jueves, 4 de mayo de 2017
VISITA DE LA VIRGEN DE BEGOÑA A PORTUGALETE EN 1949
jueves, 25 de mayo de 2023
HORNACINAS DE LA VIRGEN DE BEGOÑA
Siguiendo con el trabajo de Aitor Gonzalez Gato recogemos dos de ellas dedicadas a la Virgen de Begoña y que se encuentran en la finca Lexarza de la que José Luis Garaizabal nos ofreció su estudio recientemente.
La primera de ellas, que no es propiamente una
hornacina, está situada junto a la que fue originalmente la entrada principal
del palacio.
Dado que este sufrió daños con motivo de la guerra
civil de 1936-1939, tras la cual parte de sus fachadas fueron modificadas, es
posible que entonces -¿años 40 del
siglo XX?- fuera cuando se instaló en la que en su día fue fachada
principal del palacio esta hornacina, pues como se sabe, la Virgen de Begoña
tiene gran devoción en Bilbao y en toda Bizkaia, por lo que es lógico verla en
casi todas las localidades. Además, la instalación de la hornacina se
inscribiría en la nueva situación político-religiosa del momento, con un
régimen dictatorial que imponía una fuerte ideología católica.
Descripción de la Virgen:
La imagen de la Virgen queda enmarcada por un
esgrafiado de 75 cms de ancho por un metro de alto, conformado a base de
motivos florales, formas curvilíneas y aspas circulares de cuatro radios (una
en cada esquina). La imagen propiamente dicha, formada por 12 pequeños azulejos
pintados (cuatro en vertical y tres en horizontal), mide 40 cms de anchura por
unos 50 cms de altura. Se cubre, como es típico en las representaciones de esta
Virgen, con un gran manto que le tapa todo el cuerpo excepto la cara. El manto
está pintado con motivos florales y una banda central, vertical, con 9
circulitos. La cabeza se remata con una corona dorada y roja.
A los pies de la Virgen hay una media luna sustentada por dos angelitos, mientras otros seis angelitos (tres a cada lado), casi desnudos y apenas cubiertos por una tela, revolotean alrededor. Todo ello sobre un fondo azul celeste. Enmarca a la Virgen y a los ángeles un mosaico de medio punto, decorado con motivos vegetales muy gastados.
En cuanto a la segunda hornacina está sobre el
edificio sede actualmente de la UNED BIZKAIA.
Fue idea de la Compañía de Jesús crear una “Casa de Ejercicios Espirituales” dentro de la citada finca y la construcción del edificio se dilató desde 1947, en que comenzaron las obras, hasta su inauguración el 5 de enero de 1951. El proyecto original se debe al arquitecto Ricardo Bastida, reformado después un tanto por Pedro Basterra. Y es a este último, quien introdujo varias modificaciones en el proyecto primigenio, a quien debemos la idea de colocar sobre la entrada principal la hornacina de la Virgen, pues cuando el 19 de mayo de 1944 Bastida envía a Basterra un plano de la fachada principal proyectada por aquel, en dicha fachada, más sobria que la actual, no aparece la hornacina. La “paternidad” de Pedro Basterra tiene mayor lógica, si tenemos en cuenta que aparte de arquitecto fue jesuita. La talla de la Virgen fue obra de José Larrea Echániz, quien la acabó en 1950 y que ya había hecho otra Virgen de Begoña para una localidad de Tenerife.
Descripción
de la imagen y su hornacina.
En la página 13 del estudio Parroquia de San Ignacio. XXV Aniversario. 1979-2004, escribe su autor, Tomás Fernández Hernando: “En la fachada de la Casa de Ejercicios, desde 1950, hay una imagen de Andra Mari de Begoña, esculpida en piedra de Hontoria (Segovia), de una altura de 1´20 metros”.
