viernes, 1 de marzo de 2019

EL EDIFICIO DE VICUÑA EN EL MUELLE NUEVO MUESTRA DEL ESPLENDOR DE LA ARQUITECTURA CONTEMPORANEA VASCA.




Hemos recibido la invitación para asistir el próximo 7 de marzo, jueves, a las 18:30, a la inauguración de la exposición temporal: ENCARTACIONES. 1870-1975. EL ESPLENDOR DE LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA, que tendrá lugar en el MUSEO DE LAS ENCARTACIONES DE AVELLANEDA y que es el resultado de un trabajo de investigación realizado por el portugalujo Gorka Pérez de la Peña Oleaga, gran experto en el tema.

Su trabajo de investigación recoge un inventario de todos los edificios construidos en Las Encartaciones -entendiendo estas en sentido histórico, es decir, incluyendo los municipios de la margen izquierda y zona minera- entre 1870 y 1975, y que será entregado a todos los presentes en ese día de la inauguración.

Este libro que todavía no conocemos y sobre el que volveremos en cuando esté en nuestras manos, recoge 464 edificios con numerosos planos, fotografías, vidrieras, azulejos, y artes decorativas.

Sabemos que entre los edificios muy representativos de la arquitectura contemporánea de Portugalete está esta casa de Vicuña del muelle Nuevo que recogemos en esta entrada.

Es obra del arquitecto Santos Zunzunegui construido en 1915 como casa de vecinos para Ramón Vicuña en estilo neovasco con sus torretas angulares con solana al gusto de los palacios barrocos del País Vasco, encuadres con tirantes de madera en muchos vanos, ménsulas angulares y profusión de arcadas en carpanel. Con su soberbio alero volado perimetral, es según Gorka, un edificio magnifico y destacado del neovasco.

Hemos encabezado esta entrada con la foto del salón comedor con capilla de la vivienda de Ramón Vicuña hoy desaparecido al reformarse la planta y ser trasladado el altar al museo parroquial de Santa María.

Para Gorka estamos ante una “imperdonable falta de respeto a la memoria de los donantes, no entendiendo como no se hizo un museo de esta casa, en recuerdo de Ramón Vicuña. Este salón comedor con capilla responde a un brillante ejercicio de interiorismo neovasco, molduras, mobiliario, etc.”


jueves, 28 de febrero de 2019

ANTECEDENTES DEL CINEMATOGRAFO EN LA VILLA: 1896, LOS CUADROS DISOLVENTES Y EL FONOGRAFO


El cinematógrafo nacido a finales del siglo XIX y que se convirtió rápidamente en un espectáculo de masas, estuvo precedido por otros espectáculos en que la imagen generalmente en movimiento era la protagonista. Sombras chinescas, linterna mágica, dioramas o los cuadros disolventes que mediante trucos de iluminación conseguían efectos simulando movimientos, que junto con las audiciones publicas de los fonógrafos causaban asombro y el público se agolpaba para escuchar la máquina parlante y ver las imágenes moviéndose.

Si el cine llegó a la Villa en 1906 de la mano de Bel y Muselier, diez años antes el bilbaíno Manuel Manzanares, el 19 de diciembre de 1896, solicitó autorización para abrir un Salón Recreativo para ofrecer sesiones de Fonógrafo y Cuadros disolventes.

El archivero municipal, Roberto Hernández Gallejones preparando su material para el próximo libro de la Colección El Mareómetro nos aporta este documento (AHMP C168 N33) que forma parte de la historia de la vida festiva jarrillera.

El documento escrito a mano, explica el prospecto que pensaba repartir en la Villa y decía así:



SALON RECREATIVO

Espectáculo al alcance de todas las fortunas. 
El mas moral y divertido de todas las diversiones.
 Calle Santa María nº 15. Portugalete.

FONOGRAFO LIORET

Aparato que habla, canta y toca piezas
 en las que se perciben claramente 
todos los instrumentos de una banda de música.

CUADROS DISOLVENTES
Ultimo invento en linternas mágicas, 
preciosos cuadros cómicos de movimiento y  paisaje.


