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miércoles, 5 de agosto de 2026

LA HISTORIA DEL HOTEL Nº 9: LA VISITA DEL GASTRÓNOMO NEWNHAM-DAVIS

 


En el Puente Colgante Boutique Hotel, han sido muchas las personalidades que se han hospedado. En 1902 tras reinaugurarse con la presencia del indiano se registró la estancia del famoso Teniente Coronel Nathaniel Newnham-Davis. Excombatiente en las guerras zulúes y miembro del servicio de inteligencia en la India, destacó tras su retiro en 1894 como pionero de la crítica gastronómica moderna transformando el periodismo culinario con un enfoque fresco, riguroso e independiente, siendo proverbial su ética al evaluar, rehusando comidas gratis para mantener su objetividad.

Tras recorrer el continente analizando los mejores comedores de Paris, Montecarlo y otras capitales, llegó aquí, quedando su impresión reflejada en la famosa Guía Gourmet de Europa de 1903:

En Portugalete, el puerto de Bilbao, hay un restaurante —bueno, para lo que suelen ser los restaurantes españoles— anexo al hotel de la localidad, el Hotel Inza, cuyo propietario es D. Manuel Calvo.

El cocinero y el personal de camareros proceden de Lhardy, el conocido restaurante madrileño, y pasan el verano junto al mar. Los precios de este restaurante son elevados.

La relación con el histórico restaurante madrileño Lhardy, paradigma del lujo culinario, se debía a la estrecha amistad entre el dueño Emilio Lhardy y nuestro indiano, quien lo utilizaba en sus visitas a la península para reunirse con los personajes políticos notables, disponiendo de un piso amueblado sobre el mismo.

En 2022 en un encuentro gastronómico celebrado en Portugalete, este vínculo se recordó con un menú degustación especial ofrecido por la actual Casa Lhardy recordando aquella amistad.

En la actualidad el Hotel figura en la Guia Michelin entre los recomendados y en la Repsol con un Sol en el Paladar by Zuriñe García, el único que se ha concedido en Bizkaia este año y el primero de la Margen Izquierda y un Solete al Txakoli de El Paladar

 

miércoles, 17 de junio de 2026

EL VIÑEDO OLVIDADO DE LA CALLE MUGAKOA: HISTORIA Y RAÍCES DE NUESTRO TXAKOLI

Saber de dónde venimos nos lleva a valorar aún más cada trago y cada proyecto actual, comentaba con motivo de la inauguración de la quinta edición del festival Bizkaiko Txakolina Fest, la asociación Portugaleteko Mahastizainak Txakolinaren Elkartea, que publicó un artículo de su miembro y viticultor José Luis Garaizabal titulado "NUESTRO TXAKOLIN- SUSTRAIAK: DESDE LA PEÑOTA A LA FIESTA DEL TXAKOLIN". En él, ilustrado con una fotografía del libro “Hospital de San Juan de Dios de Santurtzi: 100 años cuidando de los ‘vizcainos dolientes’” (2024), se rescataba un documento de marzo de 1913 que respondía con rotundidad a una pregunta: ¿Sabías que los terrenos que actualmente forman la calle Mugakoa (junto a la clínica San Juan de Dios) eran abundantes viñedos?

Pasado aquel evento, José Luis ha seguido tirando del hilo de la historia. Hoy nos informa de la ampliación de su investigación, que arroja luz sobre los antiguos productores locales y el paisaje que un día vistió de verde las fronteras entre Portugalete y Santurtzi.

Durante el estudio de los terrenos limítrofes con la actual clínica de San Juan de Dios, Garaizabal dio con el citado documento fechado el 19 de marzo de 1913. Se trata de la descripción detallada que hizo su antiguo propietario, Juan Echavarria Menchaca, tras vender los terrenos a la Fundación Benéfica Aguirre (entidad que levantaría el centro hospitalario inaugurado en 1924).

Juan falleció apenas unos meses después, en diciembre de 1913, habiendo disfrutado los últimos nueve meses de su querida finca gracias a una cláusula de usufructo vitalicio concedida por Pedro Icaza. Aunque no lo tiene confirmado al cien por cien, los indicios apuntan a que Juan Echevarria Menchaca era familia de otra gran productora de txakoli portugalujo de la época: Laureana Menchaca, madre de María Uriarte.

En la citada fotografía que la fecha en los años 50, podemos apreciar en primer plano un caserío, que piensa que se trataba de la “casita del hortelano”, rodeado de una frondosa parra sobre armazón de madera. Este caserío y las huertas colindantes pertenecían a la finca Miraflores de John Bailey Davies que luego pasó a los Monleón-Vicuña rebautizada como Mugakoa. La casa grande de la izquierda, que en un principio pensaba fuera la casa principal de Juan Echevarria, era en realidad el lazareto que fue construido por la fundación sobre su antiguo viñedo, en el que se aislaba a los enfermos infecciosos de la clínica.

Dichos terrenos son los que hoy conforman la calle Mugakoa.

La casa principal mencionada, que no aparece en la foto pues se hallaba separada del resto de la finca ya que estaba situada junto a la carretera de Portugalete a Santurce, contaba con tres bodegas y un lagar para hacer vino.

Para ayudar a su identificación, recurre a un fragmento de una segunda fotografía de los años inmediatamente anteriores a levantarse el centro, con la casa de Echevarria, con su tejado de tejas vidriadas de tono oscuro (tras los árboles) situada entre la casa de María Uriarte (izquierda) que hoy sigue en pie dentro de la clínica y el chalet Miraflores (luego Mugakoa), todas ellas frente al actual palacio Oriol.

