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domingo, 28 de diciembre de 2025

ANECDOTAS DE NUESTRA HISTORIA. LA CRIA DE ELEFANTE DESCONTROLADA POR EL MUELLE

 


Ante el cierre del Archivo Histórico Municipal algunos de nuestros investigadores se sumergen en las hemerotecas digitalizadas, que se pueden consultar desde Internet, en busca de noticias de nuestros últimos siglos.

Un buen amigo consultando la sección de Gacetillas del Noticiero Bilbaino de finales del siglo XIX encuentra esta anécdota sucedida a la familia López de Zuñiga que se encontraba entonces en la Villa y que tuvo la ocurrencia de sacar a pasear por el Muelle una cría de elefante traída de Oriente.

En un momento dado el animal se descontroló y salió corriendo con el consiguiente sobresalto de los que en aquel momento paseaban junto al Puente.

El suceso fue recogido también en los noticiarios de la época como vemos en las cortas imágenes que nos facilita.

miércoles, 2 de octubre de 2024

EL MAREOMETRO Y LA JARRILLA, SIMBOLOS PORTUGALUJOS

  


La próxima celebración este fin de semana de PORTUTALENTO 2024, y el hecho de que yo tenga que participar hablando sobre el Mareómetro, así como la edición de una bonita tarjeta anunciándolo, con nuestro amigo “Faneca” delante del mismo, me obliga a hacer esta entrada.

Añado debajo, tras la pasada FIESTA DE LA VENDIMIA, otra vista de la Jarrilla más antigua que se conserva en la Villa, en la Cofradía de Mareantes de San Nicolas, pues es el segundo elemento que mejor representa nuestra historia.

El primero es nuestro patrimonio industrial más antiguo y único en su género en el mundo, por lo que es la representación mas genuina de nuestra historia.

Debemos recordar que cuando se fundó la primitiva puebla portugaluja, los barcos que subían hasta el primer puerto de Ugarte en el Galindo naufragaban aquí en la entrada y había que prestarles ayuda a los náufragos, desde darles comida y cobijo, y hasta recuperar sus mercancías de naufragio. Su gente ofrecía además el servicio de atoajes ayudando a los navíos a sortear la barra.

El motivo por el que el primer poblado fuera luego declarado Villa, fue el puerto, y desde las primeras Ordenanzas Municipales se preocuparon de reglamentar los servicios relacionados con el mismo, ya que era su razón de ser. Y ya en el siglo XV se reglamenta el trabajo de los pilotos lemanes, los modernos prácticos,  concediendo su titulación especifica. La historia de nuestra VILLA MARINERA va unida a la mejora de la entrada de la ría construyendo muelles y luchando contra la barra y su gente, expertos marinos, no pescadores, se centraron en la navegación mercantil, siendo su flota en algunos siglos la más importante del País. (El galeón del escudo municipal lo recuerda).

Como ayuda del piloto mayor, que desde 1824 disponía de una desaparecida torre para resguardarse y dar desde ella sus señales a los navíos que entraban y salían por la ría, se colocó en octubre de 1883 el mareómetro, que medía en cada momento el nivel de las mareas (solían variar desde 1,24 en las mareas muertas hasta 4,60 en las equinocciales), convertido en un singular elemento decorativo urbano cuya aguja de la esfera que mide la marea se mueve mediante un mecanismo de piñones y cadenas en conexión a un flotador.

La Villa complementó esta actividad marinera con la explotación vinícola de sus extensos viñedos que se extendían por todo su territorio y que duró hasta finales del siglo XIX, por lo que sus oriundos se enorgullecen de su VILLA JARRILLERA.

 Finalizamos con dos peticiones:

Que la Autoridad Portuaria, responsable del Mareómetro, transfiera ya su mantenimiento, como tiene prometido, a la Cofradía de Mareantes de nuestra Villa, para acabar con la vergüenza que representa la desidia de tener nuestro patrimonio industrial más antiguo y único en su género en el mundo, estropeado, sin funcionamiento desde hace mucho tiempo y si la memoria constructiva resaltaba la colocación de tres piezas decorativas en la esfera como eran los dos “botones” a cada lado y la “bola de coronamiento” en su parte superior, hace tiempo también que perdió uno de los “botones” sin que se preocuparan de reponerlo. 

Por cierto que la imagen del mareómetro no tiene ninguna relación con la actividad de los pescadores, con sus redes, que hemos conocido en el siglo pasado, como fueron los palangreros.

En cuanto a aparición de la jarrilla del siglo XVII, con una forma distinta de la que normalmente se utiliza, sería oportuno adaptar este modelo a las nuevas jarrillas portugalujas que se hagan, como muestra de singularidad local, salvo que los estudiosos opinen otra cosa.

 

 

miércoles, 10 de abril de 2024

LA GABARRA EN PORTUGALETE

 


Ante la llegada de la “gabarra” Athletic por la Ría camino de Bilbao, traemos hoy la fotografía que Andoni  nos ofreció en su día cuando ésta, todavía en activo y sin jubilar,7 estaba en el dique portugalujo.

Recordemos que “la gabarra”, que nació en los Astilleros Celaya en Erandio allá por los años 60,  no es una gabarra de las que se usaban en la ría para el trasporte de mineral, sino una pontona de esas que arrastrada siempre por un remolcador, porque no tienen motor ni gobierno, se utilizaban como puentes provisionales o para llevar grúas. 

Y esa fue su vida laboral hasta que en 1983 cambió totalmente de la mano del futbol y del Athletic en su horas altas. Lo de pontona no sonaba bien así que recordando la vieja canción de que por el rio Nervión bajaba una gabarra con 11 jugadores del Club Atxuritarra… se le cambió a gabarra y así la seguiremos llamando cada vez que pase bajo el Puente Colgante, que esperemos que no espere otros 40 años.

Al margen de que su forma sea de pontona o de gabarra, es como para la gente que hoy va a llenar las orillas de la Ría, una forma de sentir o de soñar y ser feliz durante unos días, que no se repiten tan a menudo a lo largo del año. 

Con este espíritu festivo añadimos la segunda imagen recordando a un infatigable seguidor del Athletic como fue Don Celes, y el recorrido definitivo de la gabarra que ante la petición de la extensa red de Peñas rojiblancas abarcará todo el extrarradio de Bilbao.