El salón estará abierto los días laborables desde 
las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche. 
Los domingos y festivos se abrirá a las 2 de la tarde.
Los cuadros disolventes se darán por sesiones 
de media en media hora.

Precios
Entrada general: 25 céntimos de ptas. 
y 15 los niños y militares

Nota
Todas las noches se cambiarán los cuadros disolventes



En el mismo expediente del Archivo Histórico Municipal encontramos la oferta enviada por un empresario catalán José G. Caballero ofreciendo al Ayuntamiento su “grandiosa colección de cuadros disolventes”, que como vemos en la imagen que acompañaba sería exhibida en los festejos públicos y que no parece que se aceptó.




miércoles, 27 de febrero de 2019

APUNTES DE LA HISTORIA DE LA POLICIA MUNICIPAL EN EL SIGLO XIX A PARTIR DEL ALGUACIL TAMBORILERO





Ya que hemos recogido las noticias que Roberto Hernandez Gallejones nos ha facilitado sobre los serenos y los guardas de la playa, vamos a completar la historia del cuerpo de policías municipales durante el siglo XIX.

A principios del siglo Portugalete contaba tan sólo con un alguacil o policía municipal, cuya labor era muy breve, en ocasiones duraba un año o incluso menos y un reducido sueldo. En su designación primaba el saber tocar el tambor y el “silbo” (el txistu) por lo que se trataba de la “plaza de ministro alguacil y tamborilero”.

A lo largo del siglo al aumentar la población de Portugalete, configurándose como ciudad–dormitorio y reputada estación de baños de mar, con un entorno de industrias siderometalúrgicas y mineras concentrándose sus obreros en los barrios periféricos, va a acrecentarse el número y tiempo de servicio de los agentes que pasaran a denominarse policías o guardias municipales.

Así en diciembre de 1.866, la “fuerza pública de la Villa” la componían un alguacil municipal, un policía urbano y un “resguardo de consumos y ventas estancadas” (una especie de celador de arbitrios), todos ellos con derecho a llevar armas, además de un peón caminero, un guardia–almacén, el ayudante de telégrafos, y su auxiliar.

Veinte años después en diciembre de 1886 aparece un jefe de municipales, Don Niceto Pardo Pozo, con tres alguaciles, y un alguacil–barrendero, así como el cuerpo de veladores nocturnos o serenos, que poseía 7 integrantes al mando de un cabo.

Los alguaciles poseían revólveres para poder usarlos en ocasiones específicas y sus edades oscilaban entre los 43 y 54 años, en los jefes, y los 28 y 36, entre los componentes de la policía.

Con respecto a los uniformes que vestían los guardias municipales, un documento de Archivo Histórico de 1.885, nos lo refiere: Los trajes de los cuatro empleados se componían de pantalón, chaleco, americana y gorra. En la solapa de la chaqueta o americana se colocaban las iniciales “G.M.” (Guardia Municipal). El paño de los trajes era de color azul, con forro de tartán de lana oscuro. Entre 1.890 y 1.893, debieron de añadir a su indumentaria un capote y un impermeable. 

Hasta la década de los 70 por lo menos, las autoridades valoraron en cierta medida el hecho de hablar euskera. Esto se debía, a que desde la segunda mitad del Setecientos, y primera parte del siglo XIX, habían arribado a la Villa muchos euskaldunes de Vizcaya y Guipuzcoa. Así Francisco de Aguirre, al solicitar la plaza el 15 de Noviembre de 1.869, dice que desea el puesto de ministro alguacil, “teniendo además la ventaja de ser natural del País Vascongado, en donde según su código fundamental, tienen la preferencia los hijos del mismo a obtener tales destinos,…”. Para ello alega incluso la ventaja, “de poseer el idioma del país, “euskera”, que es indispensable en esta localidad, para desempeñar con el debido acierto tal destino”.

En cuanto al origen de los guardias municipales la mayoría venían de las provincias de Castilla–León, y algo menos de Castilla–La Mancha. Algunos eran del País Vasco, Bilbao, Portugalete y sus aledaños, aunque no era la norma.