Los datos técnicos extraídos de este documento son importantes para la historia de la viticultura local. La propiedad total medía unos 88.000 pies (8.175,5 m2), distribuidos de la siguiente manera:

El viñedo: Ocupaba unos 26.000 pies (aprox. 2.415 m2) y estaba dispuesto en un moderno sistema de espaldera con estacas de castaño y tiros de alambre.

Los parrales: Contaba con tres parrales. Uno de 60 metros con armazón de hierro y bases de piedra en los puyares (¿poyales=basas de los postes?) y otros dos de 90 y 38 metros con armazón de madera de roble, tiros de alambre y base de piedra en los puyares.

Autosuficiencia y recursos: Para las ataduras, disponían en la finca de infinidad de mimbreras, “que es difícil obtener aquí en su tiempo”. Igualmente, contaba con un cañaveral junto al arroyo y un pozo manantial “hecho a barreno y forrado de ladrillo”.

Arboleda: La finca se completaba con algo más de 200 árboles de doce años de antigüedad, sin contar las parras.

Este paisaje industrial y residencial que hoy conocemos fue durante siglos tierra de vino. Ya en 1764, el pintor Ramón de Villalón plasmó en uno de sus lienzos la zona a orillas del arroyo Peñota —el cual discurría por el centro de la finca descrita—. Aquella pintura ya mostraba las laderas plagadas de viñedos en espaldera.

La pasión por las viñas y el txakoli en Portugalete no es una moda reciente; es una herencia enterrada bajo el asfalto de calles como Mugakoa. Investigaciones como la de José Luis Garaizabal nos demuestran que, cada vez que brindamos con vino local, estamos dando continuidad a una historia centenaria.

miércoles, 13 de mayo de 2026

DOS VISTAS PANORAMICAS DEL PORTUGALETE DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 


Van a hacer casi tres décadas que publicamos el tomo de la colección El Mareómetro dedicado a Recuerdos de Portugalete, de José Mª Areilza, del que hoy recordamos estas dos fotografías que ilustraban su texto, aunque con una oscura calidad que ahora solventamos recurriendo a la informática.

La primera de ellas enfoca al Abra y la parte de Santurtzi, con dos simpáticos personajes observándolo desde el alto de Kanpanzar, un hombre y un niño con su sombrero, y la segunda mirando hacia Bilbao con el centro de la Villa.

El autor nos recordaba que “toda la antigua cornisa estaba cubierta de fincas con frondoso arbolado, separadas por altas y feas tapias de mampostería y señalando entre ellas una que levantó Lucas Urquijo que tenía cerca de 10 metros de altura que debió ser un “tour de forcé” ingenieril de hormigón armado de su tiempo”.

Dicho muro se aprecia perfectamente junto al actual palacio de Oriol, y observamos que el hospital de San Juan de Dios, construido en 1924 todavía no existía.

Siguiendo hacia la derecha nos encontramos con El Saltillo y El Salto, en que vivía el autor, que recordaba que por el jardín de este ultimo “corrían las aguas subterráneas que acababan en cascada de cola de caballo por el acantilado, de donde venia el nombre de El Salto”. Enfrente de ellos, en su parte superior, estaba el chalé de Butrón donde recordaba tambien que en su lagar se pisaban los racimos de uva con la que obtenía el txakoli de la casa.

En la segunda foto con el edificio del Hospital Asilo a la derecha, nos llama también la atención la existencia de viñas restos de una época de tradición txakolinera.

viernes, 20 de febrero de 2026

155 AÑOS: DEL SUEÑO DE MANUEL CALVO AL SOL DE ZURIÑE GARCÍA. EXCELENCIA EN LA VILLA JARRILLERA

  


El Puente Colgante Boutique Hotel, nuestro hotel por antonomasia, es mucho más que un edificio emblemático frente al Ayuntamiento; es un testamento vivo de modernidad y hospitalidad. Cuando Manuel Calvo concibió este "Gran Hotel" hace más de siglo y medio, su visión fue dotar al pueblo de un establecimiento al nivel de los mejores de Europa. Hoy, al cumplir 155 años, ese deseo fundacional se refrenda con la máxima distinción gastronómica nacional: un Sol de la Guía Repsol para su restaurante El Paladar.

EL VALOR DE LO INVISIBLE.

En un país con más de 100.000 restaurantes, formar parte de los apenas 800 que ostentan un Sol sitúa a su cocina en un club exclusivo de menos del 1% del sector. Este reconocimiento certifica una gastronomía de "nivel Dios", pero, sobre todo, premia lo que no se ve. Un Sol no se entrega solo por el plato; se otorga por la calidez del "egunon", la pulcritud y limpieza de cada rincón y la impecable atención al detalle. Si fallara un solo eslabón de esta cadena humana, la "bolita de cerámica" no luciría hoy en nuestra Villa.

UN CAMINO JALONADO POR GIGANTES.

Este premio es el resultado de una trayectoria histórica. Desde Brígida Murua Izaguirre en 1880, con su legendaria vajilla de porcelana, pasando por los veranos en los que el servicio llegaba del mítico Lhardy de Madrid, hasta el maestrazgo de Antonio Saloña entre 1951 y 1971.

Hoy, esa pléyade de nombres culmina en Zuriñe García. Una de las pocas mujeres líderes en la alta cocina, Mejor Restauradora 2018 y poseedora de una estrella Michelin, Zuriñe ha fusionado la tradición vasca con la sofisticación actual. Ella es el rostro visible de un éxito compartido por toda la familia del Hotel.

IDENTIDAD Y COMPROMISO JARRILLERO.