 


sábado, 9 de marzo de 2024

SI EL HIERRO HABLARA


Estas palabras, estas imágenes, a mucha gente portugaluja le llegaran muy dentro, pues fueron multitud los que llegaron a la Villa “bajando del monte”, de Gallarta, Ortuella, La Arboleda, Orconera, Peñucas ...

Es mi caso, que nací en Gallarta. Donde mi padre, obsesionado también con la rima poética, pisó la mina siendo muy niño, sin fuerza todavía para levantar un cesto de mineral, y nos lo contaba al igual que sus vivencias con Dolores… Donde su padre, temporero, vivió en barracones…

Es mi caso, pues mi madre nació en Ortuella y conoció la vida y la lucha de los mineros, con un tal Perezagua durmiendo en el suelo de su casa… Y su padre llevando el carro del Economato, viviendo huelgas, sufriendo represión por defender los derechos de los trabajadores, con años de cárcel y finalmente morir vilmente sin dejarle llegar a la jubilación, sin poder disfrutar de sus nietos…

Es mi caso, pues mis padres no hablaron, considerando que no había que abrir aquellos heridas...

SI EL HIERRO HABLARA….

jueves, 13 de julio de 2023

LAS ARENAS DE PORTUGALETE

  


Agunos años, últimamente, hemos visto que la Cofradía de Mareantes el día de su patrono San Nicolás, incluía en el programa de actos además de la Junta General o la comida de cofrades, una misa por sus difuntos, que al no conseguir permiso del párroco de Santa María, la realizaban como protesta al otro lado de la Ría, en la iglesia de Las Mercedes, remarcando que estaba situada en “Las Arenillas" o "Las Arenas de Portugalete”.

Suponemos que la idea surgiría de uno de sus cofrades, el insigne portugalujo de pro (aunque actualmente vive al otro lado de la Ría por aquello de que tiene las mejores vistas de la Villa), Javier García-Borreguerro.

Javier nos recuerda que la barra de Portugalete fue siempre muy conocida y la entrada del Abra figuraba con amplios arenales (el fragmento de grabado de la Cámara de Comercio así lo recoge) que pertenecientes al Estado eran conocidos como Las Arenas de Portugalete, una parte en el término de la Villa y otra al otro lado de la Ría en el municipio de Getxo. En el siglo XIX el Estado fue vendiendo dichos terrenos, al Ayuntamiento de Portugalete, los que estaban tras la playa del Salto, y a personas particulares como Máximo Aguirre en la otra orilla en torno a la solitaria casa del Consulado.

Las construcciones en torno al Balneario fueron creando un barrio que se conoció como Las Arenas a secas, eliminando lógicamente el complemento “de Portugalete” para dejar claro que era un barrio de Getxo, aunque estaba lejos del centro del municipio y del otro barrio de Algorta que era la referencia principal al ser donde estaban “los principales edificios públicos, el barrio de la marinería y su primitiva y antigua playa de baños...”

Este tema nos ha venido a la memoria al leer una entrada de Karla Llanos en su blog titulada El camino d Las Arenas a Algorta, con la erudición y meticulosidad que nuestro amigo imprime a sus trabajos, recogiendo un párrafo del periódico Irurac Bat del 4 de noviembre de 1862, que dice:

 ...Plácenos participar a nuestros lectores que ayer mañana se dió comienzo la construcción del camino que, arrancando en el muelle de Las Arenas de Portugalete, seguía por ellos hasta Algorta. Este camino proyectado hace bastante tiempo, va a realzar la importancia de aquella población, que a no dudar es una de las más bellas, más salubres y más pintorescas, como puerto de baños, de cuantas se asientan en todo el mar cantábrico...”

José Luis Garaizabal, por su parte, nos recuerda que quien escribió esta noticia no era un periodista cualquiera sino Mariano de Larrinaga, alcalde de Bilbao y al que le suponemos una importante cultura al respecto.

Hemos encabezado esta entrada con un fragmento de la conocida foto de la guerra carlista, sacada en 28 de enero de 1875, con las edificaciones existentes, abajo entonces en torno al molino y a la izquierda las del balneario frente a la playa, donde se aprecia claramente la carretera. Bajo el un fragmento del mural existente en la Cámara de Comercio de Bilbao reflejando los arenales a la entrada de la Ría.

 

jueves, 29 de junio de 2023

LOS PESCADORES DE NUESTROS MUELLES

 

Los actuales pescadores portugalujos son herederos de aquellos que durante siglos, desde el comienzo del villazgo, se asomaban a nuestra ribera y echaban sus cañas de pescar y sus anzuelos, dispuestos a llevar algunos peces a casa. Luego vinieron otras artes de pesca, barcazas a motor, redes más grandes, el palangre, etc. Hoy día no es la necesidad lo que conduce a estos pacientes hombres a los muelles portugalujos, pero su presencia nos invade de un sentimiento entrañable, profundamente típico de nuestra localidad marinera.

Me acerco a Félix, uno de los pescadores que nunca falta a su cita con la ría, y entablamos una amable conversación. Según me cuenta, hay compañeros que permanecen en su puesto desde las 10 de la noche hasta las 10 de la mañana. Félix por su parte, lleva en el muelle de La Canilla desde las 5 de la madrugada, y espera marcharse a las 12 del al mediodía, si tiene suerte.

Le pregunto qué clase de pescado se pesca en las aguas frente al Solar, y me cita una larga lista de peces (bastantes más de lo que pensaba): salmonetes, mojarras, aringorris, lubinas, erlas, brecas, pispirutos, morrudas –“que es la reina de las mojarras”, me dice- algunas doradas (“¡una vez pesqué una de casi dos kilos!”, afirma orgulloso un compañero de Félix, que se une a la conversación), sepias, jibias…. De vez en cuando llega algún pez tropical despistado, como peces-ballesta. Una variedad de especies impensable hace tan sólo 30 años.

Me cuenta que “a veces nos hacen la puñeta, porque echan las redes en el Abra y sólo llegan a Portugalete los peces más pequeños”. Supongo que es la misma trifulca que los pescadores portugalujos llevan manteniendo durante siglos con los que viven en Santurce o Algorta. La misma sempiterna lucha por llevarse a casa las mejores piezas. Y me resulta totalmente encantador.


Aitor González Gato.

 


viernes, 2 de junio de 2023

LOS RECUERDOS DE INFANCIA DE ADOLFO LARRAÑAGA: LA PELOTA.

  


Los deportes son para los niños válvulas de seguridad de su temperamento en aquellos que tienen tendencia a la inquietud, a la violencia, al entusiasmo y el juego en todas sus expresiones en el acicate de su vida.