Se sitúa sobre la entrada principal de la antigua Casa de Ejercicios Espirituales, que hoy alberga la sede vizcaína de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Se trata de una figura de piedra, pareciendo una mala copia de la figura de Santa María de nuestra iglesia parroquial. Se viste con un ropaje de tres cuerpos: un vestido para el cuerpo, una capa o túnica que cae hasta los pies, y un velo que cubre la cabeza. Quedan al descubierto la cara y el cuello. Sobre su regazo descansa el Niño Jesús, que con una mano sostiene un libro abierto (probablemente la Biblia) y con la otra está en posición de bendecir. A ambos lados de la Virgen asoman los laterales de una silla en la que está sentada. Apoya además sus pies en una base o plinto poligonal moldurado.
En cuanto a la hornacina, es la más artística de cuantas quedan en Portugalete. Describámosla de abajo a arriba. La base arranca del mismo dintel de entrada a la UNED. Dicha base comienza con una mensulilla circular, de la que parte otra ménsula más grande a modo de concha. Sobre ella una repisa de gran saliente. Desde ambos lados de la Virgen se yerguen dos pilastras molduradas, que se rematan en sendos capiteles escalonados. Estos capiteles quedan unidos y sobremontados por un arco de medio punto moldurado, que es el que cubre a la Virgen. Todavía este arco se remata por una moldura escalonada y decorada con motivos vegetales, cuyos lados convergen en el centro en una concha.
Toda la hornacina queda encuadrada por un marco, que es escalonado en su remate y por encima hay un bonito marco con orejetas, que quizá estuvo destinado a albergar una inscripción.
miércoles, 5 de julio de 2023
HORNACINA DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA O DE LA MACARENA
Esta advocación, muy popular en Sevilla pero también en otras partes de España y de Iberoamérica, se debe a que en el barrio sevillano de Macarena (topónimo procedente hipotéticamente del patronímico latino Macario) existe una figura del siglo XVII que representa a la Virgen de la Esperanza, también llamada de la Macarena por el lugar donde se ubica.
La vinculación de la
Virgen con algún miembro de esta familia nos es desconocida. Es posible que alguno
visitase la Virgen original, de donde se trajeron su devoción, si bien se trata
tan sólo de una suposición. El lugar donde se sitúa hoy la imagen (ignoro si es
el lugar original o si está ahí trasladada desde otro punto) es un muro de
contención tras la que fue antaño una entrada secundaria al palacio Lejarza,
como vemos debajo.
¿Cuándo podemos datar
la hornacina? No parece coetánea del palacio. Según José Luis Garaizabal, que
está pendiente de publicar un trabajo sobre esta finca y sus moradores, es
posible que su realización sea posterior a 1928. Veamos. En ese año pertenecía a Santiago Martínez Rivas quien
solicitó al Ayuntamiento una porción de terreno al lado de su finca, ya que,
según aducía, dicho terreno sólo se usaba de basurero y de pecaminosos
escarceos de parejas. El Consistorio accedió a la venta, tras lo cual don
Santiago abrió el acceso entre columnas que hoy vemos junto a la calle Pedro
San Martín, incluyendo el terreno en su propiedad. Debió ser entonces cuando se
colocó muy cerca de la mencionada entrada la hornacina que estudiamos.
Descripción de la
Virgen.
Es muy parecida a la
Virgen de Begoña de la fachada del palacio Lejarza, ya que ambas se cubren con
un aparatoso manto que las cubre por completo, excepto la cara y las manos, si
bien esta de la Macarena es mucho más artística; parece pues hecha por manos
más expertas. Su manto se decora con motivos vegetales dorados sobre fondo
negro, a los que se añaden dos angelitos, uno a cada lado del manto. Este deja
al descubierto el vestido de la Señora, decorado igualmente con formas
vegetales y florales de vivos colores sobre fondo blanco. La Virgen porta una
corona dorada con 30 rayos, de los que 14 acaban en estrellas de cinco puntas.
La figura tiene de fondo un vivo color amarillo.
No hay una hornacina
en su sentido estricto, pues como hemos dicho se trata de una pintura sobre
azulejos. Esta hornacina pintada, pues, representa dos columnas laterales, una
a cada lado, con capiteles moldurados que se unen por un arco de medio punto
decorado en su intradós con pequeños rectángulos. El frente de las mismas
columnas también se decora con motivos vegetales, así como el extradós del arco
que las une, todo de vivos colores. Debajo del todo hay una cartela en la que
se lee: NTRA SRA DE LA ESPERANZA. (MACARENA).
