Hace unos días anunciábamos un alto temporal en la rutina del blog. Sin conocer con precisión el alcance de los próximos tiempos, somos optimistas, y aunque la incertidumbre forma parte del camino, lo importante es tener claro que no será un obstáculo para seguir adelante con esta labor de divulgación, aunque se deba recurrir en algún momento a programar alguna entrada antigua. El blog seguirá activo, la vida se vive día a día, y el compromiso permanece intacto.
Retomamos la actividad tras encontrar en las redes sociales una fotografía del Pub The Metro, con el jefe de barra acompañado de sus chicas, lo que nos ha hecho recordar a las otras «chicas» que les precedieron. Sobre las mujeres que formaron parte de la historia del emblemático Bar El Metro de Justo Martínez, aprovechamos para poner en valor su papel fundamental, a menudo relegado a un segundo plano en las crónicas tradicionales pero esencial para entender el alma de aquel establecimiento. Puri y Conchi son nombres inseparables en el recuerdo de «El Metro», ya que estuvieron siempre tras el mostrador codo con codo junto a Justo, formando parte indispensable del negocio familiar.
Más allá de servir vinos o preparar las tradicionales banderillas, mujeres como Puri y Conchi sostenían el día a día del bar. Gestionaban la hospitalidad, mantenían el orden y tejían esa red social y humana tan característica de los bares de la época en la Villa. La historia de estas mujeres también está unida al final sentimental del local, ya que el bar cerró sus puertas tras la muerte de Justo Martínez en 1978, quedando para siempre en el recuerdo como el epicentro de la vida social portugaluja.
Posteriormente, su etapa convertida en el Pub The Metro transformó por completo el concepto original del local, adaptándolo a los nuevos tiempos de la movida y el ocio nocturno en el Casco Viejo. Aunque la memoria popular siempre mantendrá en el altar de la nostalgia la estampa clásica de Justo Martínez y su familia tras la barra, el espacio que durante décadas había sido templo indiscutible del vino y las tertulias cambió para acoger a las nuevas generaciones de jóvenes, enfocando su actividad hacia las horas de la noche, la música y las copas.
Se quiso conservar la esencia identitaria del lugar al mantener la denominación de «The Metro», un claro reconocimiento a la enorme popularidad que arrastraba el antiguo bar de Justo Martínez y aprovechando el tirón sentimental que el nombre ya tenía en el imaginario colectivo jarrillero. Formó parte de esa transformación hostelera del Portugalete histórico donde las antiguas tascas dieron paso a los pubs orientados a la juventud de los años 80 y 90.
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