Entre los deportes, el que más nos ha atraído con mágica seducción a los niños vascos ha sido la pelota. 

Recuerdo yo la primera pelota y la primera cesta que me regalo un tío mío que vino de América con dos negritos, sus criados, pues contrajo matrimonio con la hija de un cacique mejicano; y no sé qué me sorprendió más, si los negritos cuando jugaban o la pelota cuando giraba como un mundo minúsculo y sonoro.

Dormía con la cesta entre los brazos y mi primer pensamiento al alba era para ella.

Todos los días iba al pórtico de la iglesia a ensaya con tal entusiasmo, que yo mismo sacaba y restaba con movimiento inarmónico, sin ritmo, y además desigual e imperfecto.

Temblaba de emoción cuando, introduciéndola en la cesta la lanzaba con cuidado femenino a la pared y la esperaba como una gárgola con los ojos, la boca y las piernas abiertas, pero como la pelota era de goma muy viva, a veces el ímpetu de mi esfuerzo era tal que pasaba velozmente sobre mi cabeza y, rodando por las escaleras o saltando por el pretil caía en un barranco del montículo de la iglesia. 

¡Oh la pelota! Ni el mejor perro de lanas de Mondragón buscaba la pelota olfateando, intuyendo matemáticamente el lugar donde se ocultaba Y ni una vez se nos perdió no obstante los accidentes, ortigas, jaros y hoyos que salpicaban el talud. Pero la emoción era mayor cuando jugábamos por primera vez en el frontón del pueblo de 16 cuadros, solemnes de cancha pétrea y lisa, de frontis granítico donde alternaban los grandes pelotaris, vistos como semidioses desde nuestra estatura y edad. 

Era la época de la cesta plana casi como la de remonte, que obligaba a un juego rapidísimo y violento, limpio y estético como un palankari o un discóbolo de volea tan elegante y rítmica como la de Samperio, tan viril y violenta como Irún, tan noble, serena y esforzada como la de Elicegui.

Pero vino Zabarte y la cesta perdió en continuidad personal y ganó en curva.

Un día hicimos novillos por ir al frontón y eran tantas las alpargatas y calcetines que rompíamos, que fue necesario jugar descalzos. 

Nuestros pies sangraban, llagados, pero el calor del entusiasmo que dejaba huellas de sangre heroica en la cancha nos impedía sentir ni tener ninguna preocupación trascendente.

El primer partido de desafío que jugamos -0,25 pts.- fue presenciado por otros muchachos coparticipes en la fruición de la pelota.

La cantidad era importante y necesitábamos jueces.

Perdí y lloré, no por el dinero, sino porque el honor había quedado mancillado, no era campeón.  

Una tarde…

 

 


viernes, 28 de abril de 2023

LOS RECUERDOS DE INFANCIA DE ADOLFO LARRAÑAGA: NUESTROS LOBOS MARINOS



Era yo muy niño y en mi pueblo, que miraba a la mar con mas cariño temeroso que ahora, solían los marineros hacer sus lemanajes, es decir, su pilotaje práctico, en lanchas valientes como tritones. 

Estos marineros los días de invierno, cuando los vientos, las lluvias y los fríos acuciaban, se revestían de grandes trajes de agua con sudestes frigios que les daba un carácter de lobos marinos, no obstante carecer de sotabarba y pipa.

Calzados de bota de agua o grandes choclos, chapoteaban y estremecían las aceras cuando bajaban a puerto para conducir a bordo al práctico. 

Entonces no había turnos que la necesidad, la justicia y el espíritu de superación han introducido en su reforma más humana y equitativa.

Era de ver el pugilato que las lanchas establecían entre sí por llegar al vapor o a la barca, que esperaba fuera de la barra devoradora de los más bravos capitanes ingleses sin temor a la muerte, que algunas veces les esperaba entre los restos de otros buques náufragos. 

Entonces se ganaba el pan con verdadero anhelo bíblico, como una sentencia celeste, por lo que la vida era un dolor…al que se ama y teme como a la mar.

Cuando en la baliza se izaba la bandera negra, que recordaba la de los piratas, con su calavera, estos heroicos marinos desde el antiguo castillo las peripecias de la tempestad y callaban, a pesar de ser tan habladores.

Era el silencio del forzado de luchar mano a mano, con el Golfo de Vizcaya, el insobornable.

Esas noches no se levantaba el marinero de turno a tocar la aldaba de cada tripulación, que gritando decía: ¡A la lancha ¡

Los niños nos acurrucábamos, nos arropábamos tapándonos las cabezas con las mantas, y quietos sin respirar, sudando oíamos los latidos medrosos de nuestro corazón, sobre todo si el, sereno repetía “¡Las tres y lloviendo ¡”

Las tres era una hora fatídica, más que las doce, que es la hora bruja, la hora de las citas de amor y de aquelarre.

Pero la sorpresa es aún mayor, si mayaba un gato su quejido humano.

Recuerdo que cuando los naufragios del “Sumerle” y el “Propitius”, Aldecosia que era un botero, un pescador chirenisimo, original y fuerte, se ató una cuerda a la cintura y con el inmenso Manolo Hormaza se lanzó al salvamento de los ingleses que en medio de la noche gritaban pidiendo auxilio, y sus voces llegaban o se perdían según la ráfaga de viento se ausentaba. 

Estos marineros han desaparecido, los que quedan son sombras que pasan sin dejar estela de su vida, llena de inquietud, de lucha, de encantos dolorosos, que solo son gratos para referirlos al amor del hogar, pero que dejan en el alma el destello de la ejemplaridad, que salva a los pueblos. 

Las regatas, entonces, podían ser de potinandis, lanchas enormes que llegaban hasta el cabo Ouessant con la brújula llena de escamas y roto el palo mayor por la galerna.

El vapor ha matado a la lancha: pero la trainera quedara siempre para recordar que hubo una raza de bogadores los mejores del mundo. 

Y una fragata a toda vela correrá siempre por la mar como el fantasma maravilloso de lo que es inmortal. 

La belleza del viento que canta en las jarcias su amor a las velas de los templos de la mar. 

 

martes, 18 de abril de 2023

LOS RECUERDOS DE INFANCIA DE ADOLFO LARRAÑAGA: EN EL DIQUE.

  


Cuando llegaba el verano solíamos ir al Dique a bañarnos y allí aprendíamos a nadar.

