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jueves, 18 de septiembre de 2025

MARINOS PORTUGALUJOS EN EL RECUERDO: JOSE LARRAURI Y EL HUNDIMIENTO DEL “ELANCHOVE” DURANTE LA GUERRA EN 1936

 


La Noble Villa Marinera, como le gustaba recalcar al portugalujo Académico de la Historia, Francisco Sesmero, ha vivido a lo largo de sus siete siglos de existencia días de luto ante las noticias de naufragios sufridos por muchos de sus vecinos. Así empieza una entrada que en su día dedicamos al naufragio del vapor Lolín donde falleció Daniel Ardanza Arrizabalaga de 35 años su primer oficial y donde recordábamos también a su primo José Antonio Larrauri Arrizabalaga, fallecido en el naufragio del vapor Elanchove en 1936.

Ahora una exposición con el título EL MISTERIOSO HUNDIMIENTO DEL VAPOR ELANCHOVE, que tiene lugar en el Centro Cultural Santa Clara hasta el día 26 de este mes, nos pone el tema nuevamente sobre la mesa.

José Antonio Larrauri y Arrizabalaga, nacido en la calle del Medio en 1907, provenía de una familia de marinos, y se había casado el año anterior, 1935, con Eloisa Marco Aramburu con quien tuvo un hijo que moriría, tras su naufragio, a los 18 meses.

La prensa de la época nos lo recuerda como un marino muy querido en la Villa, hijo del también capitán José Antonio Larrauri y Azqueta, que procedía de Mundaka, condecorado por el Gobierno Británico como héroe en 1916 por salvar a 73 náufragos, y que durante la guerra civil estuvo encarcelado por ambas partes de los contendientes.

El naufragio sucedió en aguas del golfo de Bizkaia a 150 millas de Punta Galea el 25 de octubre de 1936, celebrándose en su recuerdo una misa funeral en Portugalete el 7 de agosto de 1937.

El vapor mercante “Elanchove” había sido botado en 1902 en los astilleros de Northumberland, y tras pasar por varias Compañías navieras de Bilbao, con diversos nombres lo adquiere la Compañía Marítima Elanchove, siendo incautado al iniciarse la guerra civil por la Republica. Su cometido principal era cargar mineral de hierro y llevarlo principalmente a Inglaterra, con la intención de obtener divisas para poder así la República abastecerse de armamento, materias primas, etc.

El 24 de octubre del año 1936, sale de Bilbao con destino a Cardiff, capitaneado por Fernando Abaroa de Lekeitio y como primer oficial nuestro José Larrauri con una tripulación de 41 hombres. Al día siguiente, a las 23:30, el buque se hunde y solo hay un superviviente.

En la exposición se presentan tres hipótesis del naufragio: Acto de guerra, por una mina o un torpedo, rotura del casco, o la versión oficial de un fuerte temporal.

¿Qué ocurrió realmente? La exposición arroja luz sobre este episodio, cuyas causas permanecen desconocidas, y rinde homenaje a las viudas y familias afectadas.

viernes, 6 de septiembre de 2024

NAVEGANDO POR LA RED: NAUFRAGIOS EN LA BARRA (y 4)

  


Finalizamos el tema de los relatos de naufragio en la barra que Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales nos ofreció en su blog LA VIDA PASA y que recomendamos consultar en su totalidad, con uno de los que tuvieron lugar todavía tras la realización del Muelle de Hierro, como fue el naufragio del vapor VELAZQUEZ en julio de 1883.

El citado vapor hacia las diez de la mañana empezó a maniobrar y a elevar el ancla hallándose a bordo el práctico lemán Bernabé Ortiz Revilla, de la Cofradía de Mareantes de esta Villa. Se dirigieron ría abajo hasta la altura del muelle de la Benedicta donde viendo que el mar estaba algo alborotado, dispuso el capitán ser remolcado por el vapor remolcador “San Nicolás”, tras haber salido ya con anterioridad y por delante de ellos otros vapores con más calado que el que suyo (catorce pies y diez pulgadas).

