miércoles, 17 de enero de 2024

ESCENAS COSTUMBRISTAS:LA BOLERA DE DARÍO REGOYOS

  


La de la foto es una de las dos boleras junto al antiguo depósito de aguas, actual Plaza Darío Regoyos. Atesora algunos recuerdos entrañables de mi niñez. Muchas veces, cuando salía del colegio Virgen de la Guía, me gustaba ir aquí y ver cómo los hombres que ya peinaban canas disfrutaban jugando a los bolos. Juego cuyas normas jamás entendí ni me interesé por entenderlas.

Había un carrejo con bolos altos, a los que lanzaban una bola grande y pesada –lo era para mí, pues alguna vez la sostuve-, y otro carrejo, el de la foto, cuyos bolos eran más pequeños y a los que lanzaban una bola “partida” por la mitad (podríamos decir que era una semiesfera). No sé por qué esa diferencia, ni jamás me preocupé por preguntarlo.

Recuerdo que a veces había una especial animación, con numerosa concurrencia de público. Supongo que tal afluencia de gente se debía a algún campeonato, porque se repartían copas y cosas así. La concurrencia era tan animada, tan llena de vida, que me resultaba especialmente disfrutable y encantador. Lástima que no tenga ninguna foto de esos campeonatos, porque eran toda una celebración festiva. Animada además por un diminuto bar que había en un lateral, donde no faltaban pinchos y bebidas.

Hoy el carrejo de la foto está vacío. A pesar de estar renovado, pasan los meses y los años y ya nadie juega en él. No he vuelto a ver a mis entrañables jubilados lanzar decididamente las bolas, ni disfrutar con sus risas y su sincera camaradería de viejos amigos y nobles contrincantes. El carrejo ya sólo cría hierbajos y soledad.

El otro carrejo que está al lado, sin embargo, aún guarda algo de vida, gracias a un grupo de jubilados que se reúnen todos los domingos por la mañana para jugar a la petanca. Para mi sorpresa descubro una ingeniosa idea que usan para no agacharse a recoger las bolitas metálicas: se trata de un cordel con un imán en su extremo. Buen truco.

Cada vez que hacen carambola alguien pregunta: “¿has ido ayer a misa?”. Sólo al de un rato me entero de que se trata de una amable chanza: es una forma de insinuar que el que ha hecho carambola ha rezado el día anterior a la virgen o a algún santo. Es imposible no enamorarse de esta vieja amistad tan entrañable. Esperemos que estos buenos amigos sigan alumbrando de vida este lugar durante muchos años. Vaya para ellos nuestro más sentido homenaje.

Aitor González Gato.

 

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