Recuerdo que a mí me enseñaron tirando como a un pelele, desde el pretil, amarrado a la cintura de un balandro quilla al sol y cuando salí a flote, no emocionado, sino aterrado, me arrastraron como a un tollino y me sacaron a tierra, mudo y pálido dispuesto a dejarme ahogar, antes que volver a repetir la suerte. 

Solían venir a la dársena barcos ingleses que, al pasar por el Dique, echaban monedas forradas en un papel.  

Todos nos zambullíamos como pitorros y unos sacaban piedras, otros barro y el feliz mortal la perra ansiada en la boca. 

Había uno que tenía tanta resistencia, tal capacidad funcional respiratoria, que un día, pasando el Marqués de Mudela por el canal, se lanzó desde un bote, se hundió en el agua, buceó, pasó por debajo de la quilla del vapor al otro lado no obstante marchar éste a relativa velocidad, sin temor al reful de la hélice, que, como un pulpo, succiona y mata.

En ese intervalo, tan victorioso como romántico y deportista, a ese gran nadador le dieron galleta… en la camisa, que olía, y no a ámbar.

Alguna venganza de un rival envidioso de su honor.

Pero para nosotros fue un símbolo; le mirábamos como a un héroe nacional, y cuando el pasaba a nuestro lado sentíamos la emulación simpática del que es digno de ser retribuido por su hazaña. 

La alternativa nos la daban en pleamar, a diez brazas de profundidad, fuera de la vigilancia personal del juez que desde el costado del bote esperaba, reloj en mano, apreciar el tiempo que estábamos en el agua. 

Luego el espaldarazo, el cigarrillo y unos cacahuetes, mientras tiritábamos sonrientes.

Yo aprendí a nadar porque leí un día un cuento titulado “Aquí se ahogó Benito” y fue tal la emoción que me produjo, que lloré sin poderme contener.

El maestro me preguntó asombrado

¿Por qué lloras?

Porque no se hubiera ahogado si hubiera aprendido a nadar.

Y era que recordaba cómo se ahogó un amiguito mío.

ADOLFO DE LARRAÑAGA (1933)

 

 

 

jueves, 20 de octubre de 2022

CUANDO PAUL NEWMAN Y ROBERT REDFORD ESTUVIERON EN PORTUGALETE

 


Con este título comenzó el lunes pasado Oskar Álvarez Gila su conferencia con motivo de los actos del Portugalete 700 que tuvo lugar en el Centro Cultural Santa Clara con el título PORTUGALETE(S) EN EL MUNDO.

Tras un momento por la sorpresa de no tener idea de que estos dos conocidos actores se paseasen por la Villa, nos llegó la aclaración que iba acorde con el tema de la conferencia y es que donde estuvieron fue en el poblado minero de Bolivia llamado también Portugalete.

La película fue Butch Cassidy and the Sundance Kid (en España: Dos hombres y un destino) considerada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos como “cultural, histórica o estéticamente significativa", cuenta la historia de los famosos asaltantes de banco estadounidenses Butch Cassidy y The Sundance Kid que llegaron hasta Bolivia.

De este “Poblado minero a 4.230 m. en el sudoeste de Bolivia” nos decía nuestro colaborador Mario Giorgetta en el nº 8 de noviembre de 2009 de CUADERNOS PORTUGALUJOS:

De Portugalete, en el sudoeste de Bolivia, supe por noticias que de vez en cuando llegaron a mis oídos por intermedio de personas ocupadas con la minería. Me contaban de una ciudad igual que la famosa Potosí, perdida por la soledad y la lejanía de la alta serranía cerca de Atocha, y que tenía también su Cerro Rico donde los españoles sacaban plata en la época de Potosí. Hablaban de una ciudad con iglesias ricas en ornamentaciones y lienzos antiguos, una ciudad en donde usaban una guillotina para ajusticiar a los delincuentes. Me contaban de viejos caminos en sus tierras, salpicados por herraduras viejas y completamente corroídas, a pesar de que los campesinos nunca usaron bestia de carga con herraje. Y me dijeron que el nombre del lugar precitado era PORTUGALETE.

De la conferencia de Oskar Álvarez Gila volveremos cuando el Área de Cultura que la grabó la suba a la red. Solamente reseñar el enigma que nos dejó al decir que esta mina  había pertenecido anteriormente a la empresa Hermanos Anzoategui.  Serían estos, los primeros mineros, portugalujos?



 

jueves, 18 de agosto de 2022

LA GOLONDRINA BLANCA DE ABARO

 


Una vez más y de chiripa, me he encontrado con una curiosa noticia en El Liberal del 14-8-1935 donde se publica una carta, sin firma, que decía así:

 “Desde el 10 del presente mes, a la villa de Portugalete le cabe la dicha de poseer una verdadera maravilla de la naturaleza. Se trata de una golondrina, cría de este año, completamente blanca, que el vecindario del elegante barrio de Abaro, entre el nuevo Instituto y el chalet y jardines de Martínez, tiene la dicha de admirarla en vuelo y en reposo.

Se ha dado conocimiento del fenómeno viviente y animado al director del Instituto y también al señor alcalde, para evitar, si es posible, que la chiquillería se arme de tiragomas y dé en tierra con esta joya preciosa que surca el aire causando la admiración de cuantos tienen la dicha de contemplarla en sus no muy rápidos revoloteos, pues, como dejamos dicho, se trata de una cría de este año.
Las oscuras golondrinas… que dijo el poeta.
Rara avis… que decimos nosotros”. 

El barrio de Abaro era un extenso vergel. Cada finca rivalizaba con las contiguas en arbolado, jardines y huertas, así que no es de extrañar que la golondrina albina se quedara en la villa donde nació, volando feliz tras los insectos por la zona comprendida entre el actual Colegio Santa María que en aquella época acogía el segundo Instituto de 2ª Enseñanza de Bizkaia, creado en 1933 como filial del de Bilbao, en el antiguo Hotel de José Dueñas que había sido proyectado en 1901 por Emiliano de Pagazaurtundua; y la mansión de Alejandro Martínez proyectada en 1902, sita en el solar donde se levantaron las casas en cuyos bajos estuvo el Coliseo Java, y hoy, el Supermercado BM.
Según nos cuenta la Asociación de Educación Ambiental El Bosque Animado:
No es muy frecuente encontrarnos aves con coloración blanca en sus plumas y a veces es complicado determinar qué clase de trastorno o aberración cromática presentan. Tanto el albinismo como el leucismo, ambos causados por mutaciones genéticas, producen este tipo de desórdenes pigmentarios debidos a la incapacidad del ave para fabricar melanina. El albinismo se manifiesta por un plumaje blanco puro que se mantendrá así toda su vida, pero también en su piel, pico y patas, que serán pálidos, y en sus ojos, rosados o rojizos”.
Esperamos que la golondrina emigrara felizmente en Septiembre, junto a su pareja y compañeras, a los lejanos parajes de África, sin haber sido blanco de los tiragomas infantiles. 

