mahastizainak estrenó una despalilladora y una prensa que ha adquirido recientemente junto a un juego de jarrillas.

José Hernández “Pepillo” me sorprendió con la siguiente pregunta: ¿Sabes de dónde provienen estos tacos que estamos utilizando como suplemento en la prensa? Lógicamente, no tenía ni idea y su explicación me pico mi curiosidad habitual por temas portugalujos: “Son restos del antiguo balneario de la Playa del Salto”.

Resulta que aquel balneario que se levantó en 1876 íntegramente en madera sobre 54 pilares de cemento anclados en la arena, una vez aprobada la solicitud de Fermín Arnedo y Emiliano de Arriaga, pronto pasó a ser un centro social de la vida portugaluja y bilbaína, donde, además de los baños en agua de mar con algas, se celebraban todo tipo de fiestas, banquetes, tertulias, bailes, agasajos, conciertos, comidas, etc. Contaba el Noticiero Bilbaíno del 12-8-1876 que la colonia de bañistas había tenido la feliz idea de improvisar una fiesta y baile en la galería del pabellón balneario que engalanaron con faroles venecianos y banda de música militar, constituyendo un gran éxito, que animó a repetirla los jueves y domingos, hecho que pudo ser el preludio de los “txitxarrillos” en la Plaza del Solar.

Los años fueron pasando y la estructura original se fue modificando y ampliando. De un estudio realizado por el antiguo archivero, Roberto Hernández Gallejones, he extraído los datos que cito a continuación. A propósito, su plaza sigue sin cubrirse desde hace casi un año, lo cual ha generado que a los investigadores se nos haya privado el acceso al Archivo Histórico y estos pequeños trabajos, queden con lagunas a rellenar.

Una vez cedidos por el Estado al municipio en 1903-1904 los terrenos calificados como marismas, pensaron dedicarlos a construir viviendas sobre los cinco solares resultantes y poco a poco, aquel balneario se fue viendo arrinconado tras construirse primero el Muelle de Hierro en 1887 y el muro de cierre y rampas de acceso a la playa en 1905, así como el relleno de los terrenos de la playa entre el balneario y el muro, ya que la extracción de arena había generado grandes socavones, perdiendo el encanto de ver las olas romper a sus pies. El edificio abarcaba desde el muelle (actual casa de Vicuña) hasta el escarpe (actual escenario del parque del Dr. Areilza).

En 1909, figuraban como propietarios Fermín Arnedo, Ernesto Hoffmeyer y la Compañía de Maderas S.A. de nacionalidad noruega, con su director gerente al frente, Julio Larsen.

Estos, habían dado en 1905 poder a Federico Langard para la administración del balneario, figurando como último arrendatario, pero ya al ayuntamiento, Juan Estévez (1909), al que las muchachas del servicio llamaban “el amo Juan”. A su lado, su esposa Dª Eusebia Burusteta, “gran señora, muy trabajadora y una gran cocinera a quien muchos tenían a gala encargarla confeccionarlos platos más exquisitos…”. Recibieron el edificio y los enseres inventariados entre los que destacaban: Tres bañeras de mármol, tres de hierro con baño de porcelana en la sección de baños calientes. Un salón con 32 sillas de hierro, un piano, cuatro divanes, dos mesas para juego de damas. Un café-restaurant con sus mesas de mármol, ocho veladores de hierro, dos candeleros y un servicio de mesa grabado con las iniciales de la casa, amén de múltiples elementos de cocina, cucharas, cucharillas, tenedores, etc.

Ante lo que se avecinaba, en 1908, Santos Zunzunegui había solicitado permiso para construir un nuevo balneario, paralelo al Muelle de Hierro, situándolo a cuatro o seis metros de distancia, con acceso al mismo mediante pasarelas y dejando libres 100 metros entre el nuevo balneario y el muro de cierre de la playa. El proyecto no se llevó a cabo y la sentencia de muerte llegó en Mayo de 1913, cuando tras varias vicisitudes, la Corporacíon portugaluja decretó su derribo y los Estévez-Burusteta se quedaron sin trabajo. En una parte del solar del balneario, Ramón Vicuña construyó en 1915 su magnifica casa del Muelle y sobre aquellos cimientos y alrededores se construyó el parque que inaugurado en 1917, recibió años más tarde (1927) el nombre de Parque del Doctor Areilza.  

Creo haber leído en algún expediente que los enseres se vendieron a los balnearios de Las Arenas y que los pabellones construidos en madera de pino tea se desmontaron y se reutilizaron (no se puede comprobar con el Archivo cerrado). Era normal en los derribos que el contratista o el ayuntamiento se quedara con los materiales reutilizables.