Las características
del mosaico son las siguientes: mide 60 cms de ancho por 77 cms de alto,
estando conformado por 12 azulejos, tres en horizontal y cuatro en vertical,
midiendo cada pieza 19´5 x 19´5 cms de lado. Desde hace años la hornacina de
encuentra casi cubierta con flores de plástico, que en parte dificultan su
visión.
Conviene reservar un
apartado para alertar sobre el preocupante estado en que se encuentra esta
imagen. Se nos presenta, ciertamente, en inminente peligro de desaparición,
debido a una peligrosa grieta que recorre verticalmente el muro de contención
en que se ubica, provocada por el empuje de tierras. La grieta alcanza la
hornacina llegando a tener aquella dos cms de anchura y separando
preocupantemente los azulejos del tercio derecho.
Pero no acaba aquí el
desperfecto. Uno de los azulejos centrales está literalmente roto y casi
desprendido del muro, hasta tal punto que puede ser fácilmente arrancado con la
mano. Queremos llamar la atención de los responsables competentes (¿UNED,
Ayuntamiento?) antes de que cualquier desaprensivo cometa un acto vandálico y
perdamos para siempre un importante y pintoresco elemento de nuestro
patrimonio. Urge por tanto restaurar, consolidar y proteger esta hornacina
(incluso, si fuera necesario, cambiándola de lugar), a fin de asegurar su
conservación.
Aitor González Gato
viernes, 29 de septiembre de 2023
BIBLIOGRAFIA PORTUGALUJA: APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE LAS HORNACINAS DE PORTUGALETE.
En las últimas fechas hemos estado publicando por
entregas el estudio de Aitor González Gato sobre las hornacinas
portugalujas. Un trabajo que, según nos refiere el autor, merecería una
investigación más profunda y detallada que espera que tras su breve estudio
pueda servir de base para futuras investigaciones.
En este blog hemos publicado lo más sustancial en
forma de artículos resumidos y de fácil lectura, y ahora el autor pone a
disposición de los lectores el trabajo íntegro, que formará parte de los fondos
de la Biblioteca Digital Portugaluja, y que lleva por título APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE LAS HORNACINAS DE PORTUGALETE.
Recoge con su correspondiente descripción 11 hornacinas correspondientes a San Nicolás, la Virgen de la Guía, Virgen del Rosario, Santa Clara, Virgen de Begoña, Virgen de la Esperanza o de Macarena, Virgen María, Santa María y la Virgen del Carmen.
Cita otras 11 desaparecidas, como son las de San Roque, Virgen de El Carmen, Virgen de Coromoto, Virgen del Buen Suceso, San Jorge, Santo Cristo del Portal, San Juan Bautista, San Antonio, Santiago, Virgen de Begoña, Spes y Fides.
jueves, 28 de junio de 2018
LA SAGA PORTUGALUJA DE LOS BAZAN
lunes, 11 de junio de 2018
LA PLAYA DEL SALTO A FINALES DEL SIGLO XIX, EN UN OLEO DE MACARIO MARCOARTU (1860-1905)
Macario tuvo su estudio y gabinete fotográfico en la calle Correo nº 9, que era una de las calles más comerciales y señoriales del Casco Viejo. En mayo de 1899 en el comercio más elegante de Bilbao en aquellos años, Au Monde Elegant de la calle Correo expuso una hermosa obra, a decir de la prensa de aquella época, que era una novedad en España, un grupo de tres cabecitas de niños, tan acabadas y hechas que revelan las actitudes de este gran artista.
jueves, 12 de diciembre de 2024
BIBLIOGRAFIA PORTUGALUJA: SANTA MARÍA DE PORTUGALETE, LA VIRGEN DE BEGOÑA…Y SUS “PRIMAS”.
Una
vez más la Asociación de Amigos de la Basílica, enriquece la bibliografía sobre
nuestro monumental templo, con este nuevo libro.