JOSE LUIS GARAIZABAL

sábado, 30 de abril de 2022

RECOGIDO DE LA PRENSA: UN AEROPUERTO EN LA RÍA

  


En la edición de EL CORREO, del 20 de marzo de 2019, Julio Arrieta, recordaba como en noviembre de 1957 el británico 'HMS Ocean' se convirtió en el primer portaaviones que amarraba en el Puerto de Bilbao. 

«En el 'Ocean', el que tenga 21 años cumplidos tiene derecho a una ración de ron diaria». Con este detalle tan marinero empezaba Rafael Ossa Etxaburu su crónica en EL CORREO sobre la visita de aquel portaaviones, un acontecimiento que causó sensación, sobre todo porque dio lugar a imágenes memorables, como la del buque pasando remolcado bajo la tabla del Puente Bizkaia. La estampa pudo verse dos veces, el día 1, cuando el navío fue llevado hasta la dársena de la Benedicta, donde amarró –junto a un transatlántico, el 'Covadonga'–, y el día 5, cuando se hizo a la mar.

Aquella visita no fue casual. Simbolizaba la normalización de relaciones del Reino Unido con la España de Franco, ya en la Guerra Fría. Por razones obvias, este aspecto no se trató en la prensa del momento, que se centró en la pura novedad que suponía ver un portaaviones de 190 metros de eslora y 24 de manga subiendo por la ría. Eso sí, sin aviones en sus tres hangares, porque hacía tiempo que el buque ya no los llevaba y servía de barco de entrenamiento para «340 hombres. Cuarenta hacen prácticas para oficiales y el resto cursan diferentes especialidades de marinería». El número total de tripulantes, entre oficiales y marineros, era de 1.300.

«Todavía se mantiene la paz en esta guerra fría de nuestros días» y esos hangares se habían convertido en almacenes y salas de juegos deportivos. «Es la paz», escribía el periodista de EL CORREO. «Hasta la catapulta hidráulica» para lanzar los aviones «se la han quitado. Estamos en paz y es un buque de entrenamiento», repetía Ossa Etxaburu, que aún así quiso saber cuánto tardaría el barco en subir un avión de combate a cubierta en uno de sus dos ascensores para su despegue. «Dos minutos», le dijo un «joven oficial» que se lamentó: «Demasiado tiempo; el 'Saratoga' tarda 47 segundos...»

Un portaaviones sin aviones es como un pan sin sal, pero dio igual y la novedad se impuso. «El feliz arribo de los marinos del portaaviones 'Ocean' a nuestras aguas», que decía 'La Gaceta del Norte' el día 2, se produjo en una mañana lluviosa y con niebla. «Bilbao se vistió de Londres para estar en ambiente y para dar una bienvenida íntima» a la tripulación del «aeropuerto flotante». En EL CORREO, Ossa Etxaburu recogía la expectación que despertó el paso del 'Ocean'. «'Se va a pegar con el Puente', oí una voz junto a mí», escribió. No lo hizo, e incluso maniobró de tal forma que en un momento el barco, «cruzado en la ría, parecía enlazar Portugalete con Las Arenas a modo de un gigantesco puente móvil».

 Un barco con historia

Cuando llegó al Puerto de Bilbao el 'HMS Ocean' estaba a punto de ser retirado. Construido en Glasgow entre 1942 y 1944, puesto en servicio en 1954, pertenecía a la clase 'Colossus', un tipo de portaaviones de combate que se desarrolló a toda prisa y con el presupuesto ajustado para atender las urgentes necesidades de la Marina Británica en la Segunda Guerra Mundial. El 'Ocean' entró en servicio demasiado tarde para intervenir en este conflicto, pero sí que participó en la Guerra de Corea -en la que sus aviones de caza propulsados a hélice llegaron a derribar Mig-15 a reacción- y en la Crisis de Suez, donde protagonizó un desembarco histórico con helicópteros. Hoy, es recordado sobre todo porque su cubierta fue la primera de un portaaviones desde la que despegó y aterrizó un reactor de combate –un caza Sea Vampire pilotado por Eric 'Winkle' Brown, en diciembre de 1945–.

Nada de todo esto pudieron apreciar los vizcaínos que se acercaron a visitar el barco en el único momento en el que estuvo abierto al público, el domingo 3 de noviembre de tres a seis de la tarde. El resto de la agenda del 'Ocean' se compuso de actos oficiales, visitas al barco de las autoridades y las de los mandos del buque, con el vicealmirante Guy Bourchier Sayer (1903-1986) a la cabeza, a las mismas autoridades en tierra. También hubo 'cocktails' a bordo para la colonia británica en Bilbao y una fiesta en cubierta para los niños acogidos en la beneficiencia y orfanatos de Vizcaya.

Mejor que la oficialidad se lo pasó la tripulación del barco, que pudo asistir en San Mamés a un partido de fútbol memorable en el que se enfrentaron un equipo formado por jugadores del Athletic y otros clubes vizcaínos con otro compuesto por marinos del 'Ocean'. ¿El resultado? Triunfo local por goleada, 6-0. Los ingleses también asistieron a un partido de pelota en Santurtzi y a una velada de boxeo en el Club Deportivo de Bilbao.

Claro que algunos también asistieron a misa en el propio buque. Porque 130 miembros de la tripulación, «el 13% del total» -precisaba EL CORREO- eran católicos. Celebró la Eucaristía «en perfecto inglés Don Antonio Uriarte, capellán del Apostolado del Mar».

«Marchamos entusiasmados del trato que se nos ha dispensado en Bilbao», declaró el vicealmirante Sayer en la entrevista de despedida que concedió a 'El CORREO', en la que el militar se mostró tan diplomático como hermético y flemático. Solo se permitió una opinión con algo de tono cuando Ossa Etxaburu le planteó la posibilidad de que los portaaviones tenían los días contados por «costosos e improductivos», como había dicho nada menos que el mariscal Montgomery. «Ese es el punto de vista personal de un soldado, que luego se ha retractado públicamente de semejantes afirmaciones», zanjó Sayer.

