lunes, 9 de enero de 2023

EL OJILLO DE POSGUERRA: LA CALLE CORREOS Y SUS CAMPAS (5)

 


Tras la entrada dedicada a la casa de la panadería de Menes, en el nº 1 de la calle Correos, Juan Fermín López Markaida, extiende sus recuerdos a los siguientes números nones de esa calle en aquellos años: 

En esa acera nos encontramos con varias Tejavanas y en una de ellas, el nº 7, Herminio Álvarez, el carbonero, metía allí el burro, el carro y tenía el depósito de leña para prepararla para su posterior venta en la leñería, carbonería, de la lonja derecha del nº 5 del Ojillo.

Junto a él estaba el chatarrero Molinuevo, el del bar de la calle Santa María frente al ayuntamiento, y donde en las fiestas de San Roque en agosto se guardaban las vaquillas que se iban a correr esos días. La foto inferior corresponde al encierro de 1950.

Así mismo frente a la estafeta de correos tenía su sitio el tallador lapidario del pueblo, José Uriarte, al que se le llamaba el tubero, pues hacía herrajes y clivaje de lápidas para el cementerio de Pando.

Pasada esa tejavana teníamos la campa huerta de los Aroma (antigua “campa de los aldeanos” de Miren Vicuña), la huerta de Rastrilla con la morera y detrás el enorme pabellón del taller de los hermanos Pradas y que iba desde la calle Correos a la entonces denominada Calvo Sotelo, actualmente Gipuzkoa.

La morera y la huerta en la que se encontraba, estaba al cuidado de un tal Novella, que era el que, mecachis, reñía a los chavales que se acercaban por allí con sus juegos. En ocasiones nos ponían para dificultar el acceso algunas vallas que al fin las dejaron por aburrimiento e imposibilidad de controlar aquel aluvión de jovencitos juguetones. Abandonaron las huertas como cultivo y aquello quedó despejado todo para nosotros. La morera nos daba también algo muy interesante para algunos de nosotros que no era otra cosa que sus hojas. Sí, sus hojas nos venían de maravilla para los que teníamos gusanos de seda en casa en una caja de zapatos y así darles de comer.

En aquellas campas teníamos unos cientos de metros estupendos para jugar partidos de fútbol, con dos piedras como marco de porterías, o la chaqueta o jersey colocados en el suelo bien doblados, para evitar discusiones si había entrado el balón o pegado en el poste. Ené ama que jaleo se preparaba.

En una palabra, tanto por la calle de arriba o por la de abajo de Correos, estábamos rodeados de huertas y campas que utilizábamos como jolastoki, una bicoca. Todo un recuerdo del pasado, con un ambiente rural en Portugalete, todavía solo hace 70 años.

En la foto que encabeza esta entrada, a la izquierda, de Elosua desde su casa del Ojillo, con la leñera de Herminio, la campa de los Aroma y la huerta de Rastrilla con su morera delante del taller de Pradas. A la derecha con Juan Uría y su esposa Emilia Aroma con su hija Maritxu, en la parte alta de su campa con el cine Ideal detrás y la fábrica de gaseosas Berriatua. Debajo Alfre Palacios, con su abuela y hermanos, y la morera de Rastrilla detrás, y los pequeños Fidel Leza y Juanjo Uría, con sus respectivos balones y la calle Correos abajo.



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