Uno de los pabellones laterales fue trasladado a Pando, junto al Campo Santo, dedicándolo a dos viviendas y varias tablas más sirvieron también para forrar a modo de impermeabilización la fachada trasera de la casa alta (nº 17). José Miguel Comonte, que vivió junto a ellas, recuerda siendo niño, la bandada de murciélagos que emigraron al retirar las tablas. Ha querido el destino que, parte de sus lustrosas maderas hayan llegado hasta nuestros días, dado que, aquellas dos viviendas (nº 19) fueron adquiridas como almacén por “Pepillo” a mediados de los ochenta y en el momento del derribo, en 2008, para construirse en la zona el Polideportivo Pando-Aisia, nuestro amigo guardó en una lonja buen número de maderas de sus marcos de ventanas y puertas, aunque la celeridad del derribo no le permitió salvar más. Cuando “Pepillo” encuentre la caja con la documentación, nos contará quien y cuando levantó el pabellón de Pando.

Ahora, al necesitar los mahastizainak unos buenos tacos de madera para suplementar el mecanismo de su nueva prensa, no lo dudó un momento y las vetas de aquellas viejas maderas impregnadas en salitre han vuelto a lucir al sol, después de siglo y medio, en forma de lustrosos listones, haciendo más fácil el prensado de la uva. 

JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO

lunes, 22 de enero de 2024

RECOGIDO DE LA PRENSA: CUANDO SE PROYECTÓ UNA NUEVA BILBAO ENTRE LA PLAYA Y SANTURTZI

  

Con el título, La nueva Bilbao que pudo ser entre Portugalete y Santurtzi, Alberto G. Alonso, publicó ayer en DEIA un articulo sobre el proyecto urbanístico de 1901 que pretendió ampliar la capital en la desembocadura de la ría.

Una magna obra urbanística que se concretó a nivel de planos e infografías de la época un año después de nacer la pasada centuria, en 1901. Pero ahí se quedó. En el cajón.

La iniciativa de uno de los próceres industriales de la época, Carlos Petrement y Laurin, se vio abortada por la Autoridad Portuaria, denominada entonces Junta de Obras del Puerto de Bilbao que se negó en redondo a ceder la gran lámina de agua que se había generado poco antes entre el recién construido muelle de hierro y la costa natural donde se asoman Portugalete y Santurtzi.

Petrement presentó su proyecto el 1 de julio de 1901 tres años después de que Evaristo Churruca concluyera el dique que posibilitó eliminar la gran barra de arena cercana, la cual impedía la navegación fluida de grandes buques en dirección al interior de la ría hacia Bilbao. 

La espectacular estructura de hierro delimitaba una superficie de agua de cerca de 250.000 metros cuadrados que hoy en día ocupan las piscinas municipales de Portugalete, la sede de la Náutica, el extenso polideportivo de Santurtzi, los pantalanes para embarcaciones deportivas y el actual puerto pesquero. Hasta 35 campos de fútbol de San Mamés se podrían colocar uno al lado de otro en esta gran extensión.

El promotor solicitó permiso para desecar toda la zona que componía una marisma rocosa, la cual proporcionaba un fácil saneamiento y suponía una buena base para la creación de la nueva ciudad y su urbanización defendida por baluartes y malecones que el proyecto constructivo contemplaba.

Como se recoge en los planos que ilustran la información, las dos curvas que conformaban el nuevo dique y la costa natural diseñaban un espacio similar a una bacalada extendida en salmuera muy reconocible históricamente por todos los bilbainos. 

El proyecto se llamó Bilbao La Nueva y su desarrollo y pretensiones llegó incluso a que la revista Blanco y Negro publicara en Madrid un reportaje con varias ilustraciones sobre la futura expansión de la pujante capital vizcaina en la que se fijaban entonces otras muchas ciudades del Estado.

El Bilbao de la época necesitaba expandirse como consecuencia del ímpetu comercial, marítimo e industrial que protagonizaba la capital vizcaina. Unos datos demográficos que avalaban ese crecimiento son que en las últimos tres décadas del siglo XIX, desde 1870, el número de los habitantes de la villa se cuadruplicó. 

A la gran ciudad comercial se le unió la actividad minera de tratamiento industrial extrayendo ingentes cantidades de hierro que exportaban principalmente a Inglaterra. Una marea humana acudió a la cada vez más intensa actividad de manera que el actual Casco Viejo, el Bilbao original, estaba atestado de población, con grandes problemas urbanísticos, falta de red viaria y transportes públicos adecuados con el resto de las poblaciones que empezaban a conformar la futura metrópoli entorno a la ría. 