Su
autor Javier López Isla, el máximo conocedor de su tesoro artístico,
como ya nos demostró con su anterior trabajo Enredados en la lana, sobre las tablas
flamencas y sus conferencias sobre el testigo más antiguo de nuestra Villa como
es su Andra Mari,
nos presenta ahora esta novela corta, histórico/iconográfica y religiosa, Santa María de Portugalete, La Virgen de
Begoña…y sus “primas”, que aborda distintos puntos de vista:
Por
un lado está el relato de su desaparición de la parroquia en el siglo XVI y su
reaparición en el XX, con su posterior restauración y la entronización en 1950
por parte de D. Ángel Chopitea.
Otra
sección, de los 34 capítulos de que consta, está dedicada a la imagen de la
entrada, una copia en piedra de la vieja Andra Mari de madera y su aparición,
ahora sabemos que posterior a la restauración y el relato de la búsqueda de su
autor.
Otro
grupo de capítulos narra, desde el punto de vista histórico, el mundo feudal y
las figuras de D. Diego López de Haro y su sobrina María Díaz de Haro y la
posibilidad de que las dos imágenes (nuestra Andra Mari y la de Begoña) hayan
sido donaciones de los señores de Vizcaya a sus villas predilectas, algo
ciertamente verosímil.
A lo
largo de otro grupo de capítulos se va relatando el duro trabajo de campo de
visitar muchos lugares en Álava, Navarra y La Rioja buscando vírgenes góticas
sedentes, para ir estableciendo la comparación o relaciones con las nuestras.
Y
por fin se pasa revista al trabajo previo de otros investigadores y se trata de
encajar nuestras imágenes en el panorama que describen, para situarlas en el
lugar que las corresponde y poder valorarlas en su justa importancia.
En fin, un meritorio y apasionante trabajo, plasmado en 190 páginas con más de dos centenares de ilustraciones, que será presentado mañana en el Centro Cultural Santa Clara.
jueves, 23 de mayo de 2013
NACIONALCATOLICISMO EN LA POSGUERRA (3)
jueves, 28 de marzo de 2024
PORTUGALETE NOBLE VILLA MARIANA
jueves, 27 de julio de 2023
HORNACINA DE LA VIRGEN DE BEGOÑA EN LA DESAPARECIDA “CASA BARROSO”
Continuando con el trabajo de Aitor González Gato sobre las
hornacinas en Portugalete, recogemos hoy la correspondiente a la Virgen de
Begoña que existió en la desaparecida Casa Barroso de General Castaños,
recurriendo para ilustrarla a la foto de E. Benito aparecida en el libro Portugalete en la fotografía. El cambio urbanístico
del siglo XX, que recoge dicha casa así como las dos siguientes que también
desaparecerían tras ella.
En el edificio que hoy presenta el portal n.º 6 con fachada a la calle Fray Martín de Lazurtegui y fachada sin número a la calle General Castaños (justo en frente de la desaparecida panadería Jayo), estuvo la llamada “Casa Barroso”, así conocida por pertenecer a la familia de este apellido, muy popular por poseer una zapatería en la calle del Medio. Esta casa tuvo una hornacina de la Virgen de Begoña conformada a base de azulejos en una de sus fachadas laterales, la que daba a la citada calle Fray Martín de Lazurtegui.
La hornacina desapareció al derribarse la casa en 1982, que es cuando se levantó el actual edificio.
lunes, 8 de junio de 2020
JORGE SAVIN FERNÁNDEZ (1914-1973). EMINENTE MÉDICO GINECÓLOGO
Estamos ante un médico que destacó en el campo de la cirugía ginecológica, y si muchos portugalujos le recuerdan por su clínica del Ojillo, compañeros que trabajaron con él tanto en la sanidad pública, en Portugalete como el Dr. Ángel Alday o los que lo hicieron en Libia, le consideraron una verdadera eminencia en el quirófano.
Había nacido en Gallarta y como muchos otros portugalujos “bajaron del monte” para establecerse en la Villa. Su abuelo, un ingeniero de minas italiano, Antoni Savinni, había venido a trabajar aquí donde casado con una joven vascofrancesa, creó la familia Savin o Sabin, según el gusto de cada descendiente. Y su padre Federico Savin Echevarne (1885-1968) casado con Ángeles Fernández García (1888-1979) nacida en Santurce, se preocupó de que su hijo pudiera seguir su vocación por la medicina enviándole a estudiar a Valladolid.
