En una nueva incursión en el patrimonio de nuestra Basílica, Javier Lopez Isla nos presenta un trabajo de investigación, LOS APOSTOLES DEL RETABLO, que busca "atar los cabos" sueltos de una de las joyas más preciadas de Portugalete: su magnífico retablo mayor. Tras sus investigaciones sobre la Andra Mari, el autor se sumerge ahora en el estudio iconográfico de las figuras que ocupan las entrecalles de esta magna obra manierista del siglo XVI.
El desafío de los apóstoles mutilados
El retablo, cuya construcción comenzó oficialmente en 1550 de la
mano de los "tres Juanes" (Juan de Beaugrant, Juan de Ayala y Juan de
Imbert), presenta un problema que ha pasado desapercibido para muchos
visitantes: el paso del tiempo y el ataque de los xilófagos han dañado
gravemente las figuras. En particular, cinco de los apóstoles han perdido sus
brazos o los atributos que permitían identificarlos, dejándolos en el anonimato
durante siglos.
La clave está en el estilo: Beaugrant vs. Ayala: A falta de registros
escritos que asignen cada talla a un autor específico, Javier recurre al
análisis estilístico para resolver el misterio. Su investigación destaca la
coexistencia de dos talleres con estilos marcadamente diferentes en el retablo:
Mientras el taller de los Beaugrant (Bilbao), se caracteriza por un
estilo innovador y expresivo, con figuras de canon alargado, posturas
inestables (contraposto), escorzos pronunciados y ropajes con
"drapeados" (pliegues que simulan el movimiento del viento) que dejan
traslucir la musculatura, el taller de Juan de Ayala (Vitoria) destaca por un
estilo más rígido, figuras más voluminosas y sencillas, y vestiduras de caídas
lineales y rectas que no se ciñen tanto al cuerpo.
Hallazgos y nuevas identificaciones: Una de las conclusiones más
relevantes del trabajo es la atribución de las doce figuras de los apóstoles al
taller de los Beaugrant, independientemente de su ubicación en el retablo. Javier
argumenta que el dinamismo y la fogosidad de estas tallas son rasgos
distintivos de los hermanos Beaugrant, posiblemente basados en trazas o
proyectos dejados por Guiot de Beaugrant antes de su muerte en 1549.
En su recorrido iconográfico, el autor confirma la identidad de los
"seguros":
San Andrés: Reconocible por su cruz en aspa.
San Pedro: Identificado por la llave y el libro.
San Juan: Representado joven y con una copa (en referencia al milagro de
Éfeso).
San Pablo: Quien sustituye a Judas Iscariote, reconocible por su espada
y calvicie.
Santiago el Menor: Con su garrote de batanero.
Santiago el Mayor: Vestido de peregrino con su bordón.
San Bartolomé: Sujetando al demonio encadenado.
Además, el estudio arroja luz sobre los "dudosos", logrando
identificar a San Felipe en el tercer piso por los restos de una cruz
latina en su mano, un detalle que lo diferencia del resto de sus compañeros.
CONCLUSIÓN
Este trabajo no solo es un ejercicio de historia del arte, sino un acto de
"justicia iconográfica" que devuelve el nombre a quienes custodian
desde las alturas el altar de nuestra parroquia. Gracias a la dedicación de la Asociación
de Amigos de la Basílica, hoy podemos mirar nuestro retablo con ojos
nuevos, reconociendo el magnífico legado de los Beaugrant en la Noble Villa de
Portugalete.