Así siguieron sin novedad hasta la piquera de la barra en la que sintieron cuatro fuertes golpes de mar y por cuya causa falló el calabrote del remolcador y en ese momento al caer otro fuerte golpe de mar hizo que el buque diera una guiñonada hacia el banco del Nordeste en dicha barra, tocándose en él bastante y sin poder enderezarse. Siguió así sobre el citado banco atravesado y dando el costado de babor al mar y sin que pudieran hacer que el buque diera rumbo hacia afuera y la fatalidad de habérsele enredado al vapor en la hélice un cabo.

Se le tiró de nuevo al remolcador por la proa otro cabo pero al tirarse o hacerse firme volvió a fallar de nuevo. El “San Nicolás” y otro vapor también remolcador “Algorta” se fueron arrimando, sin que les fuera posible acercarse a su costado porque su pérdida hubiera sido segura y total, y quizás con la desgracia de sus tripulantes.

Así siguieron los tres vapores hasta cosa de las diez de la mañana, que convencidos de no poder hacer más por venir la mar a más, bajar la marea y aumentarse por lo tanto las corrientes se retiraron, no pudiendo aproximarse al costado del “Velázquez” lancha ni embarcación alguna para el salvamento de los exponentes y demás tripulantes. Apagados los fuegos a fin de que no estallara la caldera tuvieron aquellos que seguir a bordo

Hacia las tres menos cuarto de la tarde llegaron tres lanchas de la Cofradía de Mareantes de esta Villa dado el gran riesgo de esperar a otra marea, embarcando a todos los tripulantes en las lanchas siguiendo las órdenes del capitán del vapor el cual no pudo hacer nada más por el salvamento del “Velázquez”.

Tras estos naufragios se producía el correspondiente expediente o pleito, relativo a los costos, seguros, responsabilidades, etc.

En este caso la carga del barco era de diversas partidas de arroz, tocino, café, bacalao, sosa, tejidos de pana, así como instrumentos náuticos, velas, botes, planchas y máquinas trilladoras, algunas de las cuales pudieron ser rescatadas y que fueron subastadas. En dicha subasta el vecino Benjamin Smith reclamó que dos calabrotes adjudicados en la subasta no eran de la largura y circunferencia expresada por el perito tasador.

El Capitán, piloto, segundo piloto, primer maquinista, mayordomo, contramaestre los marineros del vapor permanecieron de residencia en la Villa para otorgar la correspondiente escritura notarial.

 

 


jueves, 5 de septiembre de 2024

NAVEGANDO POR LA RED: NAUFRAGIOS EN LA BARRA (3)

 


Seguimos recuperando algunos de los relatos de naufragio en la barra que Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales nos ofreció en su blog LA VIDA PASA y que recomendamos consultar en su totalidad.

Seguimos en la década anterior, al comienzo de las obras de la construcción de muelle de Hierro, y fue el 6 de enero de 1863 cuando la goleta francesa SULLY , procedente de Sunderland (Inglaterra) con un cargamento de carbón de piedra, franqueaba la barra y por efecto de un golpe de mar perdió el timón y la vimos dirigirse a merced de las embravecidas olas a la costa del S. O. al punto llamado Peñota. 

Gran número de personas inmediatamente se acercaron a la costa, y por cuanto se hacía del todo imposible poder dar ningún auxilio por medio de las lanchas, pudo alcanzarse de las peñas más salientes al mar, un cabo que se lanzó de abordo, por medio del cual se dio otro más grueso y atándose los náufragos al primero, han sido salvados los seis individuos que componían la tripulación uno por uno más el práctico

Una hora después de haber encallado el buque estaba ya deshecho completamente, llenándose la costa de sus fragmentos. El capitán no ha podido salvar absolutamente nada, ni aún sus papeles

Destacaron en esta acción de salvamento con una abnegación digna de los más grandes elogios, y sin otro estimulo que el de sus sentimientos humanitario, exponiendo sus vidas por salvar las de los infelices náufragos, habiendo sido cubiertos muchas veces por las olas y algunos arrastrados por ellas y revolcados entre las peñas, los vecinos de la Villa Juan Domingo de Aspiazu, Juan José de Arechavala, Remigio de Careaga, José Ramos y Lorenzo de Echavarría.

Por esta actuación y otra posterior del mes de marzo con la nave JEANNE MARTHE, el emperador de Francia concedió a los participantes una medalla.

