miércoles, 5 de agosto de 2020

LA COMUNIÓN DE UN REQUETÉ


Cuando llegué destinado como coadjutor a la Parroquia de Santa María de Portugalete en octubre de 1966, una de las funciones que me encargó el párroco D. Pablo Bengoetxea fue la de llevar la Comunión los primeros viernes de mes a los enfermos que lo habían pedido. A mí me tocó, entre 4 o 5, llevar la Eucaristía a un señor mayor que estaba en cama en la calle General Castaños 4, 4º. Era soltero y vivía como huésped en la vivienda de Paquita Astorga Bayo, que luego me he enterado que era la delegada de la Sección Femenina de la FET-JONS. Así lo hice durante varios meses hasta que el señor murió en 1967 con 86 años.

La funeraria de José Gómez encargó a la Parroquia la Misa-funeral para el lunes dejando un papel en la sacristía. Dio la casualidad de que esa semana me tocaba celebrar los funerales, pero los lunes yo cogía fiesta para estar con mi familia y mis amigos en Bilbao y no había teléfonos móviles en esa época. Total, que llegada la hora del funeral, no había cura. Al volver, los compañeros de la Parroquia me dijeron que habían solucionado el problema. Este lío dio pié a que en adelante los funerales no los encargaba la funeraria sino la familia.

Después de 40 años me he dado cuenta en mis investigaciones para escribir los libros sobre los últimos años de Portugalete que aquel señor era nada menos que IGNACIO IZAGA OJEMBARRENA. Había nacido en Orduña en 1891 y consiguió la plaza de sacristán y archivero en la Parroquia de Portugalete en 1915 con el párroco D. León Fernández.
El ser el jefe del partido carlista le trajo varios problemas políticos: junto con Salvador Aróstegui y otros portugalujos hizo frente a los republicanos que querían quemar el templo como habían incendiado en 1934 la Casa-Torre de Salazar; a su vez éstos le tuvieron preso 11 meses en los barcos-prisión y en las cárceles de Bilbao. Como compensación, cuando se produjo el golpe de estado de los franquistas, fue elegido como concejal con el alcalde Miguel Loredo el 19 de noviembre de 1937. Como tal fue miembro del comité local de redención de penas con el trabajo y con Idilio Gallego, también concejal, fue recaudador de la suscripción pro-aguinaldo del soldado.
Aficionado a la lectura revisó el Archivo Municipal y redactó varios artículos de la historia de la Villa en los programas de fiestas de varios años. Cuando en el año 1937 la Caja de Ahorros Vizcaína se instaló en la casa de Chapa en la plaza del Cristo, según informaba el periódico “La Gaceta del Norte”, le pusieron a él como director y adoptó el pseudónimo de BARRENAOJEM. Por su cuenta instaló una oficina de Seguros en su habitación.
Conclusión particular: conozco ahora Portugalete mejor que cuando llegué en 1966.

TASIO MUNARRIZ


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