Los solicitantes procedían casi siempre del ejército de tierra, de la marina de guerra, de las secciones de carabineros de mar o de tierra, de la guardia civil, de los miñones, etc. Algunos habían sido alguaciles o serenos en otras localidades. El resto se repartía entre guardias de seguridad del ferrocarril de Galdames, zapateros y jornaleros. Entre los que habían servido varios años en la milicia se localizaban veteranos de la Guerra de Africa o Cuba.

martes, 26 de febrero de 2019

EL FIN DEL BALNEARIO DE LA PLAYA DEL SALTO




Para acompañar a estas dos fotografías de los últimos años de existencia del pabellón balneario que se construyó en 1876 en la playa del Salto, recurrimos a un artículo sobre el mismo aparecido en el Programa de Fiestas de 1995 y firmado por Roberto Hernández Gallejones.

Ya en 1903 y 1904 por Reales Decretos se había cedido al municipio portugalujo, el terreno sobre el que se levantaba y estaban comenzando las obras que uniría el muelle Nuevo con Santurtzi tras realizar el Relleno.

En diciembre de 1909, los propietarios eran Fermín Arnedo y Ernesto Hoffmeyer, al alimón con la Compañía de Maderas, S.A., de nacionalidad noruega, cuyo director gerente era Julio Larsen. Esta empresa que tenía sucursales en Madrid, Santander y Bilbao le había dado poder en 1905, en la localidad de Barun (Noruega) al Sr. Federico Langard o Langaard, a la sazón Cónsul de España en esta ciudad, para la administración del balneario.

Este mismo año de 1909, la Corporación lo cedió en arriendo a Juan Estévez. Sin embargo los días de este airoso edificio estaban contados. Ya el 8 de junio de 1909, se hace el inventario de los bienes del pabellón. Por esta relación podemos conocer el alto confort que se alcanzó, a juzgar por lo lujoso de las piezas que componían su mobiliario. Había tres bañeras de mármol, y otras tres de hierro con baño de porcelana, en la sección de baños calientes. El salón presentaba 32 sillas de hierro, un piano, cuatro divanes, y dos mesas de jugar a las damas, entre otros efectos. El café-restaurant, poseía mesas de mármol, ocho con veladores de hierro, dos candeleros, y un servicio de mesa grabado con las iniciales de la casa, amén de múltiples elementos de cocina, cucharas, cucharillas, tenedores, etc.

El año 1910, vio el principio del fin de este agradable punto de recreo y en mayo de 1913, tras varias vicisitudes, la Corporación decretó su derribo.

Años después el arquitecto y alcalde, Santos Zunzunegui, y otros, intentaron sin éxito volver a erigir un nuevo balneario en nuestra ribera marítima.




lunes, 25 de febrero de 2019

CUADRILLAS PORTUGALUJAS DE HACE MEDIO SIGLO




Si la semana pasada recogimos una cuadrilla de hace medio siglo, hoy volvemos sobre el tema con esta otra, en la que reconocemos a gente ya desaparecida, y de la que solo disponemos del dato que indica: Despedida de soltero, 1970.

viernes, 22 de febrero de 2019

LA PRIMITIVA IGLESIA Y LA TORRE DE SALAZAR SEGÚN MIKEL TORKA





Este nuevo dibujo de Mikel Torka, nos ofrece su recreación de la Villa en sus primeros siglos. Al margen de la fecha que data estos dibujos, aquí nos recoge la iglesia parroquial dedicada a Santa María, al principio una pequeña ermita, que se comenzó a levantar en los últimos años del siglo XV construyendo alrededor de la primitiva que quedaba dentro de la nueva.

Frente a ella, en el campo de la Iglesia, la encina en torno a la cual se reunía el Concejo abierto, en el que junto al alcalde, fieles y regidores, participaban todos los vecinos. No existía todavía Casa Consistorial y para las reuniones del Concejo propiamente dicho utilizaban la casa del alcalde.

Junto a la torre de Salazar nos dibuja el camino por el que bordeando las murallas y pasando frente a la entrada de la citada torre, llegaban los carros con la vena mineral de los montes de Triano.  Nosotros pensamos que este camino que iba inicialmente por la actual carretera, bajaría al campo de la iglesia por la parte del abside y girando para tomar el camino que actualmente ocupan las escaleras que bajan al Muelle Viejo ya que por pendiente es el camino más racional y justificaría el nombre de Ribera de las venas. En el siglo XIX hay documentado un apartadero de mineral junto a la bajada del Cuervo, por el que bajaban los carros de bueyes.