Siendo el único restaurante de Bizkaia premiado este año, El Paladar rinde homenaje con su nombre y decoración, a sus orígenes cubanos y a la tradición de la antigua Fonda Calvo de Maripepa Aguirre. Pero su compromiso con Portugalete no se queda en la alta cocina: se extiende a El Txakoli, (todo un guiño a nuestra historia de villa productora de txakoli pionera en Bizkaia) donde ofrece la esencia de nuestra gastronomía tradicional a precio asequible.

Desde ser “Casino” en el siglo XIX, o albergar a personajes famosos y de la realeza hace un siglo, ya en época moderna de posguerra ha sido lugar de tertulias diarias, partidas de ajedrez, los inevitables banquetes de bodas, o infinidad de actos culturales.

En este siglo XXI, se unió al reconocimiento del Puente Colgante como Patrimonio de la Humanidad, adaptando su nombre al actual de Puente Colgante Boutique Hotel, realizando una ingente actividad que le ha hecho sonar a nivel nacional, en jornadas como las gastronómicas de homenaje a la cuchara, los encuentros SUITE de sala, o en lo que en el ámbito cultural jarrillero han representado los Encuentros Portugalujos del Hotel, con grandes asistencias de “gente del mareómetro”.

Todo ello demuestra que la verdadera luz del Sol nace del esfuerzo diario de un equipo unido, sin olvidar que detrás hay un gran profesional al mando, como es el caso de Ricardo Campuzano.

Nuestro reconocimiento y orgullo jarrillero por lo conseguido. Zorionak a todos.

viernes, 16 de enero de 2026

¿QUIÉN FABRICA LOS RECUERDOS? (I): POSTALES DE UN PORTU GRIS

 



Hoy volvemos a recibir a Martintxu, quien tras un largo silencio frente al teclado, decide rescatar las vivencias guardadas en su inseparable 'libretita negra'. En este relato, que publicaremos en tres entregas, el autor nos invita primero a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria para luego sumergirnos en los aromas, sonidos y colores del Portugalete de los años 60. Bienvenidos a este viaje por el despertar de una vida entre el cielo rojo de los hornos y el salitre de la playa. 

Ha pasado mucho tiempo sin ponerme a escribir relatos sobre mis recuerdos. Sé que han sido más de tres años y puedo decir que ha habido mucho titubeo ante el teclado. Lo que no ha parado es mi libretita negra del bolsillo trasero izquierdo del pantalon, donde acostumbré a anotar lo que no debía olvidar.
    Y ya puesto, ahora que rehago mi narración, me surge una pregunta: Quién ó qué fabrica los recuerdos ? La pregunta es dura, sí.
    Por qué “Quién?”, es que puede haber alguien dedicado a esa función? No se antoja fácil la respuesta. Más bien, no. 
    O "qué" fabrica los recuerdos? Nos enseñan padres, profes, libros ó ..., que vienen del cerebro.
    O sea, nos contestan como si la pregunta fuera: dónde se fabrican los recuerdos?, lo que aún puede hacerla más dura, porque “dónde?”, pudiera referirse al hueco o cajón donde estén esos recuerdos o referenciar al lugar o la situación vivida en que pueden quedar guardados como tales recuerdos, que es de donde resurgen.
    Creo que los recuerdos vienen desde la nada, para ir ocupando sectores del disco duro cerebral, donde indagamos y vamos extrayendo los que debamos ó deseemos usar; y los que no encontramos ó no son útiles, van quedando ahí y se irán con nosotros a la eternidad. 
    Vengo así, sin saber bien las causas, a buscar y extraer unos recuerdos de mi Portugalete, de mi villa; de El Ojillo -mi calle-, de mi gente, de mis colores, de mis aromas, de mis sonidos,... del despertar de mi vida.
   Brotan ante mi, imágenes de un Portu gris, pardo, sucio, con edificios viejos, muchos abandonados y calles aun no asfaltadas. El Ojillo, mi calle, creo recordar que lo fue en 1960, pero la del General. Castaños, por donde pasó el tranvía, ya lo estaba.
   Los sonidos que más asoman son los que se apreciaban en la noche, ladridos de los perros libres y los de las fábricas más cercanas, junto con la imagen del cielo rojo -cuando extraían la colada en los hornos altos-, los “cuernos” de aviso del comienzo de los turnos,...   
Todavía tengo la imagen de la playa, donde solia ir con la abuela Martina a recoger leña seca, que quedaba sobre la arena tras la pleamar, y era útil, como ahorro, para la cocina de carbón.
   Recuerdo el Txakoli La Parra, pasado La Florida; Tambien el de Larrea, yendo por la carretera de Cabieces, a la derecha, cuando Portu deja de ser Portu.
   Era yo un remache cuando se soltaban las vaquillas en El Ojillo, por San Roque, y apenas me quedan flashes de lo que ocurria. Sí que recuerdo que ese día usábamos pañuelo rojo y los contínuos bailes y biribilketas hasta la hora de La Bajada.
   Desde lejos, 560 km., sigo viendo el tablado en los juegos de la Virgen de la Guía ante la hornacina de la Virgen, las narices negras - hasta la frente- por el betún untado en el culo de la sartén para soportar el duro que había ahi adherido y que se retiraba a refrotones de la napia. Veo también, la tarta de merengue untada en la cara blanca de los participamte en La Sopa Boba.
   Para Santiago y para la Virgen de agosto, se nos ofrecían las cucañas instaladas en los remolcadores fondeados frente a la Fabrica de Tubos, ...

miércoles, 6 de agosto de 2025

DE VIEJAS TABLAS DEL BALNEARIO A PRENSA DE TXAKOLI

   



El pasado día 7 de Junio, se celebró en Portugalete la tercera edición del Txakoli Fest y entre los actos programados, figuró el despalillado y prensado de uvas de importación, cuyo rico mosto fue repartido entre los numerosos curiosos y participantes.