Era la época en la que la jet set local se movía desde la capital a Algorta y Las Arenas, en la margen derecha, y a Portugalete y Santurtzi, en la izquierda, para disfrutar de los baños de mar y sus segundas residencias de alto standing, las cuales ocupaban solares mirando al mar y cerca de playas hoy algunas desaparecidas.

Todo obligaba a la expansión de la capital fuera de sus siete calles y arrabales circundantes. Un crecimiento que miró al otro lado de la ría, al actual Ensanche, que se concretó mucho más a partir de 1890 cuando se produjo la anexión definitiva a la capital vizcaina del municipio colindante de Abando, lo cual supuso una ampliación del proyecto original de la expansión diseñada.

Un crecimiento que según Carlos Petrement y Laurin se quedaba corto sobre todo si se quería liberar de terrenos y usos portuarios a Bilbao y trasladar esas actividades mercantiles e industriales al Abra. 

La idea que rondó su mente durante todo el proyecto fue crear en la desembocadura de la ría una extensión de la villa interior con una población marítimo-comercial que tuviera vida propia y comunicaciones directas tanto con el resto del territorio como de la península.

Así como la vida de la vieja Bilbao se concentró en los muelles entre Deusto y San Antón donde ya no podían atracar buques de gran calado, la vida en Bilbao la Nueva se agruparía en las nuevas líneas de atraque y en las aguas cercanas del Abra, entonces en estado casi virgen, las cuales podrían acoger gran cantidad de embarcaciones fondeadas.

El trazado urbanístico del Bilbao La Nueva era sencillo, con la particular forma de un bacalao abierto referida, e iba a suponer ganar superficie al mar con rellenos de tierra y rocas eliminando las playas de Santurtzi y Portugalete.

La parte ancha de la extensión estaba previsto que fuera ocupada por edificios oficiales, dependientes del Estado como la capitanía de puerto, la aduana y demás oficinas y servicios administrativos. En el centro de toda esta área se dibujaba un gran espacio circular de cien metros de diámetro, bautizado ya antes de nacer como Plaza de Vasconia, con una gran escultura en medio. Como mascarón de proa del terreno estaba previsto levantar un palacio en formato redondo y con una elevada cúpula que esperaba alcanzar los 50 metros de altura. Acogería un casino, un balneario, teatro y otros servicios de ocio. Desde este punto, el diseño recogido en los planos dibuja una gran avenida central, como si fuera la espina del bacalao, que se desarrolla al largo de 700 metros de longitud por 30 de ancho hasta el final del planeamiento pegado al municipio de Portugalete. 

Su nombre iba a ser Gran Avenida de Vizcaya y distribuiría los tráficos de peatones e incipientes vehículos a motor así como el tranvía que ocuparía el centro de la avenida. Curiosamente como se ha definido el mismo transporte los próximos años por la isla de Zorrotzaurre.

Esta arteria central iba a ser atravesada por nueve calles que conectarían con otras dos avenidas laterales, la de Álava y Guipúzcoa, ambas de 780 metros de largo por 20 de ancho. Esta última arteria compondría el límite con el ría a través de dique de Evaristo Churruca mientras que la primera se embebería en tierra haciendo desaparecer la costa natural. Como se observan en las imágenes, el estilo de urbe es muy similar al París de la época e incluso se preveía redactar unas ordenanzas municipales específicas para este espacio. Y otro detalle. Todas las calles y avenidas iban a contar con porches o soportales. Era importante guarecerse del sirimiri mucho más imperante entonces que ahora.

Curiosamente todo este proyecto, en cierta manera, se ha estado ejecutando por la Autoridad Portuaria de Bilbao desde 1992, esta vez en terrenos de Santurtzi y Zierbena, con el traslado de la actividad portuaria desde Bilbao y la creación de nuevos espacios, eso sí, exclusivamente con dedicación portuaria, industrial y comercial. 

 

domingo, 23 de junio de 2019

AQUELLOS BAÑOS EN EL DIQUE (1)




Ya hace un par de años que José Luis Garaizabal nos recordó “Cuando el muelle de hierro era zona de baños” ahora que empiezan las vacaciones en ikastolas y colegios ha recordado “aquellos días felices que pasamos en el Dique durante los meses de verano” y nos ha enviado un pequeño articulo del que anticipamos hoy la preciosa foto que encabeza esta entrada.

Cedida hace tiempo por Marga Rovira se ve a un grupo de bañistas en la rampla junto a un gasolino llamado ANAI AR’EBAK.

Creemos que están identificados, Edu Rovira (vestido junto al bote), con pañuelo, Mónica, madre de Begoña y Mertxe Rovira que están a su izquierda, y también de Mari Carmen Rovira que está a la izquierda de la niña del flotador y gorro blanco. A la derecha de la foto y sonriendo con otro chaval, Juanjo Prado y detrás con flotador, su hermano Alberto.