 

sábado, 2 de abril de 2022

RELATOS DEL FIN DE SEMANA: LA DIVERSIDAD


Tras una época de silencio Martín Uriarte, “Martintxu”, o para sus compañeros del “cole” en aquellos años del 65 a 71, “Landa”, vuelve a desgranar desde Tarragona, donde vive felizmente jubilado, sus recuerdos de juventud: 

Portu es muy "diverso"
que no es lo mismo que divertido,
pero también. 

El título se refiere a una palabra de moda desde hace unos años. Se suele usar con el vocablo integración. En la mayoría de los casos, su uso, permite esconder sus carencias y los miedos que producen los extraños. 

La no aceptación, el rechazo a la diversidad está en la base de lo que llega a ser racismo tras el paso por la discriminación

Que no es fácil, es cierto, la educación social previa, vamos, aquello del "de dónde venimos" no lo facilita. Nosotros, los chicos de mi edad, teníamos como correcto llamar "maketos" a quienes llegaban de lejos para trabajar en la industria local. La "diversidad" no estaba inventada. Todavía.

 En mi caso, cuando estuve en "el cole", empecé a apreciar que algo había de distinto en los chicos "diversos". Conviví con alumnos panameños, argentinos, guineanos,... en las aulas. Hasta entonces, la integración vivida en la escuela nacional, no pasaba por establecer diferencias; más bien era al revés: los diferentes éramos los portugalujos.  

En el colegio, las orlas colgadas en las paredes de los pasillos del aulario acreditaban retratos de jóvenes con apellidos y colores de piel "distintos". La fama y el prestigio del Colegio Santa María, en aquél tiempo, llegaba lejos.

Muy llamativo me resultaba ver en las orlas, que, personas coetáneas aparentaban una edad superior a la que correspondía al curso: parecían más "viejos".

Pero lo mejor, era la normalidad del contacto entre alumnos, fuera el que fuera nuestro origen: no había murallas en el coloquio. Es más, lo habitual era presentarnos a los recién llegados e invitarlos a sentarse con nosotros, cosa que los menesianos respetaban, ¿verdad Gustavo Tapia(†)?, madrileño aún recordado.

Pasado no mucho tiempo, la Escuela de Náutica comienza a atraer estudiantes del norte de África y en las facultades de Leioa, todavía Lejona, conocíamos otros chicos de ese origen. Siempre chicos. Recuerdo a Mohamed Ezzedeen, ya Doctor, que, además, lleva la promoción del turismo desde Bilbao a Egipto.

En medios profesionales, trabajando ya en "empresas globales", se entiende que el concepto "diversidad" es básico para los proyectos y negocios y pasa a ser labor de la dirección de recursos humanos organizar cursos de aceptación de esa diversidad. Poder acreditar esa aceptación, está en la base de muchas carreras laborales que pueden incluir residencia en, por ejemplo, China, India, Texas y Arabia en un plazo de unos diez años.

En mi tiempo laboral, he conocido personas de todos los colores y orígenes : un ingeniero japonés, un ingeniero omaní, un ingeniero senegalés -con cuatro esposas que no podía traer a España-, marroquíes, argelinos, un libio -sensacional su acento vasco-, un ingeniero sirio, un uruguayo, varios argentinos y estadounidenses,… al retirarme, uno de mis dos jefes directos -uno administrativo, Patxi, y, el otro, técnico, era Tom Bradley, estadounidense-.

Y, termino, ahora convivimos con personas de esos orígenes sin salir de la calle en que vivimos.

NOTA.- Tengo, "in mente" todavía,  una pregunta ¿indiscreta?, sobre los chicos que provenían de Guinea. ¿Qué habrá sido de ellos?

 

 

miércoles, 16 de marzo de 2022

PETICIONES A LA AUTORIDAD PORTUARIA

 


Ahora que con los actos del 700 Aniversario, la estatua de D. Víctor ha quedado imponente, el kiosco no digamos, los jardines del Paseo de la Canilla han sido remodelados y se muestran como cantó Pedro Heredia, “henchidos de preciosas flores que inspiran amores al corazón”, y hasta los del Consorcio de Aguas después de sus eternas obras de sustitución de la tubería que atraviesa la Ría, parece que nos dejan libre el Muelle Nuevo, como si de una carta a los Reyes Magos se tratara, quisiera dirigirme al Presidente de la Autoridad Portuaria, portugalujo de nacimiento, que visita asiduamente el Casco Viejo.

Se trata de recordarle algunos puntos sensible para nosotros como son, paseando desde el embarcadero del pasaje hasta la Punta, el desaparecido mareógrafo, el mareómetro, el hito de fundición que falta en el comienzo del muelle de hierro, el acceso cerrado a las escaleras de los “agustinos”, “Gandarias” y a la zona del paseo inferior del muelle, así como las farolas y argollas que faltan al final del mismo. 

Sobre el mareógrafo que sigue en paradero desconocido, que estuvo instalado bajo la “fábrica de tubos” y cuyo boceto basado en el testimonio del hijo del penúltimo mareografista, Mariano García Pascual con un escrito mío sobre el asunto, el Presidente de la Cofradía de San Nicolás ya les trasladó a finales de 2018.

Consultados antiguos empleados de la JOP, NADIE SABÍA NADA. Me dijeron que, tal vez fuera retirado al taller de la JOP de Axpe y al haber desaparecido aquel, sospechan que se vendiera como chatarra o vaya usted a saber. Tampoco se sabe nada en la Autoridad Portuaria de los mareogramas (gráficas en papel milimetrado), solo que se mandaban a AXPE desde Portugalete. El aspecto del mismo sería, más o menos, similar al existente en Reykjavik, pero guardado dentro de un armarito de madera barnizada y cristales. En la esfera del reloj ponía PARIS. Aún se pueden observar, bajo el cuartito donde operaba, los tubos por los que subían y bajaban las boyas y poleas. Si aparece, que lo dudo, sería una fantástica aportación al Museo de la Industria RIALIA. ¿Se quedaría alguien con él cuando perdió utilidad o estará en algún despacho?. ¿No constan en sus archivos datos de su adquisición?.

Si se da el paseo por el Muelle hasta la Punta, comprobara como las escaleras de los “agustinos” y de “Gandarias” siguen fuera de servicio “gracias” a las verjas que “provisionalmente” les colocaron y que contrastan con la libertad de uso de las de Las Arenas.

