lunes, 26 de octubre de 2026

CERRAMOS LA PAUSA DE ESTE MES, RECORDANDO A "LAS CHICAS DE “EL METRO”

 

Hace unos días anunciábamos un alto temporal en la rutina del blog. Sin conocer con precisión el alcance de los próximos tiempos, somos optimistas, y aunque la incertidumbre forma parte del camino, lo importante es tener claro que no será un obstáculo para seguir adelante con esta labor de divulgación, aunque se deba recurrir en algún momento a programar alguna entrada antigua. El blog seguirá activo, la vida se vive día a día, y el compromiso permanece intacto.

Retomamos la actividad tras encontrar en las redes sociales una fotografía del Pub The Metro, con el jefe de barra acompañado de sus chicas, lo que nos ha hecho recordar a las otras «chicas» que les precedieron. Sobre las mujeres que formaron parte de la historia del emblemático Bar El Metro de Justo Martínez, aprovechamos para poner en valor su papel fundamental, a menudo relegado a un segundo plano en las crónicas tradicionales pero esencial para entender el alma de aquel establecimiento. Puri y Conchi son nombres inseparables en el recuerdo de «El Metro», ya que estuvieron siempre tras el mostrador codo con codo junto a Justo, formando parte indispensable del negocio familiar.

Más allá de servir vinos o preparar las tradicionales banderillas, mujeres como Puri y Conchi sostenían el día a día del bar. Gestionaban la hospitalidad, mantenían el orden y tejían esa red social y humana tan característica de los bares de la época en la Villa. La historia de estas mujeres también está unida al final sentimental del local, ya que el bar cerró sus puertas tras la muerte de Justo Martínez en 1978, quedando para siempre en el recuerdo como el epicentro de la vida social portugaluja.

Posteriormente, su etapa convertida en el Pub The Metro transformó por completo el concepto original del local, adaptándolo a los nuevos tiempos de la movida y el ocio nocturno en el Casco Viejo. Aunque la memoria popular siempre mantendrá en el altar de la nostalgia la estampa clásica de Justo Martínez y su familia tras la barra, el espacio que durante décadas había sido templo indiscutible del vino y las tertulias cambió para acoger a las nuevas generaciones de jóvenes, enfocando su actividad hacia las horas de la noche, la música y las copas.

Se quiso conservar la esencia identitaria del lugar al mantener la denominación de «The Metro», un claro reconocimiento a la enorme popularidad que arrastraba el antiguo bar de Justo Martínez y aprovechando el tirón sentimental que el nombre ya tenía en el imaginario colectivo jarrillero. Formó parte de esa transformación hostelera del Portugalete histórico donde las antiguas tascas dieron paso a los pubs orientados a la juventud de los años 80 y 90.

domingo, 25 de octubre de 2026

EL DESAPARECIDO BARRIO DE LOS HOYOS Y SU ESCUDO ECLESIÁSTICO




En el barrio de Los Hoyos, a cien metros de altura, se encontraba una pequeña barriada en la que destacaba un grupo de tres caseríos donde vivía desde finales del siglo XIX la familia Gutiérrez-Barquín, que eran conocidos por el apodo de “los pasiegos” ya que se dedicaban a la cría de vacas pasiegas y a la venta de su leche.
La casa central era la más notable del conjunto, apreciándose en la foto superior derecha su fachada principal de color ocre, dos columnas pintadas en tono más claro, que simulaban sujetar una viga horizontal y sobre ella, un friso decorado con círculos y un renglón con lo que parece una leyenda en caracteres extraños. Hasta donde sabemos, la casa había pertenecido a Mª Concepción Orbegozo, pero desconocemos los propietarios anteriores. En 1861 la vendió al matrimonio formado por Anacleto Sugasti Guernica y Petra Ariño Gorostiza. En 1884, pasó por herencia a sus dos hijos, José y Concepción, quienes alquilaron la casa a “los pasiegos”. Tras la guerra civil, pasó en propiedad a los Gutiérrez-Barquín, que hasta entonces estaban de alquiler. La foto a caballo pertenece al album familiar.
Si curiosa era la fachada, no menos lo era el escudo tallado en el dintel de la puerta de entrada, lo que evidencia que el escudo tiene la misma antigüedad que la casa. Este escudo ya nos fue relatado en 1985 por Loyola y Xabier Martínez Bilbao en el Boletín nº 7 de ETNIKER-BIZKAIA. El escudo, antes a cubierto bajo el balcón, ha perdido algunos detalles al haber estado almacenado al aire libre, aunque tapado, tras el derribo de la casa hace diez años. Presenta una mitra que actualmente es característica de los obispos y abades mitrados, decorada con una cruz, no apreciándose las dos cintas colgantes llamadas ínfulas. La acompañan dos llaves cruzadas, que simbolizan a San Pedro y a los lados dos letras grabadas, una “S” y una “J” o “I” coronada esta por una punta de flecha. Todo el conjunto denota un claro origen católico y no sería raro que la casa hubiese pertenecido a un jesuita, dado que la Compañía de Jesús se dice en latín, Societatis Iesu (De la Compañía de Jesús) y siempre acompañan al nombre de cada uno de sus miembros.
Loyola y Xabier, también informaron que el dintel de la ventana derecha de la planta baja, tenía grabados los signos IHS, Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los hombres). Este monograma fue adoptado como sello por Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Tras la colaboración de José Antonio Gutiérrez–Barquín, propietario en la actualidad de dicho escudo, completaremos mañana la información de que disponemos de este escudo.