La asociación Portugaleteko Mahastizainak estrenó una despalilladora y una prensa que ha adquirido recientemente junto a un juego de jarrillas.

José Hernández “Pepillo” me sorprendió con la siguiente pregunta: ¿Sabes de dónde provienen estos tacos que estamos utilizando como suplemento en la prensa? Lógicamente, no tenía ni idea y su explicación me pico mi curiosidad habitual por temas portugalujos: “Son restos del antiguo balneario de la Playa del Salto”.

Resulta que aquel balneario que se levantó en 1876 íntegramente en madera sobre 54 pilares de cemento anclados en la arena, una vez aprobada la solicitud de Fermín Arnedo y Emiliano de Arriaga, pronto pasó a ser un centro social de la vida portugaluja y bilbaína, donde, además de los baños en agua de mar con algas, se celebraban todo tipo de fiestas, banquetes, tertulias, bailes, agasajos, conciertos, comidas, etc. Contaba el Noticiero Bilbaíno del 12-8-1876 que la colonia de bañistas había tenido la feliz idea de improvisar una fiesta y baile en la galería del pabellón balneario que engalanaron con faroles venecianos y banda de música militar, constituyendo un gran éxito, que animó a repetirla los jueves y domingos, hecho que pudo ser el preludio de los “txitxarrillos” en la Plaza del Solar.

Los años fueron pasando y la estructura original se fue modificando y ampliando. De un estudio realizado por el antiguo archivero, Roberto Hernández Gallejones, he extraído los datos que cito a continuación. A propósito, su plaza sigue sin cubrirse desde hace casi un año, lo cual ha generado que a los investigadores se nos haya privado el acceso al Archivo Histórico y estos pequeños trabajos, queden con lagunas a rellenar.

Una vez cedidos por el Estado al municipio en 1903-1904 los terrenos calificados como marismas, pensaron dedicarlos a construir viviendas sobre los cinco solares resultantes y poco a poco, aquel balneario se fue viendo arrinconado tras construirse primero el Muelle de Hierro en 1887 y el muro de cierre y rampas de acceso a la playa en 1905, así como el relleno de los terrenos de la playa entre el balneario y el muro, ya que la extracción de arena había generado grandes socavones, perdiendo el encanto de ver las olas romper a sus pies. El edificio abarcaba desde el muelle (actual casa de Vicuña) hasta el escarpe (actual escenario del parque del Dr. Areilza).

En 1909, figuraban como propietarios Fermín Arnedo, Ernesto Hoffmeyer y la Compañía de Maderas S.A. de nacionalidad noruega, con su director gerente al frente, Julio Larsen.

Estos, habían dado en 1905 poder a Federico Langard para la administración del balneario, figurando como último arrendatario, pero ya al ayuntamiento, Juan Estévez (1909), al que las muchachas del servicio llamaban “el amo Juan”. A su lado, su esposa Dª Eusebia Burusteta, “gran señora, muy trabajadora y una gran cocinera a quien muchos tenían a gala encargarla confeccionarlos platos más exquisitos…”. Recibieron el edificio y los enseres inventariados entre los que destacaban: Tres bañeras de mármol, tres de hierro con baño de porcelana en la sección de baños calientes. Un salón con 32 sillas de hierro, un piano, cuatro divanes, dos mesas para juego de damas. Un café-restaurant con sus mesas de mármol, ocho veladores de hierro, dos candeleros y un servicio de mesa grabado con las iniciales de la casa, amén de múltiples elementos de cocina, cucharas, cucharillas, tenedores, etc.

Ante lo que se avecinaba, en 1908, Santos Zunzunegui había solicitado permiso para construir un nuevo balneario, paralelo al Muelle de Hierro, situándolo a cuatro o seis metros de distancia, con acceso al mismo mediante pasarelas y dejando libres 100 metros entre el nuevo balneario y el muro de cierre de la playa. El proyecto no se llevó a cabo y la sentencia de muerte llegó en Mayo de 1913, cuando tras varias vicisitudes, la Corporacíon portugaluja decretó su derribo y los Estévez-Burusteta se quedaron sin trabajo. En una parte del solar del balneario, Ramón Vicuña construyó en 1915 su magnifica casa del Muelle y sobre aquellos cimientos y alrededores se construyó el parque que inaugurado en 1917, recibió años más tarde (1927) el nombre de Parque del Doctor Areilza.  

Creo haber leído en algún expediente que los enseres se vendieron a los balnearios de Las Arenas y que los pabellones construidos en madera de pino tea se desmontaron y se reutilizaron (no se puede comprobar con el Archivo cerrado). Era normal en los derribos que el contratista o el ayuntamiento se quedara con los materiales reutilizables.

Uno de los pabellones laterales fue trasladado a Pando, junto al Campo Santo, dedicándolo a dos viviendas y varias tablas más sirvieron también para forrar a modo de impermeabilización la fachada trasera de la casa alta (nº 17). José Miguel Comonte, que vivió junto a ellas, recuerda siendo niño, la bandada de murciélagos que emigraron al retirar las tablas. Ha querido el destino que, parte de sus lustrosas maderas hayan llegado hasta nuestros días, dado que, aquellas dos viviendas (nº 19) fueron adquiridas como almacén por “Pepillo” a mediados de los ochenta y en el momento del derribo, en 2008, para construirse en la zona el Polideportivo Pando-Aisia, nuestro amigo guardó en una lonja buen número de maderas de sus marcos de ventanas y puertas, aunque la celeridad del derribo no le permitió salvar más. Cuando “Pepillo” encuentre la caja con la documentación, nos contará quien y cuando levantó el pabellón de Pando.

