martes, 1 de agosto de 2023

OFICIOS ANTIGUOS: LOS PASTORES DE PORTUGALETE (2)

 


Seguimos con los pastores de nuestra Villa, hablando hoy del portugalujo (si bien residente desde hace unos años en Santurtzi) Javier Dávila González, de 45 años, quien amablemente nos recibe en un terreno de Pando donde guarda sus poco más de 30 ovejas (aunque posee otras 22 en Vicíos).

Javier es hijo de Esperanza González, originaria de Los Barrios (Cádiz) y Antonio Dávila, quien nació en 1954 en Zalamea de La Serena (Badajoz). Este llegó a Portugalete hacia 1966, con tan sólo 12 años, donde tiempo después conocerá a Esperanza. Sería hacia 1977-78 cuando Antonio empezó como ganadero con unas cuantas vacas y caballos en una granja de La Florida. En 2015 Lino, un gallego propietario de un terreno en Pando, le vendió las ovejas que este tenía, y desde entonces las tienen y cuidan en dicho terreno. Antonio ofició de pastor hasta 2021, año de su fallecimiento. Fue entonces cuando Javier cogió el testigo de su padre, si bien ya desde los 30 años dedicaba buena parte de su tiempo a cuidar de las vacas que tenían en La Florida.

Javier me cuenta que el oficio de pastor no basta por sí sólo para vivir (lo compagina con otro trabajo), al menos no con la cantidad de ovejas que posee, pues haría falta un número mucho mayor para poder vivir de ellas. Un trabajo que además exige su atención todos los días del año, pues hay que asegurarse de que las ovejas están en buen estado, atenderlas cuando tienen alguna enfermedad, darlas de comer, trasquilarlas, etc. Hoy por hoy, sólo puede sacar un modesto beneficio empleándolas para la venta de carne, que como hemos dicho es insuficiente para vivir únicamente de ello. A pesar de la dureza y los sacrificios de este trabajo, me confiesa que le gusta mucho el oficio, pues desde que era niño ya ayudaba a su padre con las vacas (me cuenta anécdotas entrañables, como cuando desde el pupitre de la escuela veía cómo se escapaban las vacas y el profesor le daba permiso para salir un poco antes, y entonces el pequeño Javier corría a reunir a las escurridizas vacas).

El afable Javier rememora otras viejas historias, como la amistad que mantenía con Angelín “el Carranzano”, quien también tenía sus vacas en una granja y casa en Pando ya desaparecidas, o como cuando un día vino un pastor de Cobarón a enseñarle a trasquilar a las ovejas, o las mil lluvias y vientos, y alguna nevada, que él y su padre han tenido que soportar para atender al ganado. Y cómo antaño se ayudaban entre los pocos pastores y ganaderos que había en Portugalete.

Hoy a los problemas económicos de un oficio duro se le une la escasez de pastos: la hierva en Pando no es tan frondosa como lo era antes, ya que ahora llueve menos; las ovejas comen a casi todas horas, y, lo que faltaba, son cientos los conejos que habitan esta zona rural, que acaban con el poco pasto que hay. Por ello nuestro buen Javier tiene que llevarse las ovejas a Ciérvana, donde hallarán mejores pastos durante el verano, hasta que, pasado este, regresen a Portugalete.

En fin, un viejo oficio que hay que “tenerlo en la sangre” para llevarlo a cabo. Y a Javier Dávila le sobra voluntad y ganas.

Aitor González Gato.

 

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