viernes, 2 de diciembre de 2016

RECORDANDO NUESTRA INFANCIA: MORAS, PIRUCHOS Y BORONAS (5)



Marcos Merino, no podía dejar de recordar las andanzas de los chavales por las huertas y jaros de la Villa y sobre todo en las afueras.

En la época de verano abundaban las moras y piruchos, pero los mejores estaban lejos de nuestras estaturas, como el refrán de "zorra y las uvas”. Esta dificultad la solucionamos con un artilugio formado con la puntera de una caña de pescar, un cepo de pájaros cerrado con tela o red amarrado a la caña en un extremo y con cordel para abrir el cepo. De esta manera se apresaban los mejores racimos de moras y piruchos. También “caía" alguna fruta cercana de los cerramientos de las fincas, como el caso del melocotón.
En las proximidades del Rio Ballonti había una huerta cerrada con alambre de espino y con la maleza se hacía una barrera tupida. En el centro del cerco habida un melocotonal joven con un melocotón de exposición, lo contemplábamos un día y otro y como iba madurando. Con el cepo y la caña con las que cogíamos las moras y los piruchus se lo apañamos repartiendo a mordiscos el manjar. Estando todavía allí con nuestro reparto llego el aldeano y empezó a jurar y a rascarse la cabeza, de cómo demonios le habían podido robar el melocotón sin dejar huella alguna sobre la tierra trillada.
También debo recordar cómo empezábamos a fumar con la panoja de la espiga del maíz, después de "apañar" el papel del fumar al padre. También solíamos hacer un calentin en la campa de San Roque donde se asaba alguna patata y espigas de maíz que se "apañaban" de las huertas.
Cuando se disponía de algo de carburo, con una lata de conserva se hacía un orificio en el fondo clavando la boca de la lata en la tierra. Se hacía hermética con arcilla ablandada, el carburo producía gas y aplicando un papel encendido amarrado a un palo se originaba la explosión lanzando al aire lata y arcilla.


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