Jorge
destacó ya en sus estudios de medicina con notas muy brillantes y fue allí
donde le sorprendió el estallido de la guerra civil, siendo incorporado a los
servicios médicos de batallón de requetés Tercio de Begoña donde fue herido en
el pecho por la metralla de una bomba.
Quizás
al ser hospitalizado en el Hospital de San Juan Bautista conoció a la que luego
sería su mujer Guadalupe Barroso González de Durana (1917-1995) que prestaba
servicios de enfermera. Hija de Rodrigo Barroso Tuduri con tienda de zapatos en
la calle del Medio y luego otras de tejidos, había nacido en La Arboleda poco
antes de que la familia se trasladase a la Villa. En el recuerdo familiar quedó
el hecho de que en los primeros años del siglo Dolores Ibarruri “La Pasionaria”
estuviera sirviendo en su casa.
Tras
casarse, ya con el título de médico, estableció en 1942 su consulta de MEDICO
TOCOLOGO, en su domicilio de la calle San Roque nº2.
En estos años 40, teniendo como
comadrona a la popular Josefa Arostegui, ayudó también a venir al mundo a
muchos portugalujos. Al margen de sus fuertes convicciones religiosas, ayudando
a muchos de sus pacientes que no disponían de medios, pronto destacó por ser un
gran profesional.
Tras
los primeros años de consulta en su citado domicilio, la trasladó al muelle
Nuevo, a la casa que tenía su compañero José Mª de Iturriaga que ejerciendo en
Sestao vivía en el chalet Villa San José del Ojillo
con su madre, y quien a finales de 1949 al jubilarse quiso volver a vivir al
Muelle, pasando Savin al Ojillo donde viviría con su familia y establecería su Clínica
de Maternidad.
En 1950 obtuvo
por concurso la plaza de facultativo especialista del Seguro Obligatorio de
Enfermedad en la especialidad de ginecología y al inaugurarse el Hospital de
Cruces prestaría allí sus servicios. Igualmente fue jefe del hospital de
maternidad de Castro.
Su vocación de ayuda a
todo el mundo, sobre todo a los más necesitados, hizo que junto con su amigo
Angel Alday y el pediatra Zubimendi, promovieran la creación en Ortuella de lo
que empezó siendo Dispensario
antituberculoso, el primer centro de salud de la localidad. Allí se
volcaron de manera altruista, sin cobrar nada a cambio, en atender a la gente
más humilde de la zona minera.
Tras
su etapa en la Clínica del Ojillo, cuyo último parto que asistió fue en 1964
con Mª Carmen Mendizabal esposa de su compañero Angel Alday, su vida dio un
cambio total dedicando su experiencia a salvar vidas en uno de los países
africanos con el sistema de salud más atrasado como fue el entonces reino de Libia,
donde no tenían ni un solo médico de origen libio.
Allí
luchando contra una cultura atrasada y en ocasiones inhumana, comenzó en la
Clínica INAS realizando un trabajo serio. Enseguida destacó en su entorno profesional
siendo nombrado director del Hospital Central de Tripoli, teniendo a su cargo
médicos egipcios, yugoslavos y españoles.
En
aquel cargo, con su prestigio profesional, sus conocimientos de idiomas, árabe,
inglés e italiano y su personalidad humana, se relacionó con las primeras
autoridades del país (en una carta a su hija les hablaba del rey como muy
amable aunque enfermo), que le concedieron la nacionalidad libia obligándole a
profesar el islam, un verdadero castigo para un hombre católico como él, devoto
de la virgen de Begoña, de rezo diario del rosario, obligado a no poder entrar
en la iglesia y a hacer el ramadán en el trabajo. Aceptó la situación
recordando lo que le decía su madre: “Un hombre debe saber sufrir en silencio”.