Otro naufragio que Aurelio nos recuerda es la de la goleta FARAON, en diciembre de ese año, cuando tres buques, el vapor Pelayo y dos bergantines goletas se presentaron a la vista de nuestro puerto a cosa de las doce del mediodía

Uno de los buques de vela pidió remolque al vapor, y después de un momento de duda, se decidió su capitán a remolcarlo, echándole con este objeto un fuerte cable, pero era tal la fuerza de los golpes de mar, que, en el trance más apurado, precisamente cuando atravesaban la barra, se rompió aquel cable. Aquel momento fue verdaderamente angustioso, pero gracias a una maniobra tan hábil como atrevida el vapor enderezó su rumbo, y logró salvar al bergantín-goleta, que ya se hallaba próximo a estrellarse contra la punta del muelle de Portugalete.

No cupo la misma suerte al otro buque, que al cruzar la barra quedó varado, hasta que la violenta sacudida de un golpe de mar lo arrastró como una pluma al mismo sitio exactamente donde tuvo lugar la catástrofe del hermoso vapor RITA. Felizmente no ha habido que lamentar ninguna desgracia personal, porque el paraje donde definitivamente quedó encallado el buque queda en seco al bajar la marea, librándose toda la tripulación de esta manera de aquel horrible peligro. El buque náufrago es un bergantín-goleta de la matrícula de San Sebastián, llamado FARAÓN, que venía de Cádiz con un cargamento de sal e higos.

El práctico que participó en las operaciones de auxilio fue Ramón Goicoechea, de la Cofradía de Mareantes de Portugalete, hombre experto, valiente y muy marinero, que en ausencias y enfermedades del señor Piloto Mayor de barra diferentes veces ha desempeñado este cargo.

 

martes, 27 de agosto de 2024

NAVEGANDO POR LA RED: NAUFRAGIOS EN LA BARRA (2)

 


Seguimos navegando por el blog LA VIDA PASA, entre los numerosos naufragios que recoge en la barra durante el siglo XIX, centrándolos en los de la década de los años 60, antes de la construcción del Muelle de Hierro, que empieza recogiendo en naufragio del buque NIÑA en la que aparecen dos de los antepasados de su autor, Aurelio.

El naufragio tuvo lugar en la entrada de la barra el 8 de febrero de 1861 en la que colisionaron el vapor mercante BIDASOA, en el que iba como contramaestre Tiburcio Gutiérrez y Arana (bisabuelo de Aurelio) y Ramón Ostria Peña (tío de su bisabuela) y el vapor Niña que naufragó perdiendo a siete de sus tripulantes.

Del mes de noviembre de 1863 nos recuerda dos naufragios: la corbeta LINDA y el bergantín AUDAZ.

Con motivo del primero, Aurelio nos muestra las diferencias y rivalidades existentes entre nuestros marinos y sus vecinos en los salvamentos de buques, que fueron muy habituales. La corbeta Linda que se dirigía a la Habana cargada de harinas, armas por valor de siete mil duros, y latería y con una gran cantidad de pasajeros, después de haber salido el domingo de nuestro puerto volvía de arribada a él esta mañana, así como otros varios buques, cuando al atravesar la barra, con mar grande y fuerte chubascos, ha quedado atravesada en la mojijonera del N. E. en una situación bastante comprometida.

Los primeros que les auxiliaron fueron algunos marineros de Portugalete, entre ellos el guarda-ría Sr. Arechavala. Reunieron cuatro lanchas con el piloto mayor a bordo, y la del resguardo de mar, y abordando con bastante exposición, fueron con orden desembarcando los pasajeros y equipajes, sin que hubiese que lamentar desgracia alguna. El segundo comandante de Marina pasó abordo en una lancha y regresó dejando solos a los tripulantes.

En tal estado se personó el armador del buque, D. Andrés de Isasi, quien propuso se tomase gente marinera y dispuesta para pasar a bordo, y alistándose 17 hombres voluntarios y disponiendo que el mayordomo de la cofradía de Algorta fuese por tierra sobre la Escollera con 12 ó 14 hombres comunes, para recoger los objetos que se fueran desprendiendo del buque náufrago; se embarcaron y llegaron hasta él, pero en aquel momento viendo los tripulantes de las lanchas que los que llegaban, era gente de Algorta se armó una terrible cuestión, que no pudiéndose arreglar, dio por resultado el desatracarse las lanchas y por consecuencia los voluntarios que ya habían tomado la tabla de jarcia para desaparejar se descolgaron repentinamente y nadie quedó abordo a la mejor hora para hacer algo o mucho, en el salvamento del aparejo.