JOSÉ LUIS GARAIZABAL 

Publicado el 9 JULIO 2015



sábado, 24 de octubre de 2026

LA VIRGEN DEL ROSARIO DE LAS CASAS DEL PROGRESO EN LA PLAZA EN 1950




Entre las fotografías que nos ha facilitado Arturo Nubla referentes a Repélega, nos encontramos con esta interesante instantánea. Aunque no tenemos noticias precisas del acto, suponemos que, bajo los auspicios de Monseñor Chopitea, se intentaba concentrar en la Plaza todas las imágenes marianas de la Villa.

En esta ocasión, a hombros de gentes de Repélega, vemos la imagen de la Virgen del Rosario, que había dejado por un día su hornacina en el poblado de Casas Baratas de El Progreso.

La escena está fechada en el año 1950. Como mostramos en publicaciones anteriores, en 1940 se había inaugurado el nuevo edificio de la Plaza de Abastos y su entorno, el cual aparece aquí con la Casa Vicente al fondo. Para ayudar a visualizar mejor el emplazamiento, añadimos la conocida fotografía del comienzo de la calle Coscojales.

  

Publicada el 31 de octubre 2016


viernes, 23 de octubre de 2026

RECORDANDO LOS INICIOS DE LA ENSEÑANZA EN EUSKERA EN PORTUGALETE



Fue en una entrada del 15 de enero de 2012, con el grupo Elai Alai metido de lleno en el año de su cincuentenario, cuando Miren y Aintzane Pradas nos enviaron una pegatina histórica con la inscripción: PORTUGALETEKO IKASTOLAK F. XABIER ERRIKOA.


La primera ikastola de la Margen Izquierda fue la impulsada por Elai Alai en sus locales de la calle Santa María, que con los años llegaría a convertirse en la actual ikastola comarcal de Asti Leku. De su tronco brotó también una rama con vocación de enseñanza pública, Errikoa, que luego se integraría en el centro Kanpanzar, dentro de la red pública. Hoy en día, cuando en todos los colegios públicos y privados de la Villa se imparten clases en euskera, es de justicia recordar a los primeros padres que se arriesgaron con sus hijos a ensayar que recibieran la enseñanza en euskera.

El libro del Elai Alai preparado para recoger su historia detalla los hitos fundamentales de este proceso:

·        Los orígenes y los pioneros (1963): Los primeros en involucrarse fueron Alejandro Etxebarría, Andoni Urigüen, Sabin Ipiña, Josetxu Beitia y Pablo Escudero. Con sus pequeños emprendieron la experiencia utilizando la vivienda de este último, donde tuvieron lugar las primeras clases a cargo de una joven andereño, Itziar Beistegi, sin título de maestra, que se desplazaba diariamente desde Bilbao.

·        Crecimiento y nuevos espacios: Tras una intensa labor de captación, se consiguió aumentar el grupo con Ángel Díaz de Ulzurrun, Andoni Larrauri, Juan María Uribarri, Laurentzi Isusi y Félix Aranbarri, sumando una decena de alumnos. El curso siguiente se trasladaron a la casa de Josetxu Beitia, que disponía de una estancia con salida directa a un patio para esparcimiento de los niños. Allí la andereño fue otra joven, Itziar Mimentza, euskaldun aunque también sin titulación ni experiencia.

·        Aula parroquial y sede definitiva: En el curso 1964-1965, el párroco D. Pablo Bengoetxea cedió una de las aulas de la Casa Parroquial donde impartía catequesis. Ante su inminente derribo, la Junta de Padres —cuyos integrantes tenían tareas en Elai Alai— decidió trasladarse a un piso vacío propiedad de Félix Aranbarri. Finalmente, en octubre de 1967, disponiendo ya Elai Alai de su sede en la calle Santa María, la ikastola comenzó una nueva etapa incorporando a otra andereño, Arantza Elu Mendizabal, esta vez en posesión del título de Magisterio.