Un poco más adelante se encontrará con el MARÉMÉTRE BORREL-WAGNER, 1883 (Mareómetro único del mundoque lleva sin funcionar “la pera” y al que le falta “la oreja” del lado de la Ría. Una limpieza de la maquinaria y del pozo y entrada de agua desde la Ría le volverían a la vida por una buena temporada. ¡Ánimo!.

En el comienzo del Muelle de Hierro, sigue faltando el hito de fundición de 1881 con el nombre de la empresa constructora, La Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, cuyo hermano gemelo se quedó solo tras una de las obras municipales acometidas en las piscinas. ¿Se podría hacer una réplica y colocarla en su sitio? Sería una bonita aportación al 700 Aniversario.

Ya en el muelle donde estuvieron las escaleras “de las chicas”, verá que una nueva verja impide el paso al muelle inferior. Hace años, quise mostrar a mis antiguos compañeros de trabajo la estructura del muelle que posibilitó el fin de la barra. Se había rehabilitado eliminando los pilares de hormigón que ocultaban los pilotes con rosca y colocando nuevamente las riostras. A nuestros años, debimos hacer escalada furtiva. Hoy, los buenos fotógrafos de la Villa nos obsequian, de vez en cuando, con imágenes obtenidas de extranjis de esa tela de araña metálica y los pescadores se lo saltan sin más.

No estaría nada mal la colocación de dos faroles de época, IRROMPIBLES, en la elegante farola de las escaleras llamadas “de los chicos” o “del Sporting”.

Y ya para terminar, llegando al morro, verá como sigue faltando, la última argolla en el muro y que tal y como ya denunciamos en su día en este blog y de forma oficial en 2012, y que seguirá envuelta en mojijones entre las rocas que están a sus pies. Entonces no hubo voluntad y hoy, un puñado de euros, serían una buena inversión.  

Sr. Presidente, tan importante como hacer grande nuestro puerto es mantener las pocas señas de identidad de su pasado glorioso, llámense muelles, mareógrafo, reglas de marea, mareómetro, grúas, motilones, escaleras, escalas, balizas de señalización, farolas históricas, argollas, rampas, varaderos de gabarras, etc. Lo perdido, perdido está, pero lo que queda, cuidémoslo.

Eskerrik asko Rey Mago. 

JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO

 

 


martes, 8 de febrero de 2022

RECOGIDO DE LA PRENSA: EL HIDROAVION QUE PASÓ BAJO EL PUENTE COLGANTE EN 1912

 


 En la edición de EL CORREO del 6 de febrero pasado, Julio Arrieta en su sección de TIEMPO DE HISTORIAS, nos recordaba cómo la Comisión de festejos de Bilbao contrató en 1912 al célebre piloto André Beaumont para unas «fiestas de aviación» sobre el Abra en las que demostró sus habilidades al mando de su novedoso aparato. 

«Desde las primeras horas de la tarde de ayer, vapores, trenes, tranvías, automóviles y coches salían sin cesar y abarrotados de público con dirección a las playas del Abra y el gentío que allí llegó a congregarse era incalculable, pues hacia cualquier punto que dirigiésemos la vista, solo apercibíamos apretados racimos de personas, que en su afán de ver arrancar al moderno pez volador, se estrujaban pacientemente y hasta despreciaban la embestida de las olas que al venir a morir contra los peñascos, convertidos accidentalmente en puntos de observación salpicaban a las que en ellos se encontraban», escribía F. Aldazabal en 'El Noticiero Bilbaíno' del lunes 2 de septiembre de 1912.

 Reflejaba la expectación que generaron los tres vuelos de exhibición que protagonizó el aviador francés André Beaumont a bordo de un hidroplano Donnet-Lévêque los días 31 de agosto, 1 y 3 de septiembre de 1912, coincidiendo con la visita a la villa de los reyes, Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Aquel domingo, «el intrépido conquistador del espacio» –como lo definía Aldazabal en su crónica– voló por debajo del tablero del Puente Colgante. Pero curiosamente esta imagen espectacular, fijada en unas pocas fotografías, impresionó menos a los periodistas que la maniobrabilidad del aparato en el agua. Porque si los aviones, en general, eran un invento reciente y llamativo –los hermanos Wright volaron por primera vez el 17 de diciembre de 1903–, los hidroaviones eran una novedad total. El primer vuelo autónomo de un aeroplano de este tipo fue realizado por Henri Fabre, el 28 de marzo de 1910 en Châteauneuf-les-Martigues (Francia), a bordo de su célebre 'Canard' (pato).

 Al año siguiente, Donnet-Lévêque construyó el primer hidroavión de casco, que daría paso, ya en 1912, al Aéro Hydroplane Donnet-Leveque-Denhaut o Donnet-Lévêque Tipo A, impulsado por un motor Gnome de 50 caballos. Este fue el avión que atrajo a las multitudes a Las Arenas, Portugalete y Santurtzi, pilotado por André Beaumont.

Que en realidad no se llamaba así. Como se preocupó de explicar la prensa bilbaína, el de Beaumont era un pseudónimo que el héroe había adoptado porque la Armada Francesa prohibía realizar vuelos comerciales a sus oficiales. André Beaumont era en realidad Jean Louis Conneau (1880-1937). Graduado en la Escuela Superior de Aeronáutica francesa en 1910, piloto civil (con la licencia nº 322) y militar (licencia nº40), se distinguió como aviador deportivo al ganar tres de las pruebas aeronáuticas más duras del momento: el 'raid' París-Roma, el primer Circuito de Europa y la Round Britain Race.

 

«El mejor aviador del mundo»

 

Sus triunfos en estas carreras, cubiertas con entusiasmo por la prensa, transformaron a Beaumont para los periódicos de Bilbao en «el mejor aviador del mundo». Por ello, causó sensación el propósito de la Comisión de festejos bilbaína de contratar al héroe «para tomar parte en las fiestas de aviación con hidroplanos en el Abra de Bilbao los días 27, 28 y 29», con motivo de las fiestas de agosto. Se le ofrecieron al aviador 8.000 francos, «hallándose dispuesta» la Comisión «a darle hasta 10.000 para lograr traerlo a toda costa», según daba cuenta 'El Pueblo Vasco'. Los vuelos de Beaumont con su avión marino completarían las exhibiciones de los «afamados aviadores Garnier y Legagneaux; que volarán en los terrenos del Parque los días 22, 23 y 24 del corriente mes» a bordo de sus monoplanos.