Ahora, al necesitar los mahastizainak unos buenos tacos de madera para suplementar el mecanismo de su nueva prensa, no lo dudó un momento y las vetas de aquellas viejas maderas impregnadas en salitre han vuelto a lucir al sol, después de siglo y medio, en forma de lustrosos listones, haciendo más fácil el prensado de la uva. 

JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO

martes, 24 de junio de 2025

RECUERDOS DE NIÑEZ

  


Martintxu, ha rememorado en este blog en numerosas ocasiones sus recuerdos, tanto de su calle del Ojillo, de sus maestros en Zubeldia o en Ruperto Medina, y de la vida de aquellos años de hace ya medio siglo.
     Hoy aprovechamos que en nuestros archivos mantenemos otros recuerdos, para junto con una de sus fotos con sus padres y la otra con su casa del Ojillo, sacada del archivo familiar de Marinita Pérez, que aparece en bici, recoger algunos fragmentos de ellos.

 

Brotan ante mi, imágenes de un Portu gris, pardo, sucio, con edificios viejos, muchos abandonados y calles aun no asfaltadas. El Ojillo, mi calle, creo recordar que lo fue en 1960, pero la del General Castaños, por donde pasó el tranvía, ya lo estaba.
    Los sonidos que más asoman son los que se apreciaban en la noche, ladridos de los perros libres y los de las fábricas más cercanas, junto con la imagen del cielo rojo -cuando extraían la colada en los hornos altos-, los “cuernos” de aviso del comienzo de los turnos,...   
     Todavía tengo la imagen de la playa, donde solia ir con la abuela Martina a recoger leña seca, que quedaba sobre la arena tras la pleamar, y era útil, como ahorro, para la cocina de carbón.
     Recuerdo el Txakoli La Parra, pasado La Florida, tambien el de Larrea, yendo por la carretera de Cabieces, a la derecha, cuando Portu deja de ser Portu.
     Era yo un remache cuando se soltaban las vaquillas en El Ojillo, por San Roque, y apenas me quedan flashes de lo que ocurria. Sí que recuerdo que ese día usábamos pañuelo rojo y los contínuos bailes y biribilketas hasta la hora de La Bajada.
     Desde lejos, 560 km., sigo viendo el tablado en los juegos de la Virgen de la Guía ante la hornacina de la Virgen, las narices negras -y hasta la frente- por el betún untado en el culo de la sartén para soportar el duro que había ahi adherido y que se retiraba a refrotones de la napia. Veo también, la tarta de merengue untada en la cara blanca de los participamte en la Sopa Boba.
     Para Santiago y para la Virgen de agosto, se nos ofrecían las cucañas instaladas en los remolcadores fondeados frente a la Fabrica de Tubos,...
     Guardo mi presencia en las partidas de brisca que jugaban en casa de Carmen -en el Alto de la Pastora- cuatro señoras, ya mayores: Martina, de El Ojillo; Filo (que tenía sus cochineras allí, justo al lado), la Rubia, de Ruperto Medina -con su litrona de El Ciervo- y la misma Carmen, madre de Ángel y Luis, que me tomaron como mascota por algún tiempo.
     Los cochinos de Filo me asustaban y, de hecho, eran motivo de sueños inquietos en los que me mordían. La llegada a aquella casa, en lo alto, se hacía desde la Estrada de Zomillo, por un sendero en pendiente que bordeaba la Campa del Gordo por la derecha y transcurría sobre la cantera por el lado zurdo.
     Enfrente de ese camino, un poco más arriba, en la Estrada, estaba la puerta de madera del huerto de Atenógenes, cuñado del abuelo Pablo, bordeado por un alto muro en mampostería, que ya fue arrasado por la modernidad inmobiliaria.

En fin, imágenes de un pasado irrepetible.

 

 

 

martes, 21 de enero de 2025

VÍCTOR URRESTARAZU YBARGÜEN (1886-1966). VÍCTOR EL BUZO

 

El ejemplar de enportugalete.com de este mes nos ofrece la ficha de este recordado personaje jarrillero: 

José Urrestarazu Teita, de Bolibar, casado con Nicolasa Ybargüen Escauriaza, de Begoña, llegó a la Villa en 1882 donde tuvo cuatro hijos, dos chicos y dos chicas. En el padrón de 1901 declaró curiosamente para aquella época, ser separado.

Era buzo, oficio que enseñó a su hijo mayor Víctor, al que llevó como ayudante en el rescate del Avlona, vapor británico hundido en la escollera del rompeolas en el que murieron 29 personas y donde éste con sus 15 años se hizo popular al sacar la campana del puesto de mando del capitán que posteriormente la usaría en el Entierro de la Sardina que salía del txakoli de Félix Chávarri que finalmente la donaría al Hospital Asilo.

 Fue tanta su popularidad que el vate popular lo incluyó en una conocida canción que, reivindicando la independencia del Muelle Viejo, lo postulaba a él, Víctor el Buzo, como alcalde.

Aficionado al remo, una de sus actuaciones fue en julio de 1906 como patrón de la trainera Domingo, que venció en la regata a la también jarrillera Herminia de Francisco Ugalde, por delante de la Paulita de Santurce, la Algorteña de Roque Sanz y la Jesús de Algorta patroneada por Antonio Basabe.

Víctor casado con Angela Alberdi Gallastegui, de Vergara, fue miembro de la Junta de La Unión Comercial, durante la guerra combatió en la marina de Euskadi y fue de los portugalujos que en 1945 reestructuraron la Cofradía de Mareantes, presidiéndola como Mayordomo desde 1950 hasta 1955 en que cesó temporalmente su actividad.