El naufragio del AUDAZ se produjo días después cuando apenas desaparecían de las playas de Algorta los vestigios de la citada corbeta Linda.

A pesar de que el piloto mayor, hizo la señal desde la torre de banderas del muelle de Portugalete, de la inutilidad de la acometida, fundándose muy justamente en que las condiciones del puerto en aquel instante eran las peores para darle entrada, el buque siguió adelante y aunque varias lanchas de la Villa salieron a auxiliarle acabó varado frente a la Peñota a merced de las olas y el viento.

El Irurac bat, 13 de noviembre de 1862 decía que cansados ya los tripulantes de esperar, echaron la lancha al mar, bajaron algunos a ella, y ya se disponían a embarcar sus equipajes, cuando vieron salir de Portugalete una lancha bien esquifada y dirigirse sin la menor novedad al buque náufrago.

Llegó a él, recogió a la tripulación, y estos desembarcaron en la escalinata primera del muelle de Portugalete, dejando al desgraciado Audaz dando bandazos a babor y estribor, abandonadas las velas a merced del viento, y expuesto a que por la noche no deje vestigios siquiera de lo que fueron su casco y aparejo. Este buque navegaba con sal desde Cádiz para Bilbao, e ignoramos si estaba asegurado. Sobre los montes que confinan en la Peñota vimos una multitud de gentes, que quiera el cielo no llevasen la intención de las que se presentaron en las playas de Guecho en la noche del lunes. 


lunes, 26 de agosto de 2024

NAVEGANDO POR LA RED: NAUFRAGIOS EN LA BARRA (1)

 


La historia de la fatídica barra de Portugalete, con sus innumerables naufragios a lo largo de los siglos, ha sido objeto de diversos estudios, encontrando en el blog LA VIDA PASA de Aurelio Gutiérrez Martin de Vidales, una importantísima aportación al tema al haber rastreado las hemerotecas, con los periódicos del siglo XIX y cruzándolo con una exhaustiva investigación de los fallecimientos en la Villa a través de los registros de difuntos del Archivo Histórico Eclesiástico. Su consulta a los interesados en el tema es obligada.

Yo voy a recoger algunas pinceladas de esta historia empezando por las primeras décadas de dicha centuria como fueron los naufragios en 1816 del cachemarin francés CONFIANZA procedente de Nantes y en 1827 de bergantín SAN JOSE, ambos en los acantilados de Campo Grande, junto a Peñota, en aquellos años jurisdicción de la Villa donde eran habituales una parte de los naufragios que tenían lugar entonces y donde acudían numerosos vecinos a presenciar el salvamento y también para aprovechar también la oportunidad de hacerse con parte de su cargamento.

Del primero la crónica del piloto lemán Antonio de Undabarrena nos dice que el capitán se quedó solo dentro del buque entre las peñas sin poder salir a tierra al extremo de perder su vida, se atrevió con mucho riesgo arrojándose al mar y pasar al barco para salvarle lo que consiguió a costa de un inmenso trabajo y también contribuyó a salvar los efectos que conducía dicho quechemarín .

Del recuento y tasación de averías que a continuación se hacía y de los cargamentos rescatados, pues trasportaba lienzos, cuero, mármol, caoba, escobillas, almidón y vinagre, se desprende que también faltaron objetos sustraídos, que fueron denunciados.

En la descripción del otro naufragio del 30 de noviembre de 1827 del bergantín SAN JOSÉ con cargamento de grasa y sardinas se nos ilustra del procedimiento que se seguía en estos casos:

Tras el aviso del piloto mayor el buque quedó varado y de conformidad con las ordenanzas, “a fin de evitar todos los daños y perjuicios que pudieren experimentar en dicho barco y carga los dueños e interesados, se mandaron que partan al muelle de Campo Grande a dichos señores Cónsules, ministro alguacil y demás personas que a bien tuvieran que hacer averiguaciones, y resultando reos haga asegurar sus personas y conducir a la cárcel pública con la custodia necesaria, procediendo al secuestro y embargo de todos sus bienes. Así como poner en depósito la carga y efectos que se hallasen salvados, revisando las marcas y números si tuviesen para descubrir los dueños a quien pertenezcan.”