En
1969 se produjo la revolución militar de Gadafi, con fuerte represión y
expulsión de los numerosos extranjeros que había en el país, manteniéndole a él
al frente de la sanidad como base para establecer un eficiente sistema de salud
público y gratuito.
Ya
para entonces había empezado a sufrir problemas de salud que paulatinamente fueron
a más y a pesar de que era consciente de que debía dejar de trabajar, lo siguió
haciendo hasta que al final ya era tarde.
En 1973 fue trasladado en un avión oficial a Madrid, al actual Hospital Marañón, donde le atendió el Dr. Salas que había sido compañero suyo en Tripoli, ingresando casi en coma. Consciente de su situación les anunció muy bajito, en italiano, “domani muoro” y al día siguiente murió. Tenía 59 años.
a Pedro Llinares, Mª Angeles Savin y a Jesús Colet
domingo, 7 de mayo de 2017
VISITA DE LA VIRGEN DE BEGOÑA A PORTUGALETE EN 1949 (2)
domingo, 30 de enero de 2022
FOTOGRAFOS DE PORTUGALETE: ANDRES ZORRAQUIN GANDARIAS (1901-1960)
La historia de los fotógrafos establecidos en la Villa durante el siglo XX comienza con Aureliano González Nieto que lo hizo en 1913 en el nº 4 de la calle San Roque y estuvo hasta 1924 en que lo cogió Policarpo Diez y al dejarlo este le sucedería Francisco Páramo González, fotógrafo de Barakaldo. En enero de 1929 Páramo se trasladó al nº 11 de la calle General Castaños, junto al cine Ideal, donde se anunciaba como “comercio de artículos y gabinete de fotografía”.
En 1930 se viene a vivir al grupo de Villa Nueva en Repélega, Andrés Zorraquin Gandarias, hijo del famoso fotógrafo bilbaíno Mauricio Zorraquín, amigo íntimo de Sabino Arana y autor de algunos de los más clásicos retratos del fundador del PNV. Dos de los hijos de Mauricio continuaron sus pasos profesionales pero cambiaron de domicilio para no coincidir haciendo la competencia a su padre. El mayor Germán en Durango donde ha sido bien reconocido y Andrés en Portugalete donde no ha gozado del mismo reconocimiento.
Desgraciadamente los archivos fotográficos de todos estos
fotógrafos que hemos citado como lo fue posteriormente el de Guyma, no se han
conservado, privándonos de una parte importante de nuestra historia.
Andrés Zorraquin, casado con Dominga Tubilla, tuvo tres hijos, Andrés, Dominga y José Mari, realizaba trabajos fotográficos particulares con un estudio en su casa de Repélega y ahora son dos de sus nietos, Begoña y Ander, quien se han dirigido a nosotros con la idea de dar a conocer los fondos de su abuelo y que se conserven en alguna Institución adecuada.
Al margen de que algunos negativos en cristal deban ser tratados con su debido cuidado y con los medios adecuados, nos han preparado un lote de negativos en formato jpg, que nos pueden servir a nosotros para recuperar la figura de este fotógrafo, dándola a conocer y catalogar las fotos con fechas, nombres y actos que recogen. Repasando los temas
que encontramos podemos citar desde fotos de LA NAVAL,
donde trabajaba de fotógrafo, y su
entorno como Urbinaga, paisajes de la Villa, algunas ya son conocidas pero en
general conservándose con menor calidad que estas que son los originales, y la
vida social de Portugalete fundamentalmente
en los años 40 del siglo pasado, la primera década de la posguerra. Años
con una actividad política y religiosa importante del nacional catolicismo, con
la Misión del Nervión, visita de la Virgen de Begoña, o grupos de Acción Católica,
falangistas, y mujeres carlistas con su margarita en el pecho.
La ría con sus remolcadores y regatas, el futbol y la pelota en el frontón la Estrella, la vida festiva con la música, concurso del vestido barato, el trabajo en el interior del astillero de Astondoa, y en general, como todos los fotógrafos, los encargos de la vida social, primeras comuniones, bodas, reuniones familiares, grupos de amigos, etc.
Iremos desgranando todas ellas en este blog con el deseo de contar con la ayuda no solo de nuestros colaboradores habituales sino de todos aquellos que puedan aportar datos de las mismas.