Si fue muy querido en la Villa, no menos lo fue su hermano menor Julián, nacido en 1892 y conocido con el sobrenombre de Gorrión que forma parte de los personajes populares por su manera de ser, sus ocurrencias, y sobre todo por su participación en las fiestas como recoge el cancionero de Pedro Heredia.

 

sábado, 28 de septiembre de 2024

EL CHACOLI DE DON FELIX CHAVARRI


 Comenzamos el año con la imagen retrospectiva del antiguo txakoli de Félix Chávarri, o posterior sidrería de Antonio Echevarría.
El cuadro corresponde a la reproducción de una acuarela, en su día propiedad de Pedro Heredia, que mandó dibujar a Jerónimo Bilbao y que luego su sobrino Manuel Alonso Astarloa la animó con el colorido y los personajes. Hoy desconocemos su destino y ofrecemos las imagenes que disponemos, la foto en blanco y negro y la que recreó desde su iPad Javier Martín.

Dicho txakoli estaba situado en la bodega de la casa de Félix Chávarri, en la Travesía de la Iglesia (la entrada desde este cantón se ve a la izquierda), y luego se trasformó en Sidrería, bajo la mano de Antonio Echevarría, un albañil de Gomecha (Alava) que la traía del caserío Ibarguren de Berriatua.

Según decía Pedro Heredia, los personajes que por la sidrería desfilaban eran, generalmente, gentes de mar, capitanes, pilotos, maquinistas,… así como gentes de otras procedencias.

Publicado el 3 de enero 2014

miércoles, 17 de julio de 2024

NAVEGANDO POR LA RED: LOS TXAKOLIS

 


En esta época veraniega, más relajada que el resto del año, es habitual que pasemos tiempo navegando por internet, ya sea leyendo las noticias diarias o cosas de lo más variadas en blogs y páginas de Facebook.

Abrimos hoy esta nueva sección estival, recogiendo las noticias, fotografías, o temas que nos encontramos relacionados con la historia de nuestra Noble Villa, empezando por el magnífico blog de historia bilbaína de César Estornés que desde 2009 y periodicamente ofrece  documentados trabajos.  

Una de sus entradas LOS CHACOLIS O TXACOLINES DE BILBAO Y ALREDEDORES, nos llena de envidia por ser un tema que en nuestra villa jarrillera estamos un poco cortos y que recientemente José Luis Garaizabal ha empezado a documentar.

Nosotros recurrimos siempre en Portugalete a los recordados por César Saavedra: El de Salazar, junto al arco de su casa torre, el de Félix Chavarri en el cantón de la Iglesia, Garibaldi y Las Chulitas en Coscojales, Valle en los bajos de su casa junto a la plaza, Butrón en la travesía de Santa Clara, Antonio Gorostiza, en su casa del Ojillo, la señora Gabriela en la calle Nueva, frente a Santa Clara y ya cerca de Cabiecas el txakoli de Bañales.

Los numerosos y típicos txakolis que recoge Estornés, eran especie de merenderos que nos recuerdan a los cuadros de Valentín Zubiaurre, por su gente, sus jarras, allí donde se daban atracones domingueros remojado con el característico txakoli, bebida ligera con menos alcohol, mientras alternaban con los juegos de bolos a los que son muy aficionados.

Bilbao desde Olaveaga a Achuri y desde Abando a Archanda, estaba rodeado de huertas y campas, salpicadas con numerosos txakolís, donde, “Los bilbainitos en el verano, chacolín gorri suelen beber; bajo la parra, merluza frita, macallao en salsa suelen comer.

Entre los muchos que cita nos llama la atención el de Archanda de JUAN SILVESTRE JAUREGUIZAR GAUVECA, donde en los años 20 del siglo pasado celebraban los chóferes la fiesta de San Cristóbal, los veteranos nacionalistas el aniversario del primer batzoki, o los montañeros del Club Deportivo, despedidas de soltero, banquetes, etc.

De este Jaureguizar, nacido en Bakio el 31 de diciembre de 1868, que se casó en Sondika, nos dice que además de gestionar el ambigú del Athletic en San Mamés y el restaurante La Alcazaba de Hurtado de Amézaga, lo hizo también del HOTEL DE PORTUGALETE, aunque no señala fechas.


viernes, 7 de junio de 2024

EL VIÑEDO GURDIBIDE Y EL CAMINO DEL CARRO

  


José Luis Garaizabal como miembro de la citada asociación cultural: PORTUGALETEKO MAHASTIZAINAK–TXAKOLINAREN ELKARTEA continua la explicación que nos facilitaba ayer sobre el bautizado viñedo GURDIBIDE: 

“El camino del carro o de los carros” discurría por el camino del Ojillo y al llegar a la plazuela del Cristo, giraba a la derecha siguiendo paralelo a la muralla hasta llegar al punto en que se bajaba (y se baja) por una pronunciada pendiente hasta el ábside de la iglesia. Ha llegado a nuestros días alguna fotografía en la que se aprecian las rodadas de los carros en lo alto de la cuesta.

Ya en el Campo, giraba a la derecha para bajar hasta el pequeño puerto (hoy zona de la estación de cercanías) por una cuesta hoy convertida en calzada con sus pretiles, muros, rebollos y escalones. Para mí, es el camino más racional. Un posible segundo ramal, cuando no existirían las casas del Muelle Viejo, sería el que, a medio camino, como hoy, giraría a la izquierda para bajar pegado al paredón del Campo de la Iglesia hasta la zona baja de la torre de Salazar. Quedaría descartado, por lo angosto, el uso carretil del camino en zigzag (caminillos) desde dicha torre hasta el puerto (zona del bar Siglo XX).

