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nos encontramos con la tesis doctoral de Elena Llorente Arriba titulada LA
CASA Y EL IMPERIO. GLOBALIZACIÓN Y HEGEMONÍA LOCAL DE LA OLIGARQUÍA MERCANTIL
EN LA VIZCAYA ALTOMODERNA, que nos revela datos importantes sobre la oligarquía de
nuestra Villa en la Bizkaia de aquellos siglos
La conclusión a la
que llega es que a diferencia de otras familias vizcaínas que
buscaron una expansión más global hacia Sevilla o la Corte, las familias de
Portugalete analizadas muestran un modelo de "retracción a la comunidad
local". Invertían en tierras locales y mantenían redes
matrimoniales más cerradas dentro de su entorno cercano para conservar su
autoridad en el gobierno de la Villa. El matrimonio y el control de cargos como
la regiduría eran sus herramientas para mantener la hegemonía en el puerto y su
zona de influencia.
En resumen, en el trabajo se utiliza a Portugalete para contrastar cómo
algunas familias de la élite vizcaína que prefirieron centrar sus esfuerzos en
el control del poder local y la defensa foral frente a las exigencias de la
Monarquía Hispánica.
La autora encuentra un escenario
fundamental para su estudio en los linajes de Salazar, Vallecilla, Larrea y
Otañes.
Parte estableciendo a Portugalete como el "primer puerto" de la
ría del Nervión y un pivote fundamental para las rutas comerciales entre
Castilla y el norte de Europa durante el siglo XVI. La Villa era el centro de
exportación de hierro vasco (proveniente de la cuenca de Somorrostro) y de lana
castellana, negocios en los que participaban activamente las élites locales en
asociación con comerciantes de Burgos o Valladolid.
De las citadas familias radicadas en la Villa destaca:
Salazar y Vallecilla como linajes dedicados al comercio de exportación e
importación en el Quinientos (siglo XVI).
Larrea, una familia originaria de Álava que llegó a Portugalete en la
primera mitad del siglo XV, encabezada por Martín de Larrea y Arriola, destacando
Ochoa de Larrea, quien logró consolidarse como regidor perpetuo en el siglo
XVI.
Otañes Salazar como dueños de un amplio poder territorial, jurisdiccional y
económico, aunque este poder se vio algo reducido hacia el siglo XVI. Un
episodio detallado ocurre en 1649, cuando el receptor de la corona, Francisco
García del Bado, llega a Portugalete para cobrar una deuda de 46.800 reales por
obligaciones incumplidas, siendo Ochoa de Otañes Salazar quien lideró la
defensa de la Villa, negando que Portugalete tuviera tal obligación con el Rey.
El texto relata un momento de alta tensión en el que Ochoa llegó a amenazar con
acuchillar al enviado real, presentándose no solo como un noble local, sino
como defensor de los derechos y fueros de la comunidad vecinal.

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