Un ejemplo es el que encabeza esta entrada, una de las del reportaje del desfile falangista, creemos que en 1941 con motivo de la inauguración del Puente Colgante tras su reconstrucción, con la tribuna de autoridades militares y religiosas (Monseñor Chopitea) y civiles con el saludo fascista del brazo en alto.
De este acto, del que volveremos con más detalle, publicamos en otra ocasión la que cierra esta entrada, en la que a la derecha subido sobre el pretil se distingue un fotógrafo que bien podría ser nuestro Andrés Zorraquin.
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viernes, 6 de noviembre de 2020
RELATOS DEL FIN DE SEMANA: RECUERDOS DE LA MARQUESA DE AVENDAÑO EN LA TORRE DE SALAZAR
Mis primeros recuerdos, de finales del siglo XIX, se remontan a momentos imprecisos de la infancia referidos tanto a Bilbao como a Portugalete, adonde íbamos de veraneo de Virgen a Virgen, de la del Carmen a la de Begoña, alargándolo casi siempre.
Para ir a Portugalete lo corriente era utilizar el vapor, el cual recuerdo perfectamente, con su cámara a popa para la primera clase amueblada con divanes de terciopelo, espejos y mesas de juego. El pasaje costaba una peseta. Entonces la navegación no era nada segura y aunque el vapor era un progreso comparado con las “carrozas” o gabarras que bajaban con la marea y subían a la sirga arrastradas por bueyes, cosa que yo no conocí, había que seguir contando con la marea, pues la máquina estaba desgastada de haber navegado muchos años entre Bayona y Dax, por lo cual le llamaban el “Manusar” o “Manuzar”, es decir el “Manu viejo”. Así que tampoco era extraño que en vez de tomar el vapor, el “Manusar”, montáramos en los coches de caballos, en los landós de los abuelos, que vivían en el caserón enorme y destartalado al lado de San Nicolás.
Solíamos salir en comitiva con el equipaje de mano, pues el pesado había sido enviado ya por el barco. Tras un viaje pintoresco, lleno de imprevistos y demoras con tanto niño y servicio, al atardecer solíamos llegar a la torre, que por virtud de los arranques de modernidad e higiene del abuelo tenía un aspecto totalmente distinto del actual.
Parecía una casa más, aunque un tanto desproporcionada, pues seguía siendo estrecha y alta. Las almenas habían desaparecido bajo un tejado como los del resto del pueblo; y el cubo de piedra, sin apenas más ventanas que troneras, había sido recubierto por un recinto cuadrado, un suplemento cuyas fachadas tenían amplias galerías y miradores donde se hacía la vida. El resto estaba encalado. El afán de progreso del abuelo le había llevado a convertir la vieja torre en un adefesio, aunque eso sí, ventilado, soleado y habitable.
En la puerta solían estar esperándonos el párroco de Santa María, el capellán, el administrador, algunos notables del pueblo, el servicio y naturalmente, los tíos. Y empezaba el veraneo. En la playa, íbamos con mamá a las casetas de “Ostende”, montadas sobre ruedas para que las arrastraran hasta la orilla del agua las parejas de bueyes que solían andar por allí. De esta forma, mamá y las demás señoras se podían meter en el agua en un santiamén, y sin apenas ser vistas, con sus trajes de baño de sarga negra o azul con trencillas rojas y blancas, pantalón hasta el tobillo y cuello marinero. Cuando fuimos un poco mayores mis hermanos y yo nos escapábamos de la torre para pasar la ría y hacer incursiones sin hacer ruido, para no alertar a los perros, por las arenas de Portugalete, que terminarían llamándose Las Arenas, para castigar la ostentación de aquellos presumidos.
Y de las fiestas de cumpleaños, santos y primeras comuniones, ¿qué diría yo?, ¿cómo olvidarlas? La víspera solía aparecer “Panfot”, también llamado “Dios”, a montar sus cohetes voladores, sus bengalas y globos. Se trataba de un tipo, maletero de profesión, con el don de la ubicuidad, de donde le venía lo de “dios”. Tan pronto estaba en el Campo Volantín como en Portugalete, o en los dos sitios a la vez, y además en la parada de las diligencias cargando bultos.