Se nombró perito para la tasación de la mencionada embarcación a Juan Ignacio de Garmendia, y se adjudicó el remate de la misma a favor de Juan de Eguia, ambos vecinos de la Villa.

 

miércoles, 3 de junio de 2020

RECORDANDO A DOS MARINOS PORTUGALUJOS MUERTOS EN LA MAR: DANIEL ARDANZA Y JOSE LARRAURI


La Noble Villa Marinera, como le gustaba recalcar al fallecido portugalujo, Académico de la Historia, Francisco Sesmero, ha vivido a lo largo de sus siete siglos de existencia días de luto ante las noticias de naufragios sufridos por muchos de sus vecinos.
En este mismo blog hemos recordado en diversas ocasiones algunos de ellos y el último concretamente en el que se produjo el 24 de enero de 1927 con la desaparición en naufragio del capitán Eduardo Uriain Beristain en aguas de Gijón.
Hoy encontramos en el blog LA VIDA PASA de nuestro amigo Aurelio Gutiérrez “el navarrillo” el relato de otros de ellos acaecido el primero justo tres años después. el 26 de enero de 1930.
El primero tuvo lugar como consecuencia de un gran temporal que causó 42 muertes en las costas cántabras y del Atlántico, y correspondió al vapor Lolín perteneciente a la Compañía de Navegación Bereincua. Su Primer oficial era Daniel Ardanza Arrizabalaga de 35 años que situado en el puente de mando junto al capitán Juan Pereda Ayo, (natural de Santurtzi y de madre portugaluja), recibieron un fuerte golpe de mar que hizo que desaparecieran ambos sin dejar rastro. Navegaban frente a la costa de Oporto. 
El triste suceso fue ampliamente recogido tanto en la prensa local como nacional, como fue el reportaje fotográfico en la revista “Mundo Gráfico” del 5 de febrero de 1930 de donde proceden las imágenes superiores. Supuso un fuerte golpe entre sus vecinos que le despidieron en la parroquia de Santa María repleta de gente un sábado a las 10 de la mañana. 
Daniel Ardanza iba a cumplir 37 años y vivía en el 2º piso del nº 14 de la calle del Medio con su padre viudo, su hermano Luis, que también había terminado los estudios de náutica, y con una hermana Mª Luisa casada con el inspector de la Compañía de remolcadores  Ibaizabal, Félix Merladet.
Aunque nacido en 1894 en Ibarrenguelua, a los pocos meses de nacer, llegó a la Villa junto a sus padres, José Antonio Ardanza Barainca, carpintero, natural de Ea y Tomasa Arrizabalaga Gorocica, de Ibarrangelua quienes se establecieron en El Ojillo nº9, lugar donde nacieron otros dos hermanos Víctor en 1895 y Luis Felipe en 1899.
A la calle del Medio se habían trasladado a vivir en 1907 junto con la familia de su tía Feliciana Arrizabalaga casada con José Antonio Larrauri y Azqueta, natural de Mundaka y marino, quien en octubre de aquel año tuvieron un hijo José Larrauri Arrizabalaga.
Curiosamente este primo de Daniel que también fue marino fallecería en otro naufragio el 25 de octubre de 1936, en este caso del vapor Elanchove. Perteneciente a la Compañía Marítima Elanchove, había sido incautado con motivo de la guerra y el 24 de octubre de 1936 partió de nuestro puerto cargado de mineral rumbo a Inglaterra para regresar con carbón, con la intención de obtener divisas para poder así la República abastecerse de armamento, materias primas, etc. Iba de primer oficial, con el capitán Fernando Abaroa de Lekeitio al mando y una tripulación de 41 hombres.
No se supo exactamente lo que pasó pero la noche del día 25 en medio del golfo de Bizkaia un fuerte golpe de mar lanzó a pique al buque pereciendo 41 o 42 personas entre ellas José Larrauri de 26 años.
Su muerte volvió a conmocionar al pueblo que acompañó a su viuda Eloisa Marco con un niño recién nacido al funeral que tuvo lugar un lunes a las 9 de la mañana en la iglesia parroquial de Santa María.