jueves, 7 de diciembre de 2023

PORTUGALETE EN EL BLOG DE FELIX G. MODROÑO


 
Publicado en el blog de Félix G. Modroño el 6 de mayo de 2009: 

Los fuertes vientos y las abundantes lluvias, que bajaban impetuosamente por unas calles sucias e insuficientemente empedradas, no contribuían a cuidar la salubridad de los portugalujos, que se mezclaban con los marineros de los barcos que frecuentaban el puerto. Muchos de ellos gentes de mal vivir que aprovechaban sus estancias en tierra para visitar tabernas y burdeles clandestinos, donde se gastaban el salario y buscaban desahogo a las represiones acumuladas durante meses en altamar. (Muerte dulce, página 88)

Mucho ha cambiado Portugalete desde su creación, allá por 1322, cuando lo componían tres largas calles empinadas atravesadas por estrechos cantones, a pesar de que aún conserve aquel trazado medieval… y mucho ha cambiado desde aquellos años setenta de mi niñez. Hoy es una villa moderna, agradable y limpia. ¡Con rampas metálicas en plena calle para subir las cuestas! Es una delicia pasear por el Muelle de Churruca con el jersey anudado sobre los hombros (como mandan los cánones) y dejarse acariciar por la brisa de la ría abandonándose al mar. Nunca me cansaré de contemplar el Puente Colgante.

Atrás quedaron la contaminación y los cielos rojizos de los febriles años industriales. Aquellos años en los que se forjó mi personalidad en esta apacible villa proletaria de la margen izquierda.

 Para mí Portugalete es sinónimo de evocación: los partidos de baloncesto en el patio del Colegio Santa María, nuestro quinto piso sin ascensor de la calle Ortuño de Alango, las palmeras de coco y los bollos de mantequilla de la tienda de Cristi, las maravillosas vistas al mar desde la casa de mi amigo Agustín, el olor de los libros de la Biblioteca Municipal, las monedas antiguas que me regaló el abuelo de Infante, los futbolines de Santos, los cortes de pelo en la vieja barbería de General Castaños, las visitas a mis tíos y sus nueve hijos en Repélega, los juegos en la plazoleta donde Íñigo tiraba de la coletas de Merche como único modo de demostración de afecto, las salidas al monte, el coro de la capilla, los uniformes de las chicas de El Carmen, las redacciones de don Ángel Alonso, las lecciones de sexualidad del “padrecito” Llanos –jesuita para más señas-, el nacimiento de mi hermana Cristina y su bautizo en la preciosa Basílica de Santa María, la música de Supertramp, los jeriguays en los guateques del colegio, Grease en el cine Java, las mañanas dominicales en el Parque de los Monos…

… podría seguir, pero sé que no hace falta porque quien más quien menos tiene su Portugalete.

 

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