jueves, 22 de octubre de 2026

LOS PRIMEROS “MOQUEROS” DE PAPEL NACIERON EN PORTUGALETE




José Manuel López Díez, nos ha facilitado esta noticia que apareció en el Boletín de la Industria y Comercio del Papel, de Madrid en 1908.
Siempre se ha comentado que Juan José Conde-Pelayo, “el médico de los pobres” fue el precursor del uso de los pañuelos de papel y así lo recogieron tanto Indalecio Prieto como su nieta Leonor Tejada.
Decía el primero: “Cuando se le seca la boca, bebe un sorbo de agua y se seca los labios con una cuartilla de papel de las que lleva para ese cometido y para sonarse las narices, forma con ella una bolita y luego de usarla la arroja al suelo. Conde Pelayo se ha adelantado en más de medio siglo a inventar los higiénicos "kleenex".
Por su parte su nieta lo completaba: “Don José había padecido una grave infección de la nariz, y la atribuía al hecho de llevar el pañuelo en el bolsillo. Desde entonces no volvió a usar pañuelo de tela. Encargaba papel de seda a la Papelera Española –de quien era el mejor cliente particular– recortado en hojitas de aproximadamente 14 por 20 centímetros. Siempre llevaba un paquete de estas hojitas... que habían sido previamente desinfectadas en el horno de la cocina de su casa. Y cuando visitaba a algún enfermo, dejaba en la casa un paquete de hojas de papel, con la orden terminante de que el enfermo sólo usara aquellas hojas. Con lo que, cuando alguien iba a visitar a sus enfermos y veía el paquetito de papeles a la cabecera de la cama, era habitual que exclamara: "Ah! su médico es don José, verdad?"
Pues bien, la noticia que hoy recogemos le confiere carácter oficial, pudiendo afirmar que Don José fue el inventor de los actuales pañuelos de papel.


Publicado el 8 de abril 2014




miércoles, 21 de octubre de 2026

PINTURA DE JOAQUÍN PALLARÉS: «MUELLE DE CHURRUCA EN PORTUGALETE» (1901)


Fue en una entrada publicada el 7 de junio de 2011 cuando Dani Docampo rescató esta magnífica obra tras realizar una exhaustiva labor de rastreo en las hemerotecas de la época.

Joaquín Pallarés (1853-1935) es uno de los pintores aragoneses más reconocidos. Se formó, como tantos otros artistas de su generación, en Zaragoza y Madrid, completando posteriormente sus estudios en París y Roma. Entre 1897 y 1906 residió en la capital francesa, donde desarrolló una abundante producción artística que le otorgó un merecido prestigio internacional.

En 1901 visitó Portugalete y plasmó con su pincel esta bella estampa del Muelle Nuevo. La composición destaca por elementos tan singulares como la farola, una mujer con sombrilla portando flores, los pescadores de caña apostados en el muelle y las embarcaciones navegando por la ría.

El cuadro fue empleado para portada de la revista semanal ilustrada La Lectura Dominical en su número del 25 de agosto de 1901, cuyo ejemplar hemos recuperado y aplicado color para la ocasión.

Pallarés obtuvo importantes galardones, como medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1895 y 1900, y su obra se encuentra representada en el Museo de Arte Moderno de Madrid y en destacadas galerías extranjeras.

 


martes, 20 de octubre de 2026

DE LA ESCUELA DOMINICAL AL CENTRO XABIER DE LAS JAVERIANAS


Revisando viejos papeles, hemos encontrado unas cuartillas escritas por Teresa, Mª Jesús y Mª Carmen Carranza en las que nos hablan de la figura de doña Fernanda Carranza y de los Campos y de la impagable labor social y educativa desarrollada en la Villa. La entrada original fue publicada el 21 de noviembre de 2016.

Los aspectos más destacados de este legado se refieren a que Doña Fernanda impulsó la Escuela Dominical, que funcionó inicialmente en una escuela pública hasta que se edificó la casa de pisos aneja a su casa-palacio, en cuyos bajos se instaló una capilla pública. La escuela contaba con un amplio salón con escenario para funciones de fin de curso y un entresuelo habilitado como cocina para impartir clases de economía doméstica.

Esta institución desempeñó un papel fundamental en la alfabetización de numerosas jóvenes de la Villa. Asimismo, organizó excursiones culturales y brindó un apoyo integral a familias sin recursos: ayudaba a regularizar situaciones matrimoniales mediante donativos y ajuares, facilitaba viviendas y sufragaba la dote a aquellas jóvenes con vocación religiosa que lo necesitaban. La escuela mantuvo su actividad hasta el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936.

Las autoras recuerdan la gran serenidad de doña Fernanda quien, durante un registro domiciliario en la contienda, reconoció a uno de los milicianos como hijo de una antigua alumna, saludándole por su nombre e interesándose por su familia, lo que desconcertó al grupo provocando que se marchasen sin concluir el registro. Trágicamente, el 13 de junio de 1937 una bomba destruyó por completo la biblioteca familiar ubicada en el ático de la casa de la Plaza, perdiéndose toda la documentación histórica.

Con el deseo de dar continuidad a su labor educativa, doña Fernanda donó en vida la casa, la casa de pisos y los terrenos que se extendían hasta la Plazuela del Cristo para que se instalasen las Madres Javerianas en 1954. Tras su llegada, la orden religiosa combinó su labor docente con la cesión de espacios para ejercicios espirituales y la recuperación de la Escuela Dominical en los bajos.