En el Archivo Histórico se custodia el expediente (C091-017) de 1881 referente al “arreglo de las bajadas al dique y muelle”, conteniendo un plano detallado de los terrenos que nos ocupan.

Gracias a él, sabemos que los terrenos (hoy municipales) ocupados por el viñedo fueron propiedad de Fermín Álvaro Allende y que un muro con puerta cerraba el paso a la finca. Lindaba por el Norte y el Oeste con el “camino del carro”, teniendo en frente los terrenos y casa de una de las principales productoras de txakoli, Dª Marcelina Elorriaga. Otro detalle es que un triángulo que se ha preparado como ampliación del viñedo, estaba junto al jardín de D. Máximo Castet, antes de la bajada por las escaleras al centro del Muelle Viejo.

GURDIBIDE MAHASTIA lo ocupaba parcialmente la casa nº 1 de Mier (aparece en el plano de 1878), aquella que intentó reformar el ayuntamiento en 1892, según proyecto de Berriozábal (AHMP C095-023), para destinarla a ser el primer cuartel de la Guardia Civil. Nunca he sabido si llegó a ocuparla el Cuerpo, pero si sabemos que, años más tarde, en 1922, tuvieron su cuartel en la calle La Cruz nº 1 y que esa casa de Mier fue la morada de muchos portugalujos conocidos.

Con anterioridad a 1889, existió una casita adosada a la principal por la parte trasera, construida sobre pilotes, y hacia 1907, se construyó en su lugar, hoy viñedo, una casita adosada a la casa principal. En el ángulo Este del terreno, dominando el camino del carro, existió un cenador metálico, lo que significa que el terreno se usaba como huerta y/o jardín, y junto a la carretera, unos arcos soportaban una planchada que pasó en 1980 a ser el antuzano del horrible “rascacielos” (Sotera de la Mier nº 1).

Los escombros del derribo de la nº 1 aún afloran en la zona donde se va a ampliar el próximo sábado el viñedo urbano, seguramente único en Bizkaia. Allí nos veremos, con o sin esqueje.  

jueves, 6 de junio de 2024

ANTE LA NUEVA PLANTACION DE ESQUEJES EN EL VIÑEDO GURDIBIDE

  


El próximo sábado día 8 dentro del programa del BIZKAIKO TXAKOLINAFEST que se celebrara en la Villa, se nos anuncia la segunda plantación de esquejes a cargo del grupo de cofrades del txakoli.

José Luis Garaizabal nos recuerda su origen:

Tras la primera cosecha de 2023 que nos brindó el viñedo que se plantó simbólicamente en 2022, el activo grupo que había planteado la idea como un acto del Portugalete 700, se propuso seguir cuidando del viñedo y ampliarlo si fuera factible, para lo cual se pensó en el proyecto de plantación ALDAXKA (esqueje).

Para que este acto fuera popular, haciendo partícipes del viñedo a todos los portugalujos, que mejor forma que entregar, a los que lo desearan, un esqueje de la poda debidamente plantado en su tiesto y que cada uno lo cuidase en su domicilio hasta el día de la plantación en la nueva zona de ampliación del viñedo que crecerá hasta los 1.300 m2.

La idea fue todo un éxito, ya que en febrero se repartieron en dos días los 150 tiestos y sus cuidadores nos han ido enviando fotografías de los avances del crecimiento. Otros muchos esquejes se han hecho los remolones y seguían como el primer día, o casi, pero a pesar de ello, el fruto de la perseverancia de los mahastizainak se recogerá en el Campo de la Iglesia el próximo sábado día 8 a las 10 de la mañana, antes de la plantación en GURDIBIDE MAHASTIA.

Entre la larga lista de actividades a realizar, la primera fue poner nombre al grupo. Dado que en la Villa de Portugalete ya se tiene constancia de la vigilancia de los extensos viñedos y que ese cargo recibía el nombre de “guarda de las viñas”, lo vimos que ni pintado para bautizar al equipo como MAHASTIZAINAK.

Luego, tuvimos que sortear los trámites burocráticos para convertirnos en “grupo legal”. Tuvimos que desechar ser KOFRADIA y hemos terminado como asociación cultural: PORTUGALETEKO MAHASTIZAINAK – TXAKOLINAREN ELKARTEA.

Otro objetivo del grupo fue “bautizar” el viñedo urbano. Dada su situación, sugerí ligarlo al topónimo antiguo “camino del carro o de los carros”, que discurrió junto a las dos parcelas desde tiempos pretéritos (citado así en 1521). Por él bajaban los carros tirados por bueyes transportando el mineral de hierro hasta el puerto. La idea fue aceptada, así que, a partir de entonces, nos referimos a él como “GURDIBIDE MAHASTIA” (viñedo Camino del carro).

 

sábado, 25 de mayo de 2024

EL TXAKOLI DE GOYTIA


En el tercer libro de la Colección El mareómetro dedicado a La música y otros aspectos costumbristas de la Villa jarrillera, su autor Pedro Heredia al hablar del último txakolí, el de Chávarri en la travesía de la iglesia, nos decía que "antes todas las casas hacendadas de la Villa tenían sus bodegas, pero las plagas acabaron con los viñedos y por ende, con los clásicos "chacolines". La última viña que desapareció de Portugalete era de la familia Valle, D. Manuel y D. Darío, quienes habían hecho del txakoli un néctar exquisito para obsequiar a los amigos".