Como nos señalaba José Luis Garaizabal por este “camino del carro” llegaba la vena al puerto para ser cargado y concretamente a esta parte del muelle viejo que llamaban “la Rivera de las Venas”. Las verdaderas montañas de mineral que se amontonaban en el muelle impedían el acceso a los barcos atracados y a los astilleros existentes también en esa zona.

En el detalle de la lámina de F. Hierro (bajo estas líneas), que recoge el final del camino junto al muelle con un carro tirado de bueyes, los montones de vena aparecen bien organizados.

El ayuntamiento para solucionar el problema decidió que los carros descargaran la vena al otro lado de la plaza del Solar, en los arenales de la ribera de la Sardina, bajo multa de 1000 maravedís para quien la depositase en el puerto.

Así que en el momento de cargar un barco había que trasladar la vena atravesando la Plaza. Fue en 1561 cuando decidieron hacer las obras necesarias para que los carros cargasen en la ribera de arena (frente a la calle Coscojales) y pasaran “por debaxo del Solar de la dicha villa” al puerto. Desconocemos por donde discurría este trayecto.


jueves, 21 de febrero de 2019

“LA VARA DE PORTO GALETE” EN EL GRABADO DE BILBAO DE 1544




Ésta hermosa estampa realizada en el año 1544 nos muestra  Bilbao visto desde la zona de Miribilla, y se puede apreciar desde la Iglesia de la Encarnación en Atxuri hasta la parte final de la Ría, donde el autor sitúa La Vara de Porto Galete, a los pies del monte Serantes. El autor de la obra fue Joannes Muflin y sirvió de base para que Frans Hogenberg realizara la grabación sobre plancha de cobre y así poder obtener múltiples copias. Una vez realizados los grabados se podía proceder a la “Iluminación” de los mismos, esto es aplicarles color de uno en uno (con acuarela, p.e.).
Esta pieza sobre Bilbao forma parte de la obra “Civitates Orbis Terrarum”, un Atlas de las ciudades del mundo cuyo primer tomo fue publicado en Colonia en 1572 y el sexto y último tomo data de 1617. Los seis tomos recogen un total de 546 obras sobre ciudades de todo el mundo: planos, dibujos a vista de pájaro. La pieza relativa a Bilbao se encuentra en el tomo segundo, obra publicada en 1575.
El creador y editor fue Georg Braun (Colonia 1541 – Colonia 1622). Clérigo católico, fue canónigo y deán en la iglesia de Santa María ad Gradus en Colonia. Él se encargaba de adquirir los dibujos, contratar grabadores y artistas, escribir los textos. Fue la única persona que llegó a trabajar en la elaboración de los seis tomos. Una de las personas que más trabajos realizó como grabador en ésta obra fue Frans Hogenberg, que fue recomendado por el gran cartógrafo flamenco Abraham Ortelius ante Georg Braun, al cual le sugirió la realización de la obra como complemento de la que él había hecho anteriormente: Theatrum Orbis Terrarum, primer Atlas moderno con mapas de Europa, Asia, Africa y América
Todas la vistas, planos, perspectivas están acompañadas por textos de Georg Braun y en el caso de la de Bilbao a pesar de que en el dibujo aparece “La Vara de Porto Galete” (indicado por el
artista Joannes Muflin) en el reverso Georg Braun se refiere a la villa como “Portugalette”. También hace mención al nombre en latín con el cual se conocía a Bilbao: Flaviobriga y Flaviogallica
La fotografía con el texto corresponde a la copia que tiene la Biblioteca Foral de Bizkaia mientras que la imagen de la vista de “Bilvao” proviene de BLR Antique Maps entre cuyos fondos dispone de un ejemplar (al módico precio de 1.100 $ y si alguien quiere la obra Civitates Orbis Terrarum completa, los seis tomos encuadernados en tres libros, sólo tendrá que abonar 225.000 $).
José Antonio Soto