viernes, 3 de noviembre de 2023

OTRA APORTACION A LA HISTORIA DE NUESTROS CAMPOSANTOS

 


Antes de que dejemos atrás hasta el próximo año el tema del cementerio portugalujo, e ilustrando esta entrada con dos imágenes de la ampliación que tuvo lugar a finales del siglo XX del que tan poco se habla, recogemos las noticias que nos ha aportado Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales en su blog LA VIDA PASA.

 El suelo de la iglesia, donde se enterraba a los vecinos, era de tierra y empezaba a ser un peligro para la salud pública por las exhalaciones cadavéricas que se respiraban, y además de otros gastos de conservación se gastaban anualmente para tenerlo más adecentado más de 200 reales en juncos que se extendía encima de la tierra, quitando el viejo.

El 20 de mayo de 1809, siendo cura beneficiado de la parroquia Francisco Javier Salcedo, canónico de la santa iglesia Catedral de Toledo, Primaria de España, se decretó la erección de un cementerio o Campo Santo para enterrar los cadáveres eligiendo como el lugar mas apropiado por su elevación, ventilación y otras causas de comodidad la parte trasera del templo.

La última persona que se enterró en su interior fue el 28 de octubre de 1809, la niña Gregoria Francisca de Lois Ibarguen de seis meses de edad.

Una parte del terreno, dedicado al cultivo de hortalizas, situado en la parte sur debajo del camino llamado del carro, que confinaba por la parte del este con el mismo camino que bajaba a la ribera y muelle viejo, y por el oeste con otro terreno de Ramona de la Llosa y Zuazo, de esta vecindad, mediando entre ambos un carrejo angosto que sirve de paso, se había comprado a José Díaz Pimienta, y a Doña Ramona de la Llosa y Zuazo.

José Díaz Pimienta y Parada de Hinojosa, Marqués de Villarreal, (este título le venía por el vínculo fundado por Martín y Francisco de Ballecilla, a favor de Alfonsa Jacinta de Ballecilla), se titulaba Señor de las Villas de Villarreal de Burriel, Albilla y Renuncio en la Merindad de Burgos, siendo Teniente Coronel de los Reales ejércitos de su Majestad, agregado del capitán de la plaza de Madrid.

 El nuevo cementerio se bendijo el 31 de octubre de 1809 por Josef Mariano de Larrea tras una solemne función de iglesia con sermón de Juan Bautista de Aranco y asistido de sacerdotes, el Ayuntamiento y la mayor parte del vecindario.

El primer enterramiento en el Campo de la Iglesia, previa misa, fue celebrado el 11 de noviembre del año 1809 y correspondió a un párvulo de apellidos Allende Llave, que expiró luego de nacer y que había sido bautizado por su partera.

A comienzos del año 1873 surgió la idea de trasladar el cementerio a otro lugar, eligiendo por su ubicación unos terrenos en Pando. El cementerio se edificó no sin problemas en las propiedades de Ignacio Larrea y de Juan de Durañona.

Se construyó dedicando una parte importante de sus terrenos solares para la edificación de panteones, criptas o terrenos para tumbas. Otra parte se dedicó para sepulturas destinadas a la población en general y para mantener un espacio constante para otros enterramientos en la parte civil, se siguió una normativa de duración determinada del enterramiento y levantamiento del cadáver.

Proyectado por el arquitecto Severino Achúcarro fue inaugurado el 6 de marzo del año 1878.

La zona privada, fue adquirida por la clase pudiente del pueblo. Apellidos como Arana, Chapas, Chavarri, Ereño, Ubao, Carranza, Balparda, Durañona, Salazar, Otaduy, Retuerto, Castet, etc. se encuentran presentes en las lápidas de tumbas y panteones. Y parte de estas parcelas fueron posteriormente revendidas a otras familias de alto poder adquisitivo como es el caso de la parcela adquirida por Sotera de la Mier que fue vendida a la Familia Chapas, la comprada por Rufina Capetillo, fue posteriormente vendida a Félix Chavarri, y las parcelas compradas por Cecilio Martínez Euscauriza en el año 1881, fueron finalmente vendidas a la Familia Juaristi. Estos tres panteones situados a la entrada del cementerio serían de los más antiguos del conjunto total de los monumentos funerarios.

1 comentario:

  1. Siempre aprendiendo: ahora resulta que existen dos apellidos que hasta ahora ignorábamos: CHAPAS Y EUSCAURIZA.

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