     Estos recuerdos nos vienen a la memoria al descubrir entre los documentos que nos trajo Eduardo Ardanza de su bisabuelo Cecilio de Goytia, la etiqueta de una botella de txakoli con el que obsequiaba a los amigos en su finca de El Ojillo.
     Como se puede apreciar, la etiqueta con fondo muy claro, de los años 20 ó 30, lleva el escudo familiar de Goytia. Cuando completemos el perfil de este arquitecto, banquero, industrial y político, procuraremos incidir en este tema, pero de momento solo nos queda la duda de si su madre Josefa Valle, pertenecía a esa familia con tradición txakolinera.
     Lo poco que hemos indagado nos dice que se casó con el bilbaino Guillermo Goytia, uno de los componentes de la primera promoción de Ingenieros Industriales de España en 1856, y que aquí en Portugalete donde vivían nacieron sus hijos. Sin embargo, y por eso nos surgen las dudas, ella había nacido en Aguilar de Campoo.

Editado el 20 febrero 2009

miércoles, 22 de mayo de 2024

NOTICIAS DEL TXAKOLI PORTUGALUJO EN UNA ENCUESTA DE 1884

 


Acabada la crónica de la III Exposición Vinícola de 1877 y mientras terminamos de pasar a limpio y analizar toda la información encontrada en el Archivo Histórico Municipal de Portugalete referente al txakoli portugalujo, veamos que contestó nuestro ayuntamiento al INTERROGATORIO INSERTO EN EL BOP DEL 23-7-1884 DE LA COMISIÓN PROVINCIAL DE AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO.

Por los ricos datos custodiados, vemos como la Diputación o el gobernador solicitaban, más bien exigían, la remisión de datos locales con los que componer estadísticas o conocer los propietarios de viñas y a los productores a los que sablear con impuestos.

Gracias a uno de estos documentos (AHMP C155-004) podemos saber que los viñedos de la Villa de Portugalete ocupaban entonces 56 hectáreas (18,38% de la extensión actual) y producían 36,50 cántaras por hectárea (581 litros), siendo todo el terreno de secano.

La cantidad de vino producido por término medio en el último quinquenio fue de unas 10.000 cántaras (161.360 litros) y que el año anterior, la cosecha había sido mala, produciendo solo 1.500 cántaras (24.204 litros). Esta producción era insuficiente para nuestros sedientos antepasados, debiendo importar 25.000 cántaras (403.400 litros) de vino de Rioja que se pagaban a 1,50 ptas. por azumbre (2 litros).

Nuestros viñedos, según la encuesta, producían chacolí blanco y tinto con una graduación de 9º el blanco y 9,60º el tinto. Existían 4º de diferencia entre el azúcar del mosto de chacolí a los grados alcolimétricos una vez obtenido el vino. Sus precios eran de 1 peseta por azumbre (2 litros), pero si se compraba en el momento de la cosecha era a 0,80 ptas.

A la pregunta sobre qué medios se empleaban para la producción de vino, contestaron: “1º La vendimia, 2º la pisa, 3º lagarear en las prensas de mano y 4º conducción a las pipas en donde sufre la fermentación tumultuosa y lenta, trasegándolos en algunas ocasiones cuando termina la fermentación lenta en su primer periodo”.

También contestaron que, transcurrían dos meses, por término medio, entre la primera fermentación y el trasiego.

La siguiente pregunta, deseaba conocer: ¿Qué vinos se encabezan, con qué género de espíritus, y en qué cantidad y motivo por qué se encabeza?. Aclaremos que “El encabezado o fortificación de los vinos es un proceso de vinificación que permite la elaboración de vinos dulces naturales. Esta práctica consiste en detener o parar artificialmente la fermentación alcohólica del mosto por la adición de alcohol neutro” (decataencata.com).

La respuesta portugaluja fue: “Los chacolíes con azúcar de caña con objeto de que en la fermentación tumultuosa, este azúcar se convierta en dextrina y glucosa; en ocasiones se añade alcohol de 32º cuando la fermentación no es lo tumultuosa que debe, aplicando 1 litro de alcohol por 200 azumbres de chacolí. (400 litros)”.

Sin embargo, el naturalista irlandés William Bowles había escrito tras visitarnos en 1775, que con el fin de mejorar el txakoli se echaban «doce libras (5,4 Kg) de azúcar moscovado o moreno a cada barrica de 200 azumbres poco mas ó menos (400 litros)» y aconsejaba además añadir en el menguante del mes de abril, en un día claro y sin viento de tierra, «azumbre y media (3 l)  de buen aguardiente, una jarra de media azumbre de frambuesas y el tamaño de una nuez pequeña de raíz de lirio de Florencia hecho pedacitos».

No podemos dejar sin citar lo escrito en 1871 por el doctor municipal D. Marcos de Escorihuela en su Topografía médica de la Villa de Portugalete: “Se conoce con el nombre de NEGRERA un chacolí que, embotellado con una adición de azúcar y una sal carbónica, podría imitar al Champagne perfectamente”.

La última pregunta era: ¿Qué procedimiento se emplea en el trasiego, clarificación y azufrado de los vinos?, ¿Épocas y circunstancias en que verifican estas operaciones? Ésta fue la respuesta: “El transporte de una a otra barrica se hace por medio de cubos y clarificándolo con porcelatina (dudoso) y azufrando los envases con mechas de flor de azufre, formando en el interior vapores de ácido sulfhídrico el que absorbe la humedad de los envases, tiene lugar este azufrado antes de envasar el chacolí. Algunos también empleando mosto hervido en proporción de 25 litros por cada 200 azumbres (400 litros) con el objeto de apresurar la primera fermentación y que sea más rápida la clarificación del vino”.

 

JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO 

Portugaleteko Mahastizainak
Txakolinaren Elkartea 

Fotografías:
 Museo del txakoli Bakio ( JLGF Enero 2024)
y Luis Amann - Labayru Fundazioa 

Bibliografía:
El txakoli en el siglo XVIII
(Ana Vega Pérez de Arlucea)