martes, 20 de febrero de 2024

EL OFICIO MÁS VIEJO DEL MUNDO EN PORTUGALETE

 


Si hemos de hacer caso a la calificación del “oficio más viejo del mundo”, entonces podemos dar por hecho, sin riesgo de equivocarnos, que este oficio existe en nuestro solar desde la misma fundación del villazgo. Como es fácil suponer, las que se dedicaban a ello eran desheredadas de la vida: viudas, huérfanas, repudiadas... Efectivamente, ya desde el siglo XVI tenemos noticias de “amancebadas” que vivían en pecaminosa convivencia incluso con algunos clérigos, lo que era motivo de murmuración y escándalo. La prostitución debió alcanzar su cenit en los siglos XVII y XVIII, época del apogeo comercial de la villa, cuando en nuestro puerto atracaban multitud de comerciantes y soldados nacionales y extranjeros.

Lógicamente este oficio llegó a nuestros días, y merece la pena echar un vistazo a los pocos restos que nos lo recuerdan, en concreto los carteles que aún se conservan del Club Souton, en la calle Martín F. Villarán, y el Hart Club, en la calle Danok Bat (damos las gracias a Mikel Fernández López, experto en la “movida portugaluja”, por aportarnos los datos que siguen).

En cuanto al Club Souton, antes de convertirse en prostíbulo era un disco bar, donde a finales de los 70 y principios de los 80 iba la juventud a bailar los últimos éxitos del pop-rock. Luego lo adquirió un tipo apodado “el Francés” (es de suponer que por su origen, o quizá porque conducía un Citroen Tiburón), quien además tenía dos clubes más en Sestao.

Respecto al Hart Club, Mikel Fernández nos comenta: “Tuvo bastantes problemas con las autoridades, redadas, peleas, tráfico de sustancias; por allí deambulaban todas las aves nocturnas de la margen izquierda, algunos personajes de la villa y de los municipios cercanos. Recuerdo que la prensa dio noticia de una de las visitas policiales de aquellos años 80, cuando encontraron al tipo más buscado de Santurce, “el Cacheiro”, un joven que con su temprana edad se enfrentaba a todosDespués de los años 90 estos locales fueron desapareciendo, y los movimientos migratorios nocturnos se fueron canalizando hacia Bilbao”.


Aitor González Gato

 

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