 Pero la visita del héroe aeronáutico estuvo a punto de no realizarse. En los siguientes días los bilbaínos vivirían en tensión, porque los periódicos recogieron al punto todos los imprevistos que empezaron a sucederse. Así, el 12 de agosto, el mismo diario contaba que el piloto había despegado el día anterior «en su hidroaeroplano» para unirse al raid París Londres cuando «tuvo que detenerse en Boulogne a causa del mal tiempo». Al intentar reanudar su viaje, y cuando el aparato había alcanzado los 300 metros de altitud, «un golpe de viento lo precipitó al mar». «Beaumont estuvo a punto de ahogarse, pero se le pudo auxiliar a tiempo. Al llegar a tierra declaró que renunciaba a su proyecto».

Días después llegó un segundo disgusto. Como de nuevo recogieron los periódicos, Beaumont se veía incapaz de cumplir las fechas de vuelo acordadas. Así lo explicaba 'El Noticiero Bilbaíno': «El aviador Mr. Beaumont ha telegrafiado a la Comisión de festejos que, debido a un retraso del expedido, su aparato no podrá estar en esta Villa hasta el día 31 del corriente». La comisión respondió al piloto por el mismo medio «encareciéndole procure que el aparato llegue para el día 30 con objeto de que las fiestas de aviación tengan lugar los días 31 del actual y los días 1 y 2 de septiembre». Se le encarecía especialmente a volar el domingo, al ser festivo, «con objeto de que puedan disfrutar las clases obreras del espectáculo». Beaumont llegó a Bilbao el 30 de agosto, viernes, cuando los Reyes ya estaban en la villa.

El sábado 31 por la tarde, a las 16.30, el héroe realizó su primer vuelo ante un público llegado a bordo de trenes abarrotados y hasta en barcos dispuestos para la ocasión, como el vaporcito 'Elobey' –que cobraba a 1,50 pesetas la plaza en cubierta y 3 en el puente–.

«Los Reyes en el Puerto exterior. Regatas y aviación», tituló 'El Noticiero Bilbaíno'. «Casi al propio tiempo en que se daba por terminada la regata de la copa del Cantábrico, el aviador Beaumond (sic), montando en su bonito hidroaeroplano, que flotaba junto al muelle de las Arenas, deslizóse rápido sobre el agua y se elevó valientemente, alcanzando desde el primer momento una respetable altura».

 

Vuelo sobre el yate real

«En vuelo recto dirigióse hacia el puerto exterior y después de cruzar sobre el yate real 'Giralda', describió una graciosa curva pasando por encima de los buques de la escuadra allí fondeados», añadía el periodista, anónimo en esta ocasión. El público estaba entusiasmado, «la animación en todo el puerto era extraordinaria». «Los muelles de Algorta, Las Arenas, Portugalete y Santurce se hallaban materialmente llenos de público y dentro del puerto y en la ría, infinidad de embarcaciones de todas clases discurrían repletas de pasajeros». Los Reyes «presenciaron los vuelos desde el 'Giralda' y saludaron al aviador a su paso sobre el yate».

El piloto, «elevándose cada vez más en el espacio, recorrió el Abra en todas direcciones, internándose mar adentro y volando otras veces sobre poblado hasta llegar a dar vista a Bilbao». El vuelo, «el mayor que en Bilbao hemos presenciado, se prolongó 32 minutos, y en su última virada y viniendo de fuera a dentro, descendió a la altura del muelle de hierro de Portugalete». Ya en el agua, «realizó preciosas maniobras, virando y girando con gran soltura y facilidad y sorteando el encuentro con botes y lanchas», admiraba el cronista de 'El Noticiero'.

Al día siguiente, domingo 1 de septiembre, Beaumont sobrevoló de nuevo el yate 'Giralda', según contaba 'El Pueblo Vasco', periódico cuyo redactor recogió todo el trayecto con un detallismo casi notarial: «A la altura de Abanto y Ciérvana, vira a la derecha y hace rumbo al punto de partida. Pasa sobre éste a unos 300 metros de altitud y a gran marcha, y se dirige hacia Bilbao, cruzando por encima del Puente Vizcaya».

«Luego vira hacia Axpe y de nuevo se dirige hacia el Abra. Todas las sirenas de los barcos de vapor le saludan y él contesta con la que lleva el aparato. Encima del rompeolas tuerce a la derecha y pone la proa hacia Algorta, ganando una altura de unos 500 metros».

«Sobre la Avanzadilla vuelve a virar y se interna resueltamente en el mar, pasando por encima de Punta Galea. Desde allí se dirige otra vez a Punta Lucero; vuelve a internarse en el mar, desciende hasta seguir a pequeña altitud la línea de los muelles de Santurce y Algorta. De pronto con rapidez increíble, vuelve a colocarse a gran altura y por tercera vez se interna en el mar».

Durante un rato «se le perdió de vista»

Por fin, «se le ve venir descendiendo en dirección de la desembocadura de la ría, cruza por debajo del Puente Vizcaya y durante un rato se le pierde de vista». La incertidumbre dura unos «cuatro o cinco minutos» tras los que el avión reaparece «a considerable altura por encima del monte Cabras».

El público saludó «con un aplauso cerrado y estruendoso al intrépido aviador», saludo al que se unieron «los estridentes silbidos de las sirenas y el estampido de los cohetes». El periódico detalló con admiración que, según el piloto, el hidroavión llegó a alcanzar la vertiginosa velocidad de 120 kilómetros por hora en algunos momentos del vuelo, que duró 33 minutos.

Ya en tierra, Beaumont «fue muy felicitado por los miembros del Comité de festejos de Bilbao y otras distinguidas personalidades», tal y como escribió Aldazabal en 'El Noticiero'. El mismo cronista recogió las impresiones del piloto, muy positivas, sobre el puerto de Bilbao como campo de exhibiciones aéreas. «Continuó diciéndonos que no había querido elevarse más de 350 metros como máximum para que todos pudieran seguir con facilidad sus evoluciones y que al pasar al lado de los buques de guerra y encontrar a los bizarros marinos españoles sobre la cubierta, tuvo en cuenta que antes que aviador es marino y se apresuró a saludar militarmente a sus compañeros que cariñosamente le aplaudían».

El mal tiempo obligó a suspender la exhibición del día 2 y Beaumont voló por tercera y última vez el martes, 3 de septiembre, de nuevo ante un público entusiasta a pesar del «molesto sirimiri».