Cuando los festejos eran en Portugalete, en cuanto “Panfot” soltaba la primera traca, los perros del tío se ponían a ladrar, las criadas a perseguirlos a escobazos y mamá a recriminarle enfurecida al tío la presencia de tanto animal, momento que escogía el tío para tocar la corneta a todo pulmón. Nosotros aprovechábamos esos instantes de desconcierto para jugar al escondite en el sótano, que tenía dos pasadizos subterráneos, uno derecho a casa del cura y Santa María, el otro hacia el río, por el que nos daba miedo bajar más de los primeros pasos. Los tíos contaban que lo habían explorado con candiles antes de que se derrumbara la bóveda, encontrando dos salidas, una a este lado de la ría, la otra en la margen derecha; antiguamente bajaban por allí a sus puestos los servidores encargados de echar la cadena sobre las aguas para impedir el paso a los navíos que se resistían a pagarnos el tributo. Eso sí que sería emocionante, pensábamos, sin atrevernos a perforar la oscuridad.
Otra cosa que recuerdo son las visitas que las caseras hacían a la abuela para el pago de la renta del caserío y sus pertenencias. Venían en grupos de seis o siete, en oleadas sucesivas, con los pañuelos a la cabeza, sus vestidos oscuros de los domingos, los zapatos para bodas, bautizos, entierros y visitas a la abuela, que les martirizaban los pies. Dejaban sus grandes paraguas en la entrada, pasaban al gabinete, y la casa se llenaba para una semana de un inconfundible olor a heno fresco excremento de cuadra, vaca recién ordeñada, y manzanas maduras, pues eran ceremonias lentas que se llevaban con cuidada parsimonia.
Cada una contaba los sucedidos en la vida del caserío, del pueblo, ya se sabe: nacimientos de personas y animales, bodas con la novia embarazada de tantos meses o sin embarazar, la visita del sobrino del cura que vivía en América, y poco más, aparte de la mala cosecha, siempre la mala cosecha, cada año por un motivo diferente. Cuando terminaban de contar sus historias espoleadas por la abuela y por mamá, que les tiraba de la lengua con gran cortesía y habilidad, venía la entrega del paquete, de la cesta que contenía la renta simbólica del año: unas docenas de huevos frescos, algunos pollos, un queso ahumado riquísimo o manzanas en sazón. La abuela y mamá les entregaban regalos a su vez, para ellas y la familia, golosinas de Manucanela para los niños, tabaco para los hombres y rosarios y estampas pías para ellas, que se deshacían en elogios, «ay enebada», al igual que la abuela y mamá. Unas y otras rivalizaban en mostrar una imposible sorpresa, pues todos los años ocurría lo mismo, pero hay que ver el cariño y la campechanía que echaban a la comedia. Algunas veces la abuela recibía por medio de la doncella un misterioso recado al oído de alguna de ellas, con lo que hacía como que olvidaba abrir alguno de los paquetes, justamente el de la interesada que, dentro de montañas de papel no contenía nada. Al salir, en la despedida, que era larguísima, la autora del regalo se rezagaba ruborizada, se quedaba la última, y decía a la abuela estas palabras de ritual:
- Parkatu Andra Agurtzane mesedez, la siguiente ves vas a ver cosa fina, esta ves no hemos podido, ya sabes, la mala cosecha, y para que no digan, pues eso, paquete como todas.
Cuando la puerta se cerraba, la abuela y mamá, que habían guardado hasta el final una discreta compostura, que es lo que gustaba a las aldeanas, se echaban a reír como locas.
ANTONIO MENCHACA
(Las cenizas del esplendor)
La foto superior procedente
de los fondos de la Autoridad Portuaria,
sacada hace un siglo desde el
alto de la torre de la Iglesia de Santa María
nos muestra la mansión de los
Salazar antes de su incendio en 1934.
El dibujo inferior es obra de Goio Bañales.



















