jueves, 29 de octubre de 2026

ARBOLES DE LA VILLA: EL PINO DE TXIKITXU

 


 

Al comenzar el siglo XX, el barrio de Abaro se extendía entre el escarpe de la cornisa sobre el mar y el Casco Viejo. Su privilegiada situación como mirador sobre el estuario hizo que la burguesía fuera construyendo sus grandes casas, que contaban con amplios jardines.

Una de ellas era el palacio de El Salto, construido por los condes de Rodas.

La única hija de los condes, Elisa Emilia, contrajo matrimonio con el doctor Enrique de Areilza, y el palacio se convirtió en su residencia habitual.

Actualmente en la finca se encuentra la Escuela Infantil Txikitxu, en cuyos jardines se encuentra este magnífico pino que, dado su porte, es posible que conociera el doctor Areilza.

El pino es símbolo de fuerza vital e inmortalidad por su condición perenne y por agarrarse fuertemente, con sus raíces, en lugares de fuerte erosión.

De los múltiples productos obtenidos del pino, hay uno que, aunque humilde, ha jugado un papel significativo en la trayectoria histórica de la villa: la pez. Esta brea o alquitrán se utilizaba para la impermeabilización de botas, cueros y barricas para el vino. También se usaba para el calafateado de los barcos de madera. Se calentaba la pez, y se echaba en las uniones de los tablones, introduciendo fibras vegetales, como la estopa, de tal manera que al enfriarse se quedaban selladas y se evitaba la entrada de agua.

Los pinos, como el resto de coníferas, no tienen flores con pétalos; en su lugar, producen estructuras reproductivas llamadas conos (masculinos y femeninos), siendo el viento el que se encarga de la polinización.

Es curioso observar, por otra parte, cómo el pino está presente en nuestra vida cotidiana, no solo en los parques, sino también en las conversaciones, donde aparece con frecuencia en expresiones del tipo “como la copa de un pino”, “estar en el quinto pino”, “hacer el pino”, “plantar un pino”, “hacer pinitos”, “estar a partir un piñón”, etc.

 JOSEBA MARTINEZ HUERTA

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