En
la plaza Poeta Larrañaga encontramos este olivo que ya era centenario cuando
llegó a Portugalete (la utilización de pies cultivados y añosos en jardines
urbanos es una práctica bastante extendida).
Estos
terrenos pertenecían al convento de Santa Clara, fundado hace más de 400 años. Hacia
1614 unas monjas llegadas de Orduña se unieron a un grupo de beatas
portugalujas. Abrazaron la regla de Santa Clara y fundaron este convento de
clausura, a extramuros de la Villa.
En
el año 1976 las monjas abandonaron el convento, y el edificio fue adquirido por
el Ayuntamiento. Tras su rehabilitación se convirtió en el actual Centro
Cultural Santa Clara.
Aunque
en este caso su función es ornamental, el olivo es un árbol mediterráneo que tiene
una gran importancia alimentaria, económica y cultural. En la cultura cristiana
constituye un símbolo de paz, en recuerdo de la alianza de Dios con la
humanidad tras el diluvio universal, cuando una paloma volvió al arca de Noé
con una rama de olivo en el pico.
Los
primeros campeones olímpicos eran distinguidos con una corona de olivo, y los
juegos se inauguraban encendiendo una rama de este árbol, lo que constituye un
precedente de la actual antorcha olímpica.
JOSEBA
MARTÍNEZ HUERTA.

No está de más insistir -ya lo he hecho otras veces- en que las monjas de Santa Clara ya se citan como "beatas" en 1585, cuando vivían en una casita extramuros. Lo que sucedió en 1614 fue su paso a la orden de Santa Clara, que se regía por las reglas de San Francisco, por lo que algunas veces se citan como "